Follando con mi Familia - Capítulos 001 al 004

heranlu

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Follando con mi Familia - Capítulo 001


Hace más de 5 años que no veo a mi hermano Vicente. Se enamoró de una viuda que tenía una niña. La viuda quiso asegurar el pan de la hija y no le dejó escapar. Se decía que la niña fue el resultado del único polvo que se dejó pegar por su difunto. Va cada día a la iglesia y eso del sexo sigue siendo pecado.

Mi hermano, cuando tenía hambre de hembra se iba a comer fuera de casa.

Soraya, la niña, no quería vivir con su madre porque no la dejaba ir con falda corta ni escotada. La tenía muy reprimida y la niña prefirió estar con mi hermano que es muy liberal en todos los aspectos de la vida.

La ex se fue del domicilio con la niña la noche en que pilló a Vicente en plena orgia en su propia cama.

Soraya, que ya cumplió los 18 años y mi hermano la quiere espabilar.

Vicente se alegró de la llamada y quedamos para cenar en su casa.

Me abrió la puerta un mulato caribeño de 1.90, fornido, cubriéndose el paquete con una pequeña toalla que justo le tapaba lo que yo quería ver.

-Tú serás Amparo – comenzó diciendo.

Yo tenía la mirada fijada en la toalla esperando que dejara ver lo que ocultaba.

-Soy Fausto, amigo de Vicente. Me dijo que vendrías.

Se acercó para darme dos besos en las mejillas y le planté los dos en los labios.

-Empezamos bien la noche- dijo Fausto comenzando a caminar delante de mí dejando que viera su apretado culo y los músculos de sus piernas. A medio pasillo oí que decía

-Sírvetelo que quieras y me pones otro para mí. Voy a ponerme algo encima.

-Por mí no lo hagas. En todo caso quítate la toalla.

Llené dos vasos con ron y me senté en una butaca. No tardó en aparecer en el salón. Pantalón de deporte negro y una camiseta imperio tan ajustada como el pantalón. El blanco resaltaba el color de su piel morena.

Como buen caribeño se deshizo en piropos. Unos sobre mi vestido estampado en motivos selváticos, el lo bien que lucían mis piernas bronceadas que asomaban por lo corto que era el vestido.

Al oír sus palabras crucé las piernas y mi mano acarició la tela subiéndola hasta llevarla a donde terminan los muslos y empieza la cadera.

-Parece que te gusta enseñar- dijo sentándose en la butaca de enfrente.

-Digamos que soy algo exhibicionista – contesté a la vez que, con un ensayado movimiento, hice que cayera por mi hombro un tirante del vestido dejando ver medio pecho que devoró con la mirada caliente.

-Ya veo, ya – dijo con la voz entrecortada.

No subí el tirante, es más, al abalanzarme para coger la bebida terminó de abrirse el escote enseñándole el pezón al amigo Fausto que lo miró con ojos de búho.

Llegó mi hermano con su hijastra. Al tomar impulso para levantarme de la butaca separé algo más de lo debido las piernas y Fausto fijó su mirada en mi entrepierna esperando ver de qué color llevaba las bragas. Su cara lo dijo todo. Me levanté para recibirles sin pensar en la teta que aún estaba a la vista.

Un abrazo efusivo a mi hermano que duró los cinco años perdidos e hice un reconocimiento ocular a la mujer en que se convirtió mi sobrina Soraya.

-Hay que ver las maravillas que hace la naturaleza- dije rodeándola para apreciarla desde todos los ángulos. Alta como yo, cabello oscuro, largo a media espalda, ojos marrón oscuro, 100, 60, 90 y 58 kilos de placer para quien pueda poseerla. Ya me gustaría tenerla para mí sola un fin de semana.

-Veo que no has cambiado, hermanita – dijo acariciándome el pecho. Lo escondí buscando la mirada de mi sobrina.

Bien, ya has conocido a los cuatro comensales de la cena en casa de mi hermano Vicente. Lo que no te he contado son las aventuras sexuales que he tenido con él. Juntos perdimos la virginidad. Sí, juntos. Follamos muchas veces, casi cada vez que nuestros padres salían a cenar o al cine.

Todo empezó una noche que le pregunté si ya se la habían chupado. Se puso rojo como un tomate y pensé que era un No. Y le la chupé. Y me lo chupó y así comenzó nuestra relación incestuosa.

Soraya vestía una falda tejana corta como mi vestido y un top blanco ajustado que marcaba la forma de un piercing en cada pezón.

-“Pues sí que la ha comenzado a espabilar”- pensé.

En la cena corrió vino y más vino. Copas y chupitos y la conversación giró en torno al sexo. No tuvimos reparo en narrar alguna de nuestras folladas y de cómo mi hermano me compartía con sus compañeros de piso, mientras mi sobrina escuchaba con atención.

Fausto no dejaba de tocarse por debajo de la mesa. Estaba tan salido que notaba cómo me follaba con la mirada.

Vicente confesó su erección levantándose de la silla para mostrarnos el bulto que encerraba su pantalón.

-Sácatela, Vicente. Ya somos todos adultos y quiero volver a ver esa polla que tanto tiempo ha sido mía – dije acercándome a él.

-Papá, por mí no tengas reparo que desde que no vivo con mamá ya me he tragado muchas pollas- dijo Soraya.

-Si se la saca Vicente, me la saco yo – dijo el caribeño poniéndose en pie y mostrando un bulto mayor que el de mi hermano.

Yo añadí – Si se la saca mi hermano se la chupo delante de todos.

Mi sobrina levantó el vaso de chupito y lo bebió de un sorbo, me miró y dijo en alto – Si tú se la chupas a papá, yo se la chupo a Fausto.

Dicho y hecho. Rellené los cuatro vasitos y todos a la vez los levantamos. Dije – Por las chupadas.

Las dos pollas salieron de su escondite para deleite de nosotras dos.

La de Fausto, larga, 20 cm. no muy gruesa pero daba gusto verla. Sin cincuncidar, con el capullo grande y puntiagudo escondido dentro de la piel. Tenía una hilera de pelillos rizados que salían de debajo del ombligo hasta la base del pene. Rizados como su cabello. Corto, negro y muy rizado.

Soraya se le acercó mirándole a los ojos le dio el primer lametón en la base de la polla rozando los huevos afeitados. Le siguió unas caricias con la lengua en los huevos y se los metió dentro de la boca. Primero uno y luego el otro. Jugaba con la lengua dándoles golpecitos dentro de la boca. Luego los lamía como a un helado de bola.

Mientras yo se la meneaba a mi hermano aprovechando lo dura que se ponía al ver a su hijastra chuparle los huevos a su amigo. Me daban ganas de compartirlos con ella pero pensé que la noche era larga y ya tendría ocasión.

Aquella imagen me trajo el recuerdo de la última vez que le chupé los huevos a mi hermano. Me estaban follando sus compañeros de piso. Uno por el culo y el otro me tenía la polla y tres dedos metidos en el coño. Se corrieron a la vez mientras yo le chupaba los huevos a mi hermano con un dedo metido en su culo. Con la otra mano le hacía una paja. Cuando se iba a correr me la puso en la boca y la seguí pajeando hasta que me llenó la garganta de leche. Como siempre que se corría dentro de mi boca me lo tragaba casi todo. El otro casi era para él. Le encantaba que le pasara su leche en un morreo largo y profundo.

Cuando nuestras bocas se separaron me la llenaron las dos pollas de sus amigos a la vez. Se las chupé hasta correrse los dos en mi cara. Las lenguas de los tres me limpiaron hasta el último resto de sus corridas.

Volviendo a la sobremesa, las mujeres estábamos tragando polla como desesperadas cuando Fausto quiso que me uniera a la boca de mi sobrina. Me encantó la idea.

-Lo siento hermanito pero tu invitado me reclama y tienes que ser un buen anfitrión. La polla del caribeño sabía más dulzona que la de mi hermano. Los roces de lengua con mi sobrina avivaban nuestro deseo. Sin dejar de chupar la polla a dos lenguas y dos bocas me las apañé para quitarle el top a Soraya. No pude verle los piercings pero los noté al levantar la tela y rozar sus pezones con mis dedos. Ella respondió sacándose la polla de la boca para darme un morreo con lengua y tornillo que hizo que me corriera por primera vez aquella noche.

Mi hermano, sin perder detalle seguía acariciando su polla con ritmo pausado y continuo para ni correrse ni que se le bajara.

En nuestros tiempos le medía 19 cm. pero la tenía muy gruesa. Las primeras veces me dolía mucho y dedicaba se tomaba su tiempo abriéndome el culo. Pude comprobar que le sigue midiendo lo mismo de largo ancho. Le gusta arreglarse el bello pero sin llegar a rasurarlo. Se acercó y me levantó el vestido hasta quitármelo.

Le gustó ver que no llevaba nada debajo. Se puso de rodillas y me metió tres dedos dentro del coño que estaba tan empapado que entraron con mucha facilidad. Me folló con los dedos mientras que Soraya me dejó la polla del caribeño. Ella subió hasta sus labios para lamerlos y entrarle en la boca. Yo me puse la polla hasta la garganta. Fausto agarró los pechos de mi sobrina y los apretó haciendo que los pezones asomaran más aún.

Mi hermano al ver cómo su hija le comía la boca a su amigo aumentó el ritmo de los dedos haciendo que me corriera en su mano. Sacó mano de mi coño y sin desperdiciar ni una gota se levantó y restregó la mano por la boca de su hija y su amigo diciendo

-Esa es la miel que me ha alimentado toda la vida.

Mi sobrina dijo que quería beber de la fuente de donde había salido esa miel.

El salón ya olía a sexo. Mezcla de fluidos, de cuerpos calientes y ganas contenidas durante demasiado tiempo. Fausto no perdió tiempo. Se agachó detrás de mi sobrina y le levantó la falda. Le quitó las bragas blancas, que estaban pegajosas y exclamó mientras las chupaba

-¡Dios! Están empapadas – Le metió dos dedos en el coño yse los pasó por la lengua como si probara un postre nuevo.

Soraya se sentó en el sofá y levantando las piernas muy separadas se ofreció sin vergüenza. Arqueó la espalda para que sobresaliera más su coñito de niña de dieciocho años, rosado, sin pelo, con perfume a nuevo y el clítoris perforado con un aro brillante haciendo juego con los de los pezones.

Su padre se preguntaba cuándo se los habría puesto.

Mi sobrina esgrimió una sonrisa picarona y llevándose un dedo a la boca me preguntó

- ¿Quieres ser la primera?

Me acerqué a ella, puse la punta de la lengua en su ojete rosado y dejé que resbalara mi saliva sobre él. Mi lengua jugó y empujó, luego recorrió sus labios y llegó al aro brillante. Le di golpecitos con la lengua y lo rechupete. Entré dentro de la humedad de sus labios mojados y lamí dentro de ella. Removía las caderas a cada embestida que le daba mi lengua.

-Qué callado te lo tenías, zorrita – dije con la boca pegada a su coño. Seguí bebiendo sus jugos hasta que mi hermano me llamó. No pude comerme aquel pastelito todo el tiempo que me hubiera gustado pero la noche seguía siendo larga.

Estaba tumbado en el sofá con la polla tiesa esperando que mi boca se la tragara. Se la chupé como siempre se lo hice y cuando noté que se iba a correrse le golpeé con el pulgar, como si le diera a una mosca, para cortar el flujo de sangre y retrasar la corrida. Lo monté a horcajadas y entró de golpe. Entera, húmeda, con un ruido obsceno que me arrancó un gemido. Comencé a cabalgarlo con desespero buscando un orgasmo incestuoso mientras observaba cómo Fausto se colocaba un preservativo para ensartar el culo de mi sobrina. Lo ensalivó, el condón y el ojete, y poco a poco fue desapareciendo la hermosa polla acompasando los gemidos de dolor placentero que emitía Soraya. Mi hermano, forzó la postura para ver mejor cómo enculaban a su querida hija.

-¡Más fuerte! ¡Fóllamelo más fuerte, cabrón!- gritaba removiendo las caderas para sentirla por todo su culo, como una puta entrenada. Yo también gritaba a mi hermano

-¡No te corras cabrón! ¡Quiero me saques tres orgasmos con esa polla!

El salón era una orquesta de jadeos, chasquidos húmedos, cuerpos chocando y palabras sucias.

Fausto se agarraba a las caderas de la chica y la embestía con fuerza, golpeando su culo con cada entrada. Yo me inclinaba sobre mi hermano mordiéndole los labios mientras él me estrujaba las tetas que tanto le gustaban y me embestía desde abajo. Antes de que se corriera desmonté y quise volver a tener el coño de mi sobrina en la boca. Fausto sacó la polla de su culo y me agaché para besarle el clítoris con ternura antes de empezar a succionarlo con hambre. La lengua de Fausto volvió a su culo, y entre los dos la hicimos temblar.

-Me corro … me corro …-gimió con la voz rota.

Mi sobrina se derrumbó no sin antes llenarme la boca y la cara y las tetas con su néctar de diosa. Fausto y su padre se abalanzaron a lamer lo que les dejé. La limpiaron entera, lentos, con devoción. También les gustó su sabor.

Fausto se colocó frente a mí con la polla dura como una barra de hierro.

-¿Tienes ganas de jugo de hombre, puta exhibicionista?

-Toda la que puedas darme- respondí abriendo la boca. Me la metió hasta el fondo. Me agarró del pelo y empezó a follarme la boca con fuerza, sin compasión. Me vuelve loca esa sensación de ser usada, de recibirlo sin control, de tragármelo todo. Le miré a los ojos mientras me follaba la garganta y él no tardó.

-Ahí va …traga, zorra…- gruño, descargando chorros calientes directos a mi garganta. Tragué sin pensar, sin respirar, sin soltar ni una gota. Me encantó ese sabor a Caribe mezclado con deseo bruto. Al soltarme, jadeé y me pasé la lengua por los labios buscando más.

Mi hermano se puso detrás de mí y me abrió el culo con las manos. Escupió y colocó la punta. Despacio, abriendo camino con esa polla gruesa que me llenaba como pocas. Grité. Me encanta ese dolor que roza el placer puro. Soraya, ya recuperada, se colocó frente a mí, me tomó la cabeza y me metió su coñito caliente en la boca.

-Quiero que me sigas comiendo el coño, tía – dijo sin darme opción.

La polla de mi hermano en el culo y el coño de mi sobrina en la boca ¿Qué más se puede pedir?

Fausto le puso le puso la polla en la boca a Soraya con la intención de correrse dentro. La chica se esmeró entre gemidos que le sacaba desde su coño. Fausto gemía como un animal herido viendo llegar su orgasmo. Creo que nos corrimos los cuatro a la vez. Mi hermano me llenó el intestino de leche caliente y espesa. Fausto se corrió en la boca de mi sobrina que se tragó hasta la última gota. Ella me lleno la boca con su corrida y yo sin que nadie me lo tocara chorreé como una regadera.

El timbre de la puerta nos devolvió a la realidad. Vicente, desnudo como estaba y con la polla aún goteando, abrió la puerta sin preocuparse por cubrirse ni con una mano.

- ¿Qué coño pasa, Ramón? No son horas de molestar.

Frente a él un chaval joven, de unos veintipocos, piel clara, mandíbula marcada, pelo rubio, corto y despeinado, con un pantalón de deporte y el pecho descubierto enseñándonos músculos, dijo

-Vecino, ¿Te importaría bajar el volumen de la peli porno? Estoy estudiando y no hay quien se concentre con tanto gemido.

-Estudiando a esas horas? Lo que tienes que hacer es divertirte. Anda, cierra la puerta de tu casa y ven a tomarte una copa y te sientas a ver la peli porno esa que dices.

Cuando Ramón entró al salón y vio a Soraya tirada en el suelo con el coño brillante, a Fausto con la polla goteando y a mí abierta de piernas secándome la corrida con una servilleta de papel marcó una erección dentro del pantalón corto.

-Pasa chaval, pasa. Le dije levantándome para darle dos besos en las mejillas y presentarme. Lo mismo hizo mi sobrina y cuando le tocó el turno a Fausto me pareció que la erección fue a mayores. Sus ojos recorrían nuestros cuerpos como si en un momento dado tuviera que escoger uno no sabría por cual decidirse.

Le entregué un vaso con ron y choqué el mío brindando – Por el beso que te voy a dar – y se lo di mientras mi mano entraba en su pantalón para agarrarle el trozo de carne caliente. Le puse una mano sobre mi pecho y me los acarició. Soraya quiso hacer los honores y se unió al beso. Tres lenguas enzarzadas dándose placer la una a las otras. Fausto volvía a tener sus 20 cm. a punto y se acercó al chico por detrás. Le quitó el pantalón y le metió la mano para tocarle los huevos. Ramón separó las piernas para que le los tocara con más comodidad.

Mi hermano miraba la escena desde la puerta. No podía reprimir sus ganas de sexo y se acercó a nosotras. Se situó detrás de mí y nos acarició el coño desde detrás. A su hijastra le colocó el índice y el corazón por el coño y los otros dos por el culo. La follaba fuerte y ella aceleraba la lengua en los besos. A mí sólo me puso la mano entera en el coño. Estaba tan excitada que la entró sin dificultad.

Ramón tenía la polla recta, joven, no muy larga pero gruesa, perfectamente afeitada. Me quité la mano de mi hermano y me arrodillé para comerme la polla del vecino. Fausto quiso compartirla y el chico no se opuso. Fausto comenzó por el capullo y yo le comía los huevos. Le colgaban y me los ponía enteros en la boca. Dentro los apretaba con la lengua.

Mi sobrina estaba apoyada en el respaldo de la butaca con las piernas muy abiertas para que la mano de su padrastro pudiera llegar bien a dentro de su coño. Se corrió varias veces y en la última le pidió a su padrastro que se comiera la corrida. Él, de rodillas entro la cara entre las nalgas y comenzó a lamer el coño de la que vio crecer como hija suya. Alternaba el clítoris con el ojete y le metía la lengua dura dentro de la vagina hasta que se volvió a correr.

Mi hermano estaba como poseído por su hijastra. Sin pensarlo le metió la polla y comenzó a follarla como me lo hacía a mí. Dejé la polla de Ramón a Fausto y agarré del pelo a mi sobrina entrando mi lengua en su boca. Que morbo me daba morrear a mi sobrina mientras mi hermano se la estaba follando.

No tardó en pedirme que me pusiera al lado de Soraya para alternar agujeros. Me follaba a mí y la sacaba para metérsela a ella. Luego cambiaba y a ella se la metía por el culo y a mí en el coño. Una gozada familiar.

En el sofá, Fausto y Ramón hacían un sesenta y nueve. Ahora Ramón estaba arriba y nos miraba sin saber que éramos familia.

-¿Quieres que cambiemos, Ramón? Tu te las follas y yo se la como Fausto.

Tardó un segundo en meterse en nuestros culos. También los intercambió hasta que no pudo aguantar más y nos aviso. Nos pusimos de rodillas con las bocas abiertas esperando a que nos la llenara. De la emoción no le acababa de venir y se la comimos a la vez. Entonces se vino en una corrida inmensa. Nos llenó enteras de leche dulce y caliente, no muy espesa que nos volvió locas a las dos. Ramón se desplomó sobre una butaca y nosotras nos acercamos al sofá donde ahora era mi hermano el de encima. Me puse con él a chupársela a Fausto y Soraya se tumbó para chupar los huevos a su padre. De vez en cuando Fausto le pasaba la polla para que se la comiera con él.

Fausto anunció su corrida y en un cambio rápido de posiciones nos arrodillamos los tres esperando la lluvia blanca. Le salió mucha leche otra vez. Las tres bocas peleaban por apoderarse el capullo y lamer las últimas gotas. El beso a tres para compartir la leche del caribeño hizo que mi hermano nos agarrara las cabezas para recibir su semen caliente. Ahora éramos cuatro bocas para repartir el biberón. Dio para todos y para que yo le besara como antaño para darle su parte.
 
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Follando con mi Familia - Capítulo 002

Era miércoles y me apetecía salir. Era consciente de que a la mañana siguiente tendría que ir a trabajar por lo que no me podía pasar. Mónica tenía planes y yo no formaba parte de ellos en aquella ocasión, de modo que aquella noche sería solo mía.

Me metí en un vestido corto con el que mi madre no me dejaría salir. El trocito de tela estampada con motivos selváticos, escote descarado delante y más descarado aún por detrás, unas bragas mínima expresión, más que nada para no ir mojando los asientos. Tú ya me entiendes. Unos buenos tacones y a lo que surja.

Entré en una afamada tasca en la Gran Vía del Marqués del Turia. Una que hace esquina con una rotonda.

Los tres primeros vinos los pagué y a los otros me invitaron, no se quienes. Les hizo gracia que el escote de la espalda llegara hasta el comienzo de la raja del culo y el de delante se abriera enseñando las tetas al personal.

De entre los caballeros que llenaban la tasca, uno de ellos salió de entre la multitud y acercándose a mí iba diciendo - ¿Amparito? ¿Mi hermana Amparo? – preguntó Ximo, mi hermano pequeño con quién hacía un montón de años había perdido el contacto. Dos besos. Reconocimiento visual a su hermana que ya no era el palillo que recordaba y que ahora está más buena que un roscón de reyes. Repaso a lo que enseñaba el vestido y lo que le gustaría ver.

Mi hermano Ximo es más lascivo que yo. Le gusta el morbo, el erotismo y el sexo tanto como a mí. No sé si te he hablado de mi familia pero todos somos unos salidos. Que nos gusta el sexo más que a un niño un balón.

Ximo estaba de celebración de despedida de soltero con un grupo de amigos. Le pregunté por Paqui, su esposa, me dijo – Deja que pase la noche en paz. Poco más hablamos, me devoraba con la mirada. Le dije que la semana anterior cené en casa de Vicente, nuestro hermano mayor y quedamos en que le avisaría para que viniera al Nido a cenar todos juntos.

Cuando creí que nos despedíamos el grupo de amigos con quien estaba le descubrió conversando con la mujer más guapa y vistosa del mundo. Sentada en un taburete en el extremo de la barra conseguí que el grupo de amigos de mi hermano Ximo se convirtieran en mis más acérrimos admiradores que cada minuto que pasaba se iban acercando más a mí, notando sus manos entrando en mis escotes. Disfruté como una perra caliente cuando un perro le huele el chocho.

Mi hermano regresó y me entregó el cuarto vino que me calentó más que el tercero. Estaba sentada en el taburete, con las piernas abiertas, el vestido casi a la altura de las bragas que ya estaban empapadas y ellos me rodeaban como una manada de lobos a una gacela. Seis tíos que me miraban como si estuvieran eligiendo qué parte de mí se iban a comer primero.

-¿Qué pasa allí dentro? – preguntó alguien levantando el cuello.

-Tu cuñado son su hermana están montando la de dios – le respondió otro que ya parecía una jirafa.

-Joder, mira cómo se le ve todo – dijo uno mirándome las tetas por el escote que se abría cada vez que respiraba.

Mi hermano, guardaba distancia y me sonreía como aprobando mi deseo que él conocía tanto como yo.

-Tócaselas, Mario. A lo mejor tienes suerte y se deja – le dijo mi hermano al futuro esposo.

Probó suerte y le tocó el premio. Entró entre la tela y la piel y mi pie, agarró uno de mis pechos con fuerza y mi hermano le preguntó

-¿A que son más duros que los de tu futura esposa?

Otro del grupo, al ver que no opuse resistencia quiso probar y me agarró el otro pecho. No dije nada. Les miré con esa sonrisa de “haced lo que queráis” mientras daba otro trago al vino.

-¿Te gusta que te toquen, guarra? – Me dijo el del tatuaje en el cuello, acercando su cara a la mía con olor a cerveza.

-Sí. Me pone cachonda- respondí con voz ronca, sintiendo cómo el pezón se endurecía entre sus dedos.

-Hay que ver lo bien que te lo pasas con tu hermana, cuñado –le dijo Bernat a mi hermano Ximo.

-Uno hace lo que puede. Hoy está muy suelta. Prueba a tocarle las tetas que seguro se dejará – le dijo mi hermano a su cuñado.

Se acercó lo suficiente para cogerme la lela del escote y gritar:

-¡Eh, mirad cómo se le ponen los pezones, colegas! – separando la tela y mostrando el otro pecho. Noté cómo mi coño palpitó de placer al ver que quién me tocaba las tetas era Bernat, el cuñado de mi hermano y que tenía un sinfín de ojos clavados en el pezón.

Otro bajó por la espalda buscando entrar en la raja del culo. Me moví un poco en el taburete dejando que la mano entrara con comodidad, levanté el culo para que pudiera tocarme mejor. Otro se acercó por delante y me agarró de la barbilla.

-Abre la boca, anda, puta – me dijo.

Abrí la boca y me metió dos dedos, mojados en su cerveza, y los chupé mientras le miraba a los ojos. Sentí cómo el de atrás me apartaba las bragas y metía los dedos por debajo buscando mi coño.

-Está empapada, tíos, la muy puta está empapada – dijo con una risa tonta mientras me metía dos dedos sin preguntar.

Gemí, sin vergüenza, sintiendo que me ardía todo el cuerpo, mientras otro me subía el vestido y me agarraba por la cintura.

-Dejadme sitio, que quiero verle el culo – decía uno apartando a los demás.

Sentí cómo mi vestido subía hasta la cintura, mi culo expuesto mientras las manos iban y venían tocándome las tetas, el culo, abriéndome las piernas y metiéndome dedos mientras otro me sujetaba la nuca.

-¿Te gusta que te toquemos, zorra? –Me susurró alguien al oído el más fuerte.

-Sí. Me encanta. Seguid, no paréis- les suplicaba con los ojos cerrados por el placer que recibía sintiendo los dedos dentro de mí, la mano en mi garganta, otras pellizcándome los pezones.

Cuando abrí los ojos vi los labios de mi hermano que esperaban a los míos. Le lamí la boca y entré buscando su lengua. Por la manera en que movía el brazo que acompasaba las embestidas que perforaban mi coño intuí que eran sus dedos los que me estaban dando tanto placer.

Uno se puso detrás, pegando su paquete contra mi culo, mientras me separaba las nalgas.

-Dios, qué culo tienes, xiqueta – me dijo, frotándose contra él.

Cuando terminamos el beso mi hermano Ximo desapareció y otro me empujó la cabeza hacia su entrepierna.

-Anda, dame un besito aquí- decía, yo me reía y le desabrochaba el pantalón con manos temblorosas.

El bar seguía lleno, pero a nadie parecía importarle que seis hombres me estuvieran tocando como si fuera un juguete, mientras yo, medio borracha, muy caliente, les dejaba hacer sintiendo cada mano, cada roce, cada palabra sucia en mi oído.

-Más, por favor – les pedí con la voz baja, mordiéndome el labio.

-Eres nuestra puta esta noche, ¿verdad? – decía el del tatuaje en el cuello mientras me agarraba del pelo queriendo levantarme del taburete.

-Sí- respondí – soy vuestra puta zorra - y seguí bebiendo mientras sus manos me recorrían entera, sintiéndome deseada, sucia y feliz.

-Quieres que esto no se acabe aquí – preguntó el que llevaba el tatuaje en el cuello.

Le miré a los ojos y me pasé la lengua por los labios como respuesta.

Salimos a la calle con el vestido descompuesto, los dos pechos balanceándose al trote y terminé de quitarme las bragas lanzándolas al parabrisas de un BMW. Quedaron enganchadas en las escobillas del limpia. Andamos unos cincuenta metros y me subieron a una furgoneta de reparto de bebidas. Unas cajas de vino y un par de viejas mantas era lo único que quedaba en a parte de atrás. Me metieron allí entre risas ansiosas.

El del tatuaje en el cuello se acercó diciendo:

-Ahora sí, xiqueta, ahora vas a ser nuestra puta zorra de verdad.

El motor en marcha, vibrando, haciendo que la furgoneta se moviera mientras se acomodaban alrededor mío. Cinco tíos con las braguetas bajadas, sus pollas al aire, mirándome como si fueran lobos.

-Mirad cómo se muerde el labio. ¡Quiere polla la muy puta! – Dijo restregándosela en mis tetas. Me arrodillé sobre las mantas que olían a polvo y vino rancio, le agarré la polla dura como una roca y la comencé a lamer como a un helado de hielo.

-Así, puta buena, chupa bien – dijo mientras me agarraba del pelo marcando el ritmo, haciéndome babear mientras me la tragaba hasta el esófago.

Por detrás, otro me levantó el vestido, me rompió las bragas de un tirón y me escupió en el coño.

-Mírala, tiene el coño empapado la puta esa. Va loca por que se la metamos – dijo pasándome la punta de su polla por la raja, haciéndome gemir con la boca llena.

Bernat, el cuñado, que nos siguió hasta la furgoneta, se puso de rodillas frente a mí, empalmado, y me la metió en la boca haciéndose sitio junto a la otra polla que ya estaba follándome el estómago. – Venga puta, vas a comerte dos pollas a la vez – decía satisfecho.

Me relajé dejando que aquellos me follaran la boca mientras me agarraban del pelo y sentí como otro me abría el coño con los dedos metiéndose hasta el fondo. Los sacaba y volvía a meter con fuerza.

-Lo tiene tan encharcado que gotea, mirad esto – dijo sacando los dedos empapados y mostrando cómo mis líquidos resbalaban por sus dedos. Luego se los llevó a la boca y los sorbió como lo hiciera con una cabeza de gamba.

Otro, sin avisar me la metió por el culo de un solo golpe. Lancé un gemido que escapó entre las dos pollas que tenía en la boca.

-Te gusta que follen el culo como a una perra, ¿eh xiqueta? Pues te lo voy a llenar de leche en uno, dos y tres. En efecto. La cuenta atrás fue exacta. A la de tres me llenó el culo de leche pegajosa que le sirvió de lubricante al más gordito. Me metió su zepelín que entró como delfín al agua.

Les pedía más sintiendo cómo me subían los orgasmos y estallaban dentro de mí mientras me follaban sin parar.

Empezaron a turnarse, unos en la boca, otros en el coño, otros en el culo, me agarraban del pelo, de las caderas, me abofeteaban, escupían. Me llamaban zorra, puta, y yo lo era, me encantaba serlo aquella noche, borracha, con el coño goteando y las piernas temblando mientras me dejaba follar por seis desconocidos en una furgoneta en medio de la noche. Era mágico sentir aquel olor a sudor, a vino y a sexo mezclándose en la furgoneta.

Cuando me corría, que era continuo, se peleaban para comerse mis corridas. El del tatuaje en el cuello me demostró ser un maestro del squirt. Me sacó un montón y hubo para todos.

Aquella noche en aquella furgoneta, mi frase más repetida fue –¡Más, más, por favor, más!-

Era feliz. Me temblaban las piernas. Estaba borracha y los seis hombres me parecían veinte. Me giraban, tumbaban, levantaban, sentaban. Me dejaba hacer todo para obtener placer.

De vez en cuando corría un bazuco al que nadie hacía ascos. Gracias a él aún me sostenía, ni que fuera sentada.

La furgoneta se detuvo y cuando se abrió la puerta apareció mi hermano Ximo. Todos se apartaron dejándonos en el centro del grupo. Mi hermano, sin mediar palabra, se quitó el pantalón y los bóxer dejando a la vista su enorme trozo de carne venosa con un piercing en le frenillo. Un aro grueso que me daba mucho placer años atrás, cuando él me llamaba palillo.

Me puso la polla a la altura de los labios y la recibí como a la ostia cuando comulgaba. La paladeé oyendo el tintineo del metal contra mis dientes. Se la chupé como a él le gustaba y le siguió gustando. Le succioné los huevos que le seguían colgando como a mi padre y le mordí el frenillo apartando el aro metálico.

Por su mirada supe lo que deseaba. Me puse a cuatro ofreciéndole mi culo. Me separó las nalgas y me escupió el ojete. Metió un dedo para calibrar y luego dos. Los removió dentro de mí y los cambió por su polla. Un golpe seco que me dolió de placer y comenzó a follarme el culo diciendo – ¿Te acuerdas, putón, cuando te follábamos Vicente por el coño y yo por el culo a la vez?

-Claro que me acuerdo. Y las dos pollas a la vez, y las de vuestros amigos, y la de papá, y la del tío Anselmo. ¡Sigue follándome cacho cabrón!

Los amigos de mi hermano se machacaban las pollas y viendo el espectáculo no sería de extrañar que se corrieran en un “plis plas”.

-Que a nadie se le ocurra correrse. ¡Quiero vuestra leche en mi boca, en mis tetas y en mi culo desgraciados de mierda!

Mi hermano estaba a punto de correrse y la sacó de dentro de mi culo para metérmela en la boca. Se la chupé hasta que descargó una corrida de caballo. Me lo tragué todo y le seguí comiendo polla y huevos hasta que Bernat, su cuñado ocupó su puesto.

Me folló como nunca habría follado a Paqui. Me lo hizo por delante como un campeón y me dio un orgasmo brutal. Antes de que se corriera se la saqué para que lo hiciera en la boca. Lo follé hasta que se retorció de placer. Me inundó la boca mientras decía Enséñale a la Paqui como se come una polla.

La despedida de solteros de los amigos de mi hermano terminó cuando me tumbaron sobre las mantas e intuí que era el momento del bukake. Oí a mi hermano que cerrando la puerta de la furgoneta se despedía diciéndome –Tengo ganas de follarte delante Vicente.
 

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Follando con mi Familia - Capítulo 003

Cada día me gustaba más mi sobrina Soraya. Nos veíamos a menudo para almorzar y siempre acabamos enganchadas a la conversación. Como a mí, le encantaba vestir provocativa.

La última vez apareció con una camisa negra transparente, sin sujetador, dejando ver claramente la forma de su pecho. Llevaba además un mini short rojo de licra que se le metía entre los labios, y unas sandalias doradas de tacón alto que alargaban todavía más sus piernas. Caminaba con un vaivén de caderas que parecía pensado para los que miraban desde atrás.

Un día le hablé de La Caracola. Se echó a reír. —No te veo viviendo en una autocaravana —dijo.Yo le conté las ventajas y lo divertido que podía ser si uno tenía imaginación. Le relaté una vieja anécdota de carretera con Mónica, desnuda en el asiento, con los pies en alto y los camioneros poniéndose las botas se le encendieron las mejillas. Su expresión decía sin palabras: quiero probarlo.

No le costó mucho convencerme de que lo intentáramos el fin de semana siguiente. Yo tenía muchas ganas de follarme de nuevo a mi sobrina, aunque buscaba algo más que lo obvio: quería un plan distinto, más elaborado.

El jueves, durante un descanso en el trabajo, estaba tomando café en el Bahía Colón cuando apareció Paqui, mi cuñada. Hacía años que no coincidíamos. Nos saludamos con sonrisas de compromiso y cuatro preguntas de rigor. Ella, queriendo darse importancia, comentó que le tocaba guardia en el hospital durante todo el fin de semana. Es cardióloga. Desde que Mi hermano Vicente se casó con la Madre de Soraya no han tenido relación alguna.

-Es un pobre hombre al que le han endosado una criatura - dijo con cara de asco.

Paqui, queriendo darse importancia, comentó que le tocaba guardia los dos fines de semana siguientes en el hospital. Es cardióloga.

Apenas pronunció “dos fines de semana” y “guardia” y ya se me había encendido la bombilla. —Así que estarás libre —le solté por teléfono a mi hermano Ximo—. No tienes excusa para… -

Le expuse mi idea y se entusiasmó con el plan.

Cuando recogí a Soraya comprobé que había seguido mis instrucciones al pie de la letra: top corto para poder bajarlo cuando quisiera, y una minifalda escocesa a cuadros rojos y negros, comprada en Pikante Sex Factory, sin nada debajo.

Por cierto, aún no te he contado qué es La Caracola. Una HYMER de Mercedes que conseguí de ocasión por cuatro duros. Uno de los antiguos dueños tuvo un accidente con una carretilla elevadora que le destrozó la puerta del acompañante, y en el taller aprovecharon para cortar chapa y ganar espacio en la ventana. Hicieron lo mismo con la otra puerta.

Me aseguré de que desde el exterior se viera de cuerpo entero. Sólo subí unos centímetros el asiento. Parecía una diosa montada en una cuadriga. Ensayamos la bajada del top, ponerse de rodillas sobre el asiento de culo al exterior para levantar la minifalda y enseñar el culo.

Salíamos de Valencia por la Gran Vía. Al parar en un semáforo, en paralelo con un autobús le dije:

-Que empiece la función-

Ladeó el cuerpo y de un tirón bajó el top enseñando las tetas al conductor. No sé a quién le gustó más, si al conductor como a ella. Me pidió que mantuviera La Caracola al lado del bus. Era sábado y temprano por lo que llevaba poco pasaje. Dos chicas de unos dieciocho años y un señor mayor leyendo el periódico. El conductor siempre a nuestra velocidad. Con un ojo en controlaba los movimientos de Soraya que ahora tenía los pies sobre el salpicadero y se abanicaba con la minifalda enseñando los muslos y la ausencia de ropa interior.

Cuando nos deteníamos en los semáforos, Soraya se venía arriba. De rodillas sobre el asiento provocaba al conductor. Levantó la minifalda enseñando el culo desnudo y se acarició las nalgas. Le propuse que separara las nalgas para que le viera el coño por detrás y el ojete rosado. Cuando lo hizo, el señor del periódico se levantó para situarse en el asiento de detrás del conductor.

-Tócate. Tócate, que vean cómo te metes un dedo- propuse. Lo hizo.

Yo me estaba divirtiendo y quería participar.

No te ha contado que me vestí con tan solo una camiseta tipo baloncesto, que compré en el mercado de Candem. Buscaba la de Jordan de Los Angeles Lakers y sólo tenían esa, cuatro tallas más de la que necesito. Me queda tan grande que al levantar los brazos asoman los pechos por los laterales. Junté los tirantes y me salieron las dos tetas.

-Mira que me ha salido de la camiseta- le dije riendo. Ella las agarró y besó. El semáforo se puso en verde y aceleré perdiendo de vista al bus.

En la autovía lo pasamos de muerte. Les enseñó el culo a casi todos los coches que adelantamos. Cuando rebasamos a los camiones se lucía. De la guantera sacó un rotulador de pizarra, de los gruesos. Se lo metió por todos los agujeros. Cuando se lo sacó goteando de dentro del coño, un camionero bajó la ventanilla y se lo pidió. Soraya se lo lanzó. El camionero lo olisqueó y lo chupó como si fuera una polla.

Exhibiéndose a todo el que se le ponía al lado llegamos a Denia. Conocí la cala nudista de Aigua Dolç antes de irme a Londres. Nos desnudamos en La Caracola y salimos envueltas en unos pareos. Dejamos la autocaravana en el aparcamiento. Bajamos por el camino de las rocas.

Varias parejas tomando el sol. Alguna de muy buen ver. Varios tubos de snorkel en el agua y algún chico mirón en bañador.

Una roca plana sirvió para instalarnos. La pequeña zona de arena estaba ocupada y el resto de personas se repartían entre las rocas.

-Necesito ir al agua. Tengo el coño empapado y tengo que refrescar- dijo al morderme el oído.

La vi sortear a tres parejas que estaban tomando el sol en la zona de arena. Los tres hombres se incorporaron al verla pasar, desnuda, moviendo las nalgas hipnóticamente, hasta desaparecer dentro del mar. El mirón acariciaba el paquete por encima del bañador.

Me senté para fumar un cigarrillo, con relleno blanco, cuando a dos rocas de distancia se instalaba una chica mulata, de pelo rizado, tipo afro con volumen. Preciosa. Alta, esbelta, pecho grande, areolas oscuras y pezones marcados. Cintura estrecha y cadera redondeada. El vello rizado y arreglado le quedaba exótico.Me puse boca abajo apoyada en los codos para ver cómo se agachaba para arreglar la toalla y sentarse en ella. Le vi las tetas bambolear y al separar las piernas, el coño negro. El mío me dió un aviso. Presagiaba que sería mío.

Me dió tiempo a terminar el porro y preparar tres más. Como zorra experta que soy, me ladeé para que viera lo que estaba haciendo. Me lanzó una sonrisa de aquellas que tú y yo sabemos que es lo que quieren decir. En aquel momento llegó Soraya y a la vez que se sentaba a mi lado miraba de soslayo a la nueva vecina de color.

-¡Joder! ¿Cómo está la mulata? -dijo.

Acerqué mis labios a los suyos y miré a la vecina, que volvió a sonreír, ahora mordiéndose el labio.

Aquello prometía. Me levanté con dos porros en la mano y di los cinco pasos que nos separaban. Al agacharme junto a su cara separé las piernas más de la cuenta. Sus ojos se clavaron en mis labios rosados, brillantes, deseando su lengua.

-¿Tienes fuego?

Volvió a clavar los ojos en mi coño, esta vez con descaro, y dijo:

-El fuego lo llevas tú ahí dentro.

Mirándole fijamente, pasé uno de los porros por mi raja. Le di a escoger uno.

-Si lo fumo entre vosotras, elijo el de la punta mojada.

Fátima, de Tánger, abogada, soltera, treinta y tres años, bufete propio en Barcelona, dijo respondiendo a las preguntas de Soraya.

-¿Y vosotras?

Como respuesta vio el beso que di a Soraya en los labios, y añadí:

-Ella es Soraya, mi sobrina. Mi nombre es Amparo y soy su tía.

Ahora fue mi sobrina la que me besó.

-No os imagináis como me pone que seáis parientes. Me encanta el incasto. Veo que seremos amigas- dijo encendiendo el porro de la punta mojada.

Pero como tú estás esperando que te cuente ćomo mi hermano se folla a su sobrina, dejo la escena de sexo guarro entre nosotras tres sobre la roca plana con un montón de miron@s alrededor, tomando fotos, subiendo el espectáculo en redes y pidiéndo participar.

Comimos con Fátima, cambiamos de playa y cenamos en La Caracola. Caímos rendidas después de tres horas más de sexo. Fátima se durmió entre las dos.

A medio día nos despedimos de la mulata tangerina. Puse rumbo a las Dunas de Pinedo. Aparqué detrás del restaurante L´Estibador. No recuerdo si te he hablado de él y su camarero, Carlos. Si no lo he hecho, en otro relato te contaré hasta cómo la tiene, el color, el sabor de su leche…

Salimos del vehículo con unos microtangas, ella en amarillo y el mío color chicle, en plan zorra. Nos sentamos en la terraza y mientras se acercaba Carlos, el camarero, le observamos a través de las gafas de sol.

-¡Tiempo sin saber de tí! - dijo cuando se inclinó buscando mis labios. Tras el beso, corto pero poderoso, hice las presentaciones. Omití parentescos. Le comenté que estaríamos el resto del día tomando el sol donde siempre. No pudo evitar una sonrisa cuando dijo:

-No me creo que vengas solo a tomar el sol- volvió a sonreír y añadió:

-Terminó a la hora de siempre. Pasaré a veros.

Poco concurrida, alguna pareja, un par de chicas solas alejadas de todo, algún mirón paseando y otros en el camino tras las dunas.

Con los cuerpos al sol nos secamos rápido del primer baño. Era momento de aplicarnos el bronceador.

-Ponte de espaldas queee te pongo crema- le dije.

Me arrodillé a su lado y comencé a extender la crema blanca como la leche. Mi sobrina me miraba mientras yo le hablaba y no vió que a pocos metros se instalaba un hombre. Apuesto, alto, pelo oscuro y cuerpo trabajado. Cuando le dije a Soraya que mirara hacia el otro lado para ver al recién llegado, se estaba quitando el boxer. Creo que nos oyó el

-“ Guau”

Seguí blanqueando el culo de mi sobrina y el apuesto de la polla grande nos miró. Le pasé el dedo por la raja del culo y dió un respingo. Saguí el surco hasta acariciarle el asterisco. Lancé un chorro de crema y con las caricias fui entrando en él.

-¡Uff! ¡Qué gusto! sigue, tía, sigue.

-Seguro que te gustaría que mi dedo fuese su polla.

-Claro que me gustaría. ¿A tí no?

Terminé de protegerla del sol y me senté para liar unos canutos. El vecino nos miraba y sabía lo que estaba preparando.

Cuando pasaba la lengua por el papel del último canuto el vecino se levantó. Vi su polla enorme que colgaba entre sus piernas. Se balanceaba a cada paso. Mi sobrina tenía los ojos cerrados, parecía dormitar, cuando él se agachó junto a nosotras. Para ser más precisa, se agachó casi encima de la cara de Soraya. Yo esperé con los dos canutos en la mano.

El de la polla en la cara de Soraya alargó el brazo para entregarme un encendedor.

-Me ha parecido que buscabas fuego - dijo con una agradable sonrisa.

Al oír otra voz, Soraya abrió los ojos y se sorprendió al ver que tenía una polla enorme a un palmo de su boca. Exclamando - ¡Jesús!

-No, Ximo. Me llamo Ximo - dijo guiñandome un ojo.

-Yo soy Amparo. Ella es mi sobrina Soraya.

Se acercó para besarme las mejillas y le dí un morreo suave.

-Creo que hoy será un gran día- dijo Ximo.

Soraya intentó levantarse pero no podía dejar de mirar lapolla de Ximo que ganó grosor con el beso.

Ximo se levantó dejando que Soraya se incorporara sobre el pareo. Él de pie con la polla ganando grosor y elevándose, nos preguntó si solíamos venir a la nudista. Cuatro frases y Soraya le dijo:

-Será mejor que te sientes o nos vas a quitar un ojo.

Ximo nos dijo que solía ir a otras playas con su mujer, pero este fin de semana ella tenía guardia en el hospital.

Peté un porro y se lo pasé. Una calada profunda y se lo entregó a mi sobrina. Luego volvió a mí.

-Tengo una petaca de un whisky fantástico- dijo levantándose y mostrándonos un culo, que como el resto de su cuerpo, estaba totalmente depilado.

La mirada de zorra que me lanzó mi sobrina me lo dijo todo.

“Nos lo vamos a follar”. Leí en sus ojos.

Ximo regresó con la petaca y la compartimos como hacíamos con el porro.

-He visto cómo le ponías crema a Soraya, pero no le has puesto por delante- dijo señalando los pechos de la chica.

-Es cierto. No he terminado de protegerla- dije viendo que mi sobrina se mordía el labio, y añadí - Podrías terminar de ponerle la crema tú, Ximo.

Soraya se tumbó al instante y le entregó el bote de bronceador. Ximo me miró y lanzó una sonrisa de triunfo. Se colocó de rodillas dejando las piernas de su sobrina entre las suyas. Lanzó un chorro de crema sobre sus pechos y comenzó a acariciarlos con delicadeza. Yo me arrodillé al lado de Soraya para cogerle la mano. Me la apretó y con la mirada señaló la polla de de su tío que crecía por segundos.

Las manos hábiles de mi hermano que, como masajista fisioterapeuta, saben donde y como tocar, estaban llevando a la chica al cielo.

Vi como en la pelvis, dibujaba círculos para llegar al principio de la raja. Soraya separó algo las piernas dando permiso a su tío para que entrara donde él quisiera. Me incliné para besar a mi sobrina. Me recibió con la lengua a punto. Me notaba mojada, los pezones erectos, duros y con ganas de mi hermano.

Dejé la boca de Soraya y me situé detrás de Ximo, también de rodillas para agarrarle la polla y acariciarla. Hacían falta dos manos para cojerla entera. Una mano solía ser mía y la otra de nuestro hermano Vicente. Los tres nos follábamos juntos o por separado.

Ximo ya se había apoderado del coño de su sobrina y tenía dedos que la masturbaban. La chica se retorcía bajo nuestros cuerpos. Dejá la polla y volví a ponerme al lado. Agaché la cabeza y comencé a besar la enorme polla. La lamí, escupí, mordisquee, succioné y agarré para metérsela en el coño de nuestra sobrina.

Gimió de doloroso placer. Hasta que su interior se adaptó a semejante falo le dolió, pero valió la pena. Ya follaban con placer mientras yo le comía las tetas.

Los mirones de las dunas se acercaron lo suficiente para ver el espectáculo. Ahora mi hermano metía los dedos en mi encharcado coño mientras le comía las tetas a Soraya y observaba cómo se acercaban más los que ya tenían la pollas en la mano y se la meneaban.

Mi hermano agarró a su sobrina por la cintura y dándole la vuelta, como a una hamburguesa, la puso a cuatro. Un chorretón de crema desde lo alto resbaló por la raja del culo lubricando el asterisco. Entró la punta, el capullo entero y toda la polla dentro del culo de nuestra sobrina. El grito resonó en toda la playa. Le folló el culo con ganas. Soraya ya se había corrido un montón de veces y volvió a tener otro orgasmo. Le tapé la boca con un beso y luego me senté en su cara para que bebiera los jugos que me sacó su tío. Mientras me comía el coño, me besaba con mi hermano. Me corrí en la boca de Soraya.

Orquesté un cambio de postura y mi hermano se tumbó sobre el pareo. La sobrina, encima de él de cara al cielo. Yo, entre las piernas de ambos, agarré la polla de mi hermano, la limpié con su camiseta y la chupé hasta que volvió a estar dura. La meneé mientras le comía el coño a Soraya. Soltó un chorro que me inundó la boca. Aproveché los líquidos para meterle la polla de su tío. Mientras follaban yo lamía el clítoris, chupaba los huevos y de vez en cuando sacaba la polla para follarme la boca.

Los mirones estaban ya encima nuestro. Uno se atrevió a tocarle las tetas a Soraya mientras cabalgaba la polla de su tío. Otro me invitó a chupársela. La tenía salada, del baño que se dió para no oler a polla sudada, supuse.

Ximio anunció que se correría pronto y solté la polla, que ya me hacía cosquillas en la campanilla. Soraya bajó de encima de su tío y las dos, de rodillas, esperábamos la corrida de mi hermano. Se hizo larga la espera. Al descubrir el séquito que nos rodeaba, Ximo se desconcentró del calentón.

-Míranos y verás como te corres - dije mientras nos tocábamos las tetas y nos lamíamos las lenguas rodeando su capullo.

Vimos el primer chorro y abriendo las bocas de par en par esperamos el resto de la corrida. Y se corrió como una ballena. Un montón de semen nos llenó las caras, las bocas, las tetas, el pelo, y nos peleamos por meternos su capullo en la boca.

Hicimos las paces y nos turnamos. Un rato ella, un rato yo, hasta que perdió fuerza.

Los mirones estaban tan pegados a nosotras que dos de ellos, al correrse casi a la vez que mi hermano, nos llenaron la boca con sus leches.

Nos abrimos paso entre la docena de espectadores y nos lanzamos al mar.

-¡Vaya cómo folla nuestra sobrina!- exclamó mi hermano mientras ella se zambullía.

-¿El sábado vendrás a mi cena/orgía?

-¿Estará Soraya?

-Sí. Le daremos una buena sorpresa, cuando te la presente cómo la hija de tu hermano.
 

heranlu

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Follando con mi Familia - Capítulo 004

No necesité el despertador. Los nervios me levantaron aquel sábado en que vería cumplidas muchas de mis fantasías. También las fantasías de todos los que vendrían a la cena.

Cuando sonó el timbre, apenas tuve tiempo de ajustar el lazo del delantal. Al abrir, Mónica me recorrió con la mirada de arriba abajo y sonrió con esa picardía suya que nunca anuncia nada inocente. No me dio ni un segundo de saludo: me empujó contra la pared y su boca se fundió con la mía.

Con los labios encendidos y los cuerpos ya ardiendo, avanzamos casi a tientas, pegadas, golpeándonos con las paredes entre jadeos. Llegamos al salón y nos dejamos caer sobre el sofá, todavía enredadas. El delantal apenas resistió unos segundos antes de ceder bajo sus dedos ansiosos.

Su boca descendió sobre mis pechos mordisqueando los pezones. Yo arqueé la espalda, ofreciéndome entera, y la escuché gemir contra mi piel mientras se empapaba de mí.

Sentí el calor de su lengua bajar lentamente, saboreándome, hasta perderse en el centro de mi vientre, donde cada caricia era un relámpago de placer. Sus labios jugaron en torno a mi ombligo, dibujando círculos húmedos, traviesos, como si quisiera alargar la espera hasta volverme loca. Cada movimiento lento de su lengua me arrancaba un escalofrío que se deslizaba hasta lo más hondo.

La música, cómplice descarada, cambió de piel: las notas suaves de Bilitis comenzaron a flotar por el aire, y de pronto todo parecía tener un ritmo perfecto, diseñado para ese instante.

Mónica bajó más, apenas rozándome, y mi cuerpo respondió antes que mi voz. Su lengua se deslizó con precisión, marcando compases invisibles, y sus dedos se abrieron en mí como una llave que descubre un secreto.

Las notas de Bilitis seguían acariciando el aire cuando sentí que el mundo se reducía a la boca de Mónica y al vaivén de sus dedos. Era un vértigo delicioso: cada caricia era un relámpago, cada roce un incendio que me hacía temblar entera.

No pude contenerla más. La atraje hacia mí, buscándole la boca con un hambre nueva, mezclando en un mismo beso la música, el sudor y el deseo. La tumbé sobre el sofá, cambiando el juego: ahora era yo quien se inclinaba sobre su piel.

No supe quién llegó antes al éxtasis. Los gemidos me confundieron. Las manos encharcadas eran el testimonio del éxito de aquel fuego compartido.

—Espero que disfrutes de tu familia, corazón —susurró Mónica al despedirse, rozando apenas mis labios con los suyos.

Repasé la mesa con calma. Todo estaba en orden: los fiambres dispuestos como un abanico, las verduras brillando bajo un hilo de aceite, el humus aterciopelado, los tomates rociados de albahaca fresca y el vino tinto respirando en la botella. Una ducha, unas gotas de perfume y a esperar.

Justo salí de la ducha cuando sonó el timbre. Me tapé con la toalla y abrí.

-¡Joder! ¿Ya habéis empezado?- entró diciendo mi hermano Ximo.

Dos besos castos y fue directo a la botella de PROTOS.

-Aquí huele a follada- dijo olisqueando el aire y respirando el exterior en la ventana abierta. Antonio pasó por delante de él, en pelota picada y mi hermano se giró diciéndome:

-Estarás distraída en ese pisito.

-Es al que me suelo follar, vive ahí.

Salí del dormitorio colocándome el tirante del vestido ancho, corto y con vuelo, en color verde botella. El escote, como siempre, muy generoso. Era fácil ver mis pechos en cualquier momento. Opté por no ponerme ropa interior.

Mi hermano piropeó el vestido y cuando di dos vueltas para que la tela volara exclamó - ¡Qué zorra eres, corazón!

La siguiente en aparecer por la puerta fue mi sobrina Soraya, que al ver a Ximo sentado en el sofá me miró extrañada.

-Nos folló de maravilla y como que esta noche va de eso, pensé que iría bien una polla como la suya. ¿No?- respondí a su mirada sonriendo con picardía.

Se dieron un pico y Ximo le sirvió una copa de vino diciendo – Ésta va a ser una noche con sorpresas.

Rocío llevaba una camisa de caballero se rayas anchas en azul claro. El largo de la camisa era a medio muslo. Varios botones desabrochados nos mostraban que bajo la tela sólo estaban sus preciosos pechos.

El siguiente en llegar fue Vicente, nuestro hermano mayor y padrastro de Soraya. Se sorprendió de ver a Ximo en mi casa. Saludos y complicidad en sus miradas. Los dos saben que cuando nos encontramos los hermanos terminamos follando como monos.

-¿Ya os conocéis, papá? Le preguntó Rocío extrañada de la casualidad.

Vicente me miró y vio en mis ojos la necesidad de guardar el secreto, de momento.

-¿Esperamos a alguien más? – Preguntó Ximo, que parecía tener prisa.

Vicente dijo que luego se pasaría Fausto, su novio.

Cenamos y bebimos. En media hora nos terminamos tres botellas de PROTOS y todo lo que había sobre la mesa.

Fue Vicente quien sacó del bolsillo una bolsita de polvo blanco. Montó las rayas mientras yo ponía a DAVID A. STEWART en Lily Was Here con CANDY DULFER al saxo.

Soraya comenzó a mover las caderas insinuándose a Ximo, que aún no sabía que era su tío. Con dos dedos, delicadamente, cogía los bajos de la camisa y los subía al ritmo del saxo. Mostraba, de espaldas a todos, sus redondeadas nalgas que aparecían y desaparecían.

Me invitó con la mirada. Al acercarme con la copa en la mano la terminé de un solo trago. La tomé por la cintura e insinuamos un baile entre roces de labios y algún gemido.

Mis hermanos nos miraban con vicio. Soraya, al verlos me bajó los tirantes para que le vestido me resbalara por el cuerpo hasta quedar en el suelo. Acarició mis pechos buscando la mirada de su padrastro y la de aquel del que desconocía su parentesco. Lamió mis pezones y me dejó desabrochar su camisa. Juntamos los pechos mirando cómo ellos se habían sacado las pollas. Enormes, de familia, y se las acariciaban.

Rocío se despegó de mí y se acercó a su padrastro. De rodillas ante él lamió la punta del pene y le escupió. Comenzó a engullir los centímetros de carne hasta que le rozó los huevos con los labios. La sacó llena de babas y la pajeó un momento hasta volver a tragarla.

Mi hermano Ximo observaba cómo su sobrina le hacía aquello a su padrastro. La polla se le hizo más grande.

-Sigue mirando Ximo- le dije bajando para imitar a mi sobrina.

Las dos se la chupábamos a los dos hombres de la familia. Nos las sacamos de la boca goteando saliva y llenas de hilos de baba. Mi sobrina me dijo.

-¿Tía, cambiamos de polla?

Cuando me arrodillé delante de mi hermano Vicente, quedé de cara a la ventana. Pude ver una cámara GoPro y media cara de Antonio que asomaba entre la cortina. Le guiñé un ojo y le dediqué la lamida de capullo. Le comí los huevos y le forcé el ano. Cuando estaba metiéndole el dedo hasta el fondo, Su hijastra quiso meterse las dos pollas en la boca. Vicente y Ximo se acercaron a ella y dejaron que se las agarrara. Yo me acerqué a sus capullos y les escupí. Ella abrió la boca y empujando entraron las pollas de sus parientes.

Creí que era buen momento para decirle:

-Preguntabas qué hacía Ximo en la cena. Pues te lo digo. Ximo es tu tío, mi hermano y hermano de tu padrastro.

Soraya abrió los ojos de par en par para mirarme. Quedó quieta un par de segundos y levantando los hombros siguió chupando las dos pollas a la vez.

Puse la cabeza entre sus piernas y comencé a lamerle el coño. Rocío estaba muy mojada. El conocer el parentesco la excitó de manera exagerada y tenía el coño encharcado. Aproveché para meterle cuatro dedos de golpe. Entraron sin problemas. La follé mientras ella se comía las pollas. Cuando le saqué un orgasmo, con corrida más espesa que las de su padre, soltó las dos pollas y se dejó caer sobre el sofá. Sacudí la mano para soltar la corrida pegajosa y me hice dos tiros, un trago de PROTOS y un morreo a tres con mis hermanos.

Los dos me la querían meter. Les di la solución. Mi hermano Vicente tumbado, yo tumbada sobre él con a horcajadas para que me la metiera en el coño. Ximo, el más cerdo de mis hermanos, en cuclillas encima de mí me la metía por el culo con toda comodidad. Nos movíamos con soltura. La práctica lleva a eso. Desde los dieciséis que me follan así.

Soraya se dedicó a acariciar los huevos de su padrastro y los de su tío, que por la postura se balanceaban al aire hasta que los pilló con la boca y mientras la polla me entraba en el culo ella enjuagaba los huevos.

Un orgasmo hizo que involuntariamente girara la cabeza y vi a Antonio desnudo en la ventana haciéndose una paja y en la otra mano la cámara GoPro. Me gustará ver la película con él mientras me folla a cuatro.

Soraya sacó la polla de su padre de dentro de mi coño. Estaba llena de mis flujos pero le dio igual. Se la puso en la boca y le hizo una mamada impresionante. Se la sacó de la boca y le dijo:

-Lo que se perdió mamá al no querer follar contigo, papá.

-Sigue chupando, hija. Me quiero correr en tu garganta.

Rocío le dijo que aún no era momento de correrse. Repostamos de vino y nariz. Pillaron a Soraya y le hicieron lo mismo que a mí. Su tío por el coño y su padre por el culo. Yo le llené la boca de babas y le destrocé las tetas.

Me acerqué a la ventana y le dije a Antonio que me abriera su puerta. Entré y de rodillas frente a la ventana se la comencé a comer para que me vieran mis hermanos y mi sobrina. Evité que se corriera; que ganas teníamos los dos, el por el orgasmo y yo porque su leche me pone loca. Pero yo quería que nos pudiera follar a las dos.

Soraya, desde el salón, nos dijo que pasáramos. Quería que grabara una buena película, -para verla otro día con unas palomitas- propuso, chupándose un dedo.

Nos metimos un par de viajes por la nariz, unos tragos de PROTOS y volvimos al ataque.

Mi sobrina estaba pegándose el lote con mis hermanos y Antonio les enfocaba con la cámara cuando sonó el timbre.

-Fausto. Será Fausto – dijo mi hermano Vicente.

En efecto, era él.

-Como me gusta verte siempre tan natural – dijo cuando le abrí la puerta completamente desnuda.

-Pues tú ya puedes empezar a sacarte la ropa- le dije al fornido mulato caribeño de un metro noventa.

Dejó la ropa en el recibidor y entró desnudo al salón. Besos a todos y presentamos Ximo, que aún no se conocían en persona. Fausto y Vicente se fundieron en un morreo. Mi sobrina aprovechó para meterse la polla de Fausto en la boca. Ximo hizo lo mismo con la de su hermano. Antonio alucinaba pero no soltaba la pequeña cámara.

Me arrodillé y me puse a comerle la polla a Antonio con la condición de que no se corriera.

Fausto se tumbó en el sofá para que quien quisiera se la chupara. Las tres bocas acudieron a la vez.

Eran muchas bocas y mi sobrina decidió montar al caribeño. Se sentó de espaldas a él y con las piernas buen abiertas comenzó a subir y bajar. Antonio me hizo a un lado y se acercó al coño de mi sobrina para tomar un primer plano de la polla del novio de su padre entrando en su coño. Todo un espectáculo.

Mientras eso sucedía, Ximo se morreaba con su hermano. Pasaron a más y Ximo se puso a cuatro para que su hermano lo enculara. Le escupió y entró un dedo para hacer espacio. Ahora sí le comenzó a meter el capullo y poco a poco fue entrando todo aquel trozo de carne dentro del culo. Ya entraba y salía con cierta facilidad. Volvió a escupir ahora en su propia polla y la cosa mejoró. Ya le follaba el culo.

Dejé que Antonio se ganara el polvo con las dos, y se quería algo con los chicos mejor que mejor, y me puse debajo de Ximo y a modo de sesenta y nueve yo la comía la polla y los huevos y él a mí el coño. De vez en cuando me encontraba con la polla de Vicente que me pedía una chupadita.

Antonio se tumbó en el suelo para tener un buen plano de lo que pasaba allí abajo.

Mi sobrina iba por la cuarta postura y parecía no agotarse nunca. Le vino otro orgasmo y no entiendo como aún le salían cosas de allí dentro.

-Que nadie se corra hasta que yo os lo diga – dije en voz alta. -Queremos acabar la noche con un bukake, caballeros –concluyó mi sobrina.

Un pequeño descanso para mojar el gaznate y nos tumbamos en el suelo. Ellos de rodillas nos rodeaban. Menos Antonio que seguía con la cámara. No perdía detalle de las manos masturbando pollas ajenas. Ximo se la cascaba al novio de Vicente y Vicente a su hermano Ximo. Luego cambiaban.

Para excitarlos, nosotras nos comíamos las bocas y nos tocábamos las tetas. Mi sobrina me metía los dedos y los sacaba chorreando para metérmelos en la boca. Luego ella los chupaba con vicio.

Los chicos cogieron cada uno la suya y se acercaron más. A mi lado tenía la de mi hermano Ximo que me mojó con el líquido preseminal. Le salió tanta lefa que nos llenó la cara a las dos. Me la puso en la boca y se terminó de hacer la paja dentro de mi boca.

Para que no se enfriaran los otros, nos besábamos y pasábamos la leche de boca en boca. Nos lamimos las caras, aunque era imposible limpiarlas de tanta que nos había pringado.

Fausto me la puso en la boca y Vicente se la puso en la su hija. Se las chupamos un buen rato. No se corrían los condenados.

-Pajearos el uno al otro. O chupárosla entre vosotros, a ver si os viene de una puta vez –les dijo mi sobrina. Lo hicieron. Primero se la tocaron y luego hicieron un sesenta y nueve.

-¡Me corro, me corro! – gritó Vicente saliendo de debajo de su novio. Su hija abrió la boca y yo junté mi cara con la suya para pillar lo que pudiera. Un chorro generoso cayó en la boca de su hija y seguía sacudiéndosela. Soltó otro chorro, este menos potente pero abundante, que le entró en el ojo u la nariz. Mi lengua salió en su ayuda y le limpió el ojo y se metió por los agujeros de la nariz. Vicente se inclino para que Soraya se la pudiera chupar un rato.

Mientras padre e hija hacían lo suyo, Fausto me la acercó. La agarré con las dos manos y lamí el capullo. Me la fui metiendo hasta el esófago y él me follaba la boca con fuerza. Me daban arcadas pero le era igual. No dejaba que tomara aire. Le apreté los huevos y me soltó la cabeza.

-Te has pasado, Fausto- le dije en tono de amonestación. –Otra como esta y te la come tu madre.

Se disculpó diciendo que con mi hermano lo hacen así y se le fue la olla.

Volvió a metérmela en la boca y ahora fue mi cabeza la que se movía. Mi sobrina ya terminó a su padre y se colocó a mi lado para recibir la leche del novio de su padre. Que morbo, ¿no?

Noté que le venía y la saque de la boca. La cogió él y se la meneó hasta que nos llenó las lenguas que estaban esperando el maná como pajaritos en el nido. La segunda salpicada fue en la boca de Soraya que me pasó mientras él se la seguía cascando sin que le bajara. Nos pasamos la leche y jugamos con los dedos formando hilos que devolvíamos a la boca. A una o a otra indistintamente. Me acerqué a la polla y la engullí. Seguí mamándola hasta que se volvió a correr en mi garganta. Me la saqué cuando no le quedaba ni una gota de leche. Lo dejé exhausto.

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