Me llamo Amanda, tengo 44 años, y después de 23 años de matrimonio, mi ex marido y yo decidimos que lo mejor era la separación, para no estropear más nuestra mala relación. De esta relación nacieron mis dos joyas, Lucas que ahora tiene 21 años y Tamara 19.
Ahora estoy en los baños del restaurante al que he venido a cenar con mi hermano, que en realidad es mi hermanastro, nuestros padres se casaron en segundas nupcias cuando éramos adolescentes, ambos teníamos trece años.
Desde que empezamos a convivir después del matrimonio de nuestros padres. Él era mi confidente y yo el suyo. Incluso descubrimos el sexo juntos, mantuvimos relaciones sexuales plenas durante años, hasta que empezamos a salir con otras personas.
Siempre ha sido mi mayor apoyo, más ahora después de mi divorcio. Me ha obligado a salir para animarme a superar la separación, él se ha divorciado dos veces.
Cuando vuelvo al comedor, Miguel ya me está esperando para llevarme a casa.
Durante el camino de regreso apenas intercambiamos algunas palabras, ya habíamos hablado mucho en el restaurante.
Vivía en una zona residencial a las afueras de Madrid, al llegar Miguel aparco junto a la entrada del jardín, cuando fui a salir me cogió de la mano, me gire hacía él, y sin mediar palabra se acerco y me beso, no fue un beso fraternal, fue intenso, excitante, lujurioso. No me aparte y le entregue mi lengua. Note como mi coño se estaba empapando.
Mientras me besaba, Miguel me rodeo con el brazo derecho, y su mano izquierda apretó una de mis tetas por encima de la blusa.
Sentí un hormigueo por todo el cuerpo, como solía sentir cuando éramos adolescentes, e instintivamente apoye mi mano sobre su pantalón y empecé a sobarle le polla.
Me separe un poco y le susurre:
- Miguel, no deberíamos empezar todo esto de nuevo.
- ¿Por qué no, Amanda? Estás divorciada y yo también. ¿Por qué no retomamos lo que dejamos hace años?
Me encogí de hombros.
- Tengo 44 años y dos hijos ¿Qué clase de madre sería para ellos?
- La clase de madre que siempre has sido -respondió Miguel. Y estas estupenda, cualquier hombre sería feliz si pudiera follarte.
- Si, echo de menos follar, pero creo que no sería correcto.
- Eso es una tontería –dijo acariciándole el pelo, mientras deslizaba la mano bajo mi falda, palpando mis bragas que ya estaban empapadas.
- Las mujeres se excitan a cualquier edad. Y ahora mismo tienes el coño ardiendo y lo sabes.
No encontré ninguna excusa válida. Miguel tenía razón. Esto no tenía nada que ver con mis hijos. Además, Miguel me conocía demasiado bien, sabía exactamente qué puntos tocar, qué cosas tocar.
- Supongo que tienes razón -dije en voz baja, comenzando a masturbarle vigorosamente su gruesa polla- Sera mejor que entremos en casa, los niños ya estarán durmiendo.
- De aquí no nos movemos, vamos a follar en el coche como cuando éramos jóvenes.
El coche estaba aparcado en la acera frente a la casa. Había una farola cerca que nos iluminaba. Pero no nos importó. La excitación que teníamos era ya demasiado intensa.
Sentada en el asiento delantero con él, no podía apartar las manos de su polla. La acariciaba, la apretaba, jugaba con ella.
Miguel me abrió la blusa arrancando todos los botones, metió sus manos y me apretó las tetas, enseguida metió las manos por debajo del sujetador y se apodero de mis pezones que ya estaban tiesos.
Le desabroche el pantalón y extraje su polla. Era más grande de lo que recordaba, la miré a la luz de la farola, una gota de líquido pre seminal brillaba en la punta. Su polla era gruesa y larga.
Miguel me besó, moviendo su lengua más allá de mis dientes, explorando el calor de mi boca. Gemí y chupe su lengua, mi mano comenzó a sobar su polla cada vez más rápido. Miguel metió su mano más bajo mi falda. Cuando sus dedos se movieron hacia mi coño, abrí las piernas. Mientras él frotaba mi coño a través de las bragas, deslice mi mano dentro de sus pantalones y libere sus bolas. Eran grandes, llenas, peludas. Se las ahueque, retorciéndolas ligeramente.
Su lengua fluyó dentro de mi boca, un gemido de hambre saliendo de ella. Miguel tiró con fuerza de mi lengua y mi coño palpitó contra sus dedos que presionaban y frotaban, arqueando mi coño hacia su mano.
Mi coño estaba empapado de jugos calientes y resbaladizos. Tenía la polla de Miguel en la mano, dura como una piedra y los testículos pesados y cargados.
No quería perder más tiempo, me incline hacia él y me la metí en la boca. Sentí punta de su polla suave y muy caliente contra sus labios mientras la chupaba. La punta de mi lengua rozó su agujero y saboreé el líquido que salía. Estiré los labios alrededor de la punta de su polla, succionando suavemente, retorciendo la lengua en círculos.
Miguel apoyó su mano sobre mi cabeza, gimiendo suavemente mientras se la chupaba. Con un gemido me trague la polla, deslizándose por mi boca hasta que la cabeza hinchada me rozó la garganta. Tenía los ojos cerrados mientras saboreaba su erección después de tantos años. Tuve que esforzarme para poder meterme toda su polla en la boca, sollozando en silencio mientras mis labios presionaban la base.
Me acaricié la garganta mientras mis labios se apretaban con fuerza, mi lengua apretada. El potente latido de su polla quemaba mis labios estirados y mi coño se retorcía y succionaba.
Sentí que estaba a punto de correrse y pare.
- ¡Joder Amanda, no me hagas esto, estaba a punto!
- Lo sé, pero no quería que te corrieras todavía.
- Siempre tuviste una boca ardiente, Amanda -gimió Miguel, acariciándome el pelo- Siempre te ha encantado tener una polla en la boca.
Era cierto, lo sabía. Desde el primer día que me convenció de meterme su polla en la boca, me encantó. Desde aquella primera vez, ya no tuvo que convencerme, siempre le chupé la polla sin que él me presionara.
- ¿Recuerdas cómo no querías chupármela la primera vez? Pero una vez que la tuviste en la boca, no pude hacer que pararas. ¿Lo recuerdas, Amanda?
Asentí con la cabeza en la oscuridad, metiéndome su polla de nuevo en la boca. Contoneé mi culo y suspiré cuando sentí que tiraba de mi falda volviendo a frotarme el clítoris.
Deslice mis labios húmedos arriba y abajo de su polla un poco más rápido, disfrutando de la fricción. Me estremecí cuando Miguel pasó la mano por dentro de mis bragas, deslizando los dedos arriba y abajo por la raja del culo, presionando ligeramente mi ano.
- ¡Chúpala Amanda! -gimió Miguel- ¡Chúpame la polla con esa boca caliente y hambrienta! ¡Eres una chupapollas nata, Amanda! ¡Una chupapollas nata!"
Miguel siempre me había hablado así cuando follábamos. Al principio no me gustaba mucho, pero con el tiempo, me llegó a encantar oírlo usar esas palabras. Nunca me sentí degradada ni humillada. Esas palabras siempre me excitaban, me hacían temblar el coño.
Deslice una mano bajo su culo y lo apreté con fuerza, mientras con la otra le ahuecaba los testículos, mientras succionaba frenéticamente su polla erecta. Solloce suavemente, dándome cuenta de cuánto había extrañado su polla durante todos estos años. Más grande y larga de lo que recordaba, sabía tan bien como siempre, quizás mejor.
Me acarició la raja del culo con un dedo, pasando por mi ano, y logró penetrar el calor húmedo de mi coño peludo. Gemí, arqueando el culo contra su mano, succionando con más fuerza. Retirando el dedo de mi coño, comenzó a excitar mi clítoris hinchado. Gemí y devoré su polla con la boca, desesperada por saborear sus jugos.
Gruñendo suavemente, chupé de arriba abajo, usando la lengua al máximo. Apretada por su gruesa polla, logré presionarla, sujetándola con fuerza contra el paladar. La cabeza hinchada rozó mi garganta y me estremecí de excitación. Rápidamente, aparté la boca de su polla y pasé la lengua por el eje, girándola alrededor de sus testículos. Lamí sus huevos con avidez, luego volví a subir con la boca por su eje. Tragándome su polla una vez más, retorcí mi culo cuando Miguel comenzó a dedear mi coño furiosamente. Oí sus gemidos, y luche por sacar los jugos hirvientes de sus testículos.
- ¡Trágatelo, zorra! -gritó Miguel- ¡Trágatelo! ¡Te voy a llenar la boca, zorra! ¡Trágatelo...!
El semen que brotaba me hervía en la lengua, empapándome la boca. Chupé con fuerza, tragando con avidez.
Miguel me frotaba el clítoris con más intensidad. El sabor de su espeso y cremoso semen me llevó a un orgasmo intenso. Siempre me pasaba lo mismo cuando sentía el sabor de su crema chorreando en mi boca. Cada vez que él me derramaba ese dulce jugo en la garganta mientras me masturbaba, yo también me corría.
- ¡Chúpamelo! -gimió Miguel- ¡Chúpame el semen de los huevos, Amanda! ¡Chúpalo y cómetelo! ¡Trágatelo, zorra chupapollas! ¡Cómeme la polla y cómete mi semen!
Pero yo no perdí ni una gota de ese preciado néctar. Mí garganta ardía mientras el espeso semen corría por ella. Cuando dejó de chorrear, sentí que su polla empezaba a desinflarse.
Sentada en el asiento del coche, solté una risita, pasándome los dedos por los labios.
- Creo que tengo los labios magullados. ¡Tu polla es enorme!
- Y tú la chupas tan bien como siempre. ¿Sabes? Mi primera ex mujer dijo que nunca me la chuparía.
- ¿Y la segunda?
- Oh, me la chupaba un rato, pero nunca me dejaba correrme en su boca. Supongo que simplemente no le apetecía chupar pollas
- Pobrecito -susurré suavemente, tomando de nuevo su polla en la mano- Si te conozco, y estoy segura de que sí, debió ser horrible. Siempre te encantaron las mamadas.
- Me la chuparon de vez en cuando -dijo, deslizando un dedo dentro de mí coño- Pero nunca he encontrado a una mujer tan buena como tú, Amanda.
- Como has dicho, soy una chupapollas nata.
Me incline de nuevo sobre su polla, me aferré a ella con los labios. Entonces, tal como lo recordaba, comenzó a endurecerse de nuevo.
Sentí la cálida brisa de la ventana abierta en mi culo cuando él me subió la falda por la cintura. Gimiendo suavemente.
Miguel volvió a jugar con mi clítoris, yo meneaba la cabeza de arriba abajo, chupando su polla. Cuanto más fuerte chupaba, más grande parecía volverse su polla. Deslizando mí boca hacia arriba, apreté los labios justo detrás de la suave punta, pasando la lengua de un lado a otro sobre su agujero, lamiendo los jugos que rezumaban y tragándolos.
Gemí mientras apretaba las nalgas, mi coño vibraba mientras Miguel lo frotaba con maestría.
Pero yo necesitaba su polla dentro de mí coño, deje de chupársela y me pase al asiento trasero, Miguel lo entendió enseguida.
Él salió del coche y abrió la puerta trasera. Inmediatamente, saque mis piernas, levantando el culo cuando Miguel me quito bragas. Entonces abrí las piernas para él, ofreciéndole mí coño excitado.
Me frotó la cabeza hinchada de su pene varias veces, haciendo que chillara. Levanté el coño y giré las caderas.
- ¡Fóllame, Miguel! ¡Ohhh, follame bien fuerte!
Sujetándome el culo con una mano, metiendo y sacando la polla con rapidez de mí apretado coño, Miguel se inclinó para subirme el sujetador hasta la barbilla y empezó a apretarme una teta, su polla latiendo implacablemente en mí ansiosa vagina. Alcé mi coño para recibir sus salvajes embestidas, chillando suavemente mientras él alcanzaba profundidades que yo había olvidado. Su polla llenó mí coño a tope, estirando los sensibles labios como gomas elásticas. Mí clítoris se tensó para embestir contra el eje, provocándome escalofríos de éxtasis.
Estaba despatarrada en el asiento trasero del coche, con las bragas colgando de un tobillo. Mis piernas estaban fuera de la puerta abierta y Miguel estaba allí, embistiendo su gruesa polla con fuerza en mí coño, con los sonidos de una follada salvaje resonando en la oscuridad. Froté mis muslos arriba y abajo de su cadera, gimiendo de placer ardiente. La polla de Miguel me estiraba el coño hasta el límite, provocando un hormigueo en mis labios peludos. Con cada embestida, su palpitante miembro aplastaba mí excitado clítoris. Giré la cabeza de un lado a otro en el asiento del coche.
- ¡Oooo, vas a hacer que me corra, Miguel! –Susurre moviendo las caderas- ¡Me voy a correr! ¡Joder, Miguel! ¡Fóllame! ¡Dios mío...! ¡Estoy tan cerca, Miguel! ¡Dios mío, Miguel! -gemí, arqueando el culo y presionando mi coño contra su polla- ¡Es tan bueno! ¡Me encanta, Miguel! ¡Más! ¡Por favor, dame más, más!
- ¡Lo tienes, zorra!" Miguel resopló con vehemencia, deslizando la mano por debajo para agarrar una de mis nalgas. "¡Puedes tenerlo todo! ¡Toma mi polla, zorra loca! ¡Métete mi polla hasta el fondo de tu coño caliente!
Sus testículos, me golpeaban las nalgas con fuerza mientras me penetraba. Me retorcía y giraba las caderas a medida que el éxtasis crecía. Mí coño sufrió un par de espasmos, haciendo que los labios apretaran su polla.
- ¡Oh, sí, Miguel! –Gemí retorciéndome en el estrecho asiento trasero- ¡Oooooo, me encanta! ¡Sabes que nunca me cansaré de tu dura y enorme polla!
- ¡Perra! -gruñó Miguel, penetrando su polla a toda velocidad en mí coño, sus bolas golpeando mí culo.
- ¡Ay, Miguel, sí!
- ¡Puta loca!
- ¡Fóllame! ¡Dame esa polla enorme, maldito cabrón! ¡Mi coño la quiere! ¡Mi coño arde por ella! ¡Fóllame, Miguel! ¡Dios mío, fóllame, fóllame, fóllame!
- Es toda tuya.
- ¡Estoy lista, Miguel! -chillé, sin intentar ahogar el sonido- ¡Me corro! ¡Ay, Miguel! ¡Ay...! ¡Me corro!
Miguel gruñó cuando mí coño se aferró a su polla, apretándola con espasmos, chupándola. Me penetró con todas sus fuerzas, levantando la cabeza con los ojos cerrados.
Los rápidos chorros de su semen salpicaron las paredes mí coño, provocando un éxtasis nuboso en mí mente. Mí coño palpitaba y vibraba en la base de su polla, succionando con avidez. Podía sentir sus peludos testículos retorciéndose contra mí culo meciéndose mientras se descargaban, enviando ardientes chorros de semen a lo profundo de mí hambriento coño.
Después, Miguel permaneció de pie frente a la puerta del coche, con la polla empapada en mí coño. Me desplome, con los brazos colgando sobre el asiento, las piernas relajadas e inútiles, colgando fuera y alrededor de sus muslos. La respiración de Miguel sonaba fuerte en la quietud de la noche y yo seguía temblando por el orgasmo recibido.
Miguel sacó su polla de mí coño y me di cuenta por primera vez de dónde estábamos.
- ¡Esto es de adolescentes! -dije, quitándome las bragas y metiéndolas en mí bolso.
Salí del coche y me alisé la falda. No podía hacer mucho con la blusa; Miguel le había arrancado todos los botones. Me ajusté el sujetador sobre mis pechos y dejé la blusa abierta. Estaba oscuro y, de todas formas, nadie podía verme.
- Te dije que debíamos haber entrado en la casa, Miguel.
- Quizás -Me sonrió- Pero te encantaba follar así.
Le devolví la sonrisa.
- ¡Me conoces muy bien, cabrón!
Miguel me atrajo hacia él, me besó y deslizó la mano por mí culo, tocándolo bajo la falda.
- Sigues teniendo el culo más bonito del mundo, ¿lo sabías? Siempre lo tuviste y ahora no me parece diferente.
- Sal de aquí –Dije acariciándole la polla- Vete a casa antes de que te vuelva a follar.
- Fóllame todo lo que quieras, -Rió mientras volvía a poner al volante- Soy muy follable.
- Mmm, yo también -susurre, asomándose a la ventana y besándolo de nuevo- Como bien sabes. ¿Nos vemos mañana?
- Claro que sí", dijo él, sacando la mano por la ventana y levantándome la falda para tocarme el culo desnudo- Ya no tenemos motivos para estar separados, ¿verdad?
Por un momento no respondí, luego susurre: "
- No, no hay ninguna razón, Miguel.
Me quedé un momento, observando cómo las luces traseras de su coche desaparecían calle abajo. Luego, con un suspiro de felicidad, me gire para subir por el sendero.
¡Y allí estaba mi hijo Lucas!
Mi hijo se encontraba a mitad del camino. Estaba en pijama y me miraba fijamente.
Al verle allí me sobresalte y camine rápidamente hacia él, pero al ponerle la mano en el hombro, él se apartó.
- "Lucas, ¿qué pasa?" –Le pregunte.
- "¡Puta!" -Me espetó.
- "¿Qué?" "¡Lucas, no me llames así!"
- "¡Maldita puta!" -Me dijo con rabia en la voz- "¡Maldita puta chupapollas!"
Se dio la vuelta y entró corriendo en la casa, dejándome parada a mitad del camino. Sentí que se me ponía la cara roja. Eran las dos de la mañana y Lucas debería estar profundamente dormido. Pero era evidente que no, y me pregunte cuánto habría visto.
Sintiéndome culpable, entre en la casa y camine por el pasillo hacia su habitación. Empuje la puerta y lo vi despatarrado boca abajo en la cama, con la cara entre los brazos cruzados.
- "Lucas, ¿por qué no estabas en la cama como se suponía que debías estar?" –Le pregunte
- ¡Que te jodan, puta! –Me dijo Lucas, con la voz menos enfadada que antes-. Me acuesto cuando me apetece.
- ¡Lucas, no me hables así! –Le dije bruscamente- ¿Quieres que te castigue?
- "¡Que te jodan, que te jodan, que te jodan!" dijo, elevando la voz con cada palabra.
Quería acercarme a él, consolarlo, intentar explicarle las cosas. Pero ¿Qué podía decirle?
- "¡Te vi en el coche, puta!", -Me dijo Lucas, girándose para mirarme con lágrimas en los ojos. "Lo vi todo. ¡Eres una puta de mierda, mamá, una puta chupapollas!”
Note que las piernas me temblaban, me acerque a la cama de mi hijo y me senté en el borde. Extendí la mano hacia él, queriendo tocarlo. Pero Lucas se apartó.
- Lucas, para -Dije con voz suave-. No tienes por qué enfadarte tanto conmigo. Ya tienes edad para saber que esas cosas pasan entre hombres y mujeres.
Lucas apretó la cara contra sus brazos, me quede allí sentada, observando cómo se sacudía su cuerpo. La cintura de su pijama se le había bajado un poco. Recorrí con la mirada la curva de su columna y me detuve donde comenzaban sus nalgas. Note que las nalgas se le hinchaban, se aflojaban y luego volvían a hincharse.
- Los hombres y las mujeres pueden hacer eso, mamá —dijo—, ¿pero acaso lo hacen con su propio hermano?
- Lucas –Susurre- Escúchame un momento. Por favor, cariño, no actúes así.
Lucas giró la cabeza para mirarme. "Vi lo que hacías con el tío Miguel, mamá. ¿Cómo pudiste hacer eso? ¡Es tu hermano!"
- ¡Miguel no es mi hermano, es mi hermanastro!
No sabía cómo decirle a mi hijo que mi hermano y yo habíamos estado follando desde pequeños. ¿Cómo podía explicarle que habíamos explorado casi todos los aspectos del placer erótico juntos? ¿Cómo podía decirle que había anhelado a mi hermano durante todos los años de mi matrimonio? ¿Cómo podía decirle que quería a mi hermano más que a cualquier otro hombre en el mundo?
- "¡Puta! ¡Maldita puta! -Dijo Lucas en voz baja-. ¡Mamá, solo eres una puta chupapollas!
-No, cariño -Susurre suavemente, apoyando la palma de la mano en su espalda-. Soy tu madre y hay cosas que no sabes, cosas que no entiendes.
- "Lo entiendo todo" -Dijo Lucas- "Te vi agachada en el coche, mientras te follaba la boca. Te vi abrir las piernas para que el tío Miguel te follara. Escuché todo lo que dijisteis".
Sentí el cuerpo de su hijo temblar bajo mi mano. Empecé a acariciarle la espalda, despacio y con ternura.
- Siento que hayas visto eso –susurre- . Deberíamos haber tenido más cuidado. Pero como nos viste, tenemos que hablarlo, Lucas.
- "¡No, no lo haremos!", gritó. "¡No quiero oír nada de lo que tengas que decir! ¡Ve a chuparle la polla al tío Miguel, maldita zorra!"
La ira se apoderó de mí. Retire la mano de él y me levante, olvidándome de mi blusa rota. "¡Ahora escúchame, jovencito!", -Le espete- "¿Quién te crees que eres para hablarme así? ¿Crees que no sé qué te masturbas todo el tiempo? ¡Lo he visto en tus sábanas casi todas las mañanas! ¡Así que escúchame, pequeño masturbador!"
Lucas se giró en la cama, fulminándome con la mirada. Nunca me había oído decir algo así y se sorprendió que supiera que se había estado masturbando. Mi ira se reflejó en mis ojos mientras lo miraba fijamente, con las manos en las caderas. Entonces vi que tenía una erección.
Su polla se tensó contra el pantalón del pijama, formando una tienda de campaña. Durante un largo rato, ninguno pudo decir nada. Entonces empecé a reírme.
- "Mira eso", -Le dije señalando su erección- "¡Estás tan empalmado que casi te corres! ¡Y luego me insultas!"
Lucas empezó a ocultar su erección, pero luego se detuvo.
- "¿Yo?" "Mamá, estás ahí parada con las tetas casi al descubierto, después de follar con tu propio hermano, ¿Y te ríes porque tengo una erección?"
- No me río -Dije en voz baja-. No me río para nada, Lucas.
Mi coño se hinchó, mi clítoris empezó a tensarse. Mis ojos contemplaban su pene erecto, viendo la punta presionando su pijama, la mancha húmeda que comenzaba a aflorar en su pijama. Sentí un escalofrío entre los muslos y luego la humedad goteó de mi coño. Las nalgas se me tensaron y me pase la lengua por los labios inconscientemente.
Sabía que mis manos se movían quitándome la blusa, pero no podía detenerlas. Me quede mirando fijamente su polla mientras me quitaba la blusa, allí de pie, vestida solo con falda y sujetador. Lucas me observaba, respirando con dificultad, preguntándose qué estaría haciendo su madre. Me detuve cuando quise alcanzar el gancho de su sujetador. Baje las manos apretándolas contra las caderas.
El silencio entre nosotros era denso y mi coño se hinchaba y ardía. Los pensamientos me atormentaban, haciéndome temblar. Mis pechos se sacudían, a punto de reventar por el sostén.
Lucas fue el primero en moverse. Se bajó los pantalones del pijama hasta las rodillas. Su joven polla se irguió, dura y erecta, con la punta expuesta y brillante de humedad. Vi los pelos en la base de su pene, sus testículos jóvenes tan apretados y llenos. Gemí y apreté los puños con fuerza, con las rodillas temblando. Sentía una punzada en el coño.
Lucas cerró el puño alrededor de su polla.
- "No" -Susurre, con los ojos en su polla.
Lucas movió la mano arriba y abajo sobre su polla.
-No, Lucas –Gemí-. Por favor, cariño, no hagas eso.
- "Lo hago si quiero ", -Respondió él, con la mirada fija en mis pechos hinchados- Puedo hacerlo si quiero. Si tú puedes follar con el tío Miguel en el coche, yo puedo pajearme si quiero.
- ¡Dios, Lucas, no! Por favor, cariño...
Lucas se apretaba la polla sin complejos, mirando mi sujetador y la curva de las tetas. Apretó la polla y la punta se abultó. Se formaron gotas de líquido y yo me quede sin aliento, con las rodillas temblando y el coño palpitando como si no me lo hubieran follado en años.
Lucas se bombeó la polla, respirando con más fuerza. Fije la mirada en su cara, viendo lo joven que era. Sentía que no tenía derecho a obligarlo a dejar de masturbarse, ningún derecho en absoluto. Pero yo no quería que él se masturbara, no ahora.
—Lucas —dije volviéndome a sentar en la cama—, por favor, deja... detente un minuto, cariño.
Extendí la mano. Lucas emitió un gorgoteo y se soltó la polla, con la mano en su miembro pude sentir el calor de su polla en la palma y, con un suave gemido, cerré los dedos alrededor de la polla de mi hijo. Su polla no era tan grande ni tan gruesa como la de mi hermano, pero estaba dura, hermosa y lista. El tamaño de su polla no me importaba.
" ¡Ohhhh , Mamá!" –Siseó Lucas cuando apreté su polla.
Subiéndome a la cama, me senté a horcajadas sobre los muslos de mi hijo. Lucas mi miró fijamente, viendo mi mano subir y bajar sobre su polla. Sabía que estaba deseando que me levantara la falda para poder ver mi coño. Pero no me levanté la falda. Simplemente froté mi ardiente coño contra su muslo, sintiendo su carne contra la humedad de mi coño. Bombeé su polla con fuerza, con los ojos encendidos mientras jadeaba de placer.
Sabía que no podía detenerme ahora que tenía su polla en la mano. Sabía que me iba a meter la polla de mi hijo en el coño y follarlo. Intentaba luchar contra ese impulso, pero me dominaba.
- ¡Lucas! ¡Oh , cariño!"
Me puse de rodillas, rozando la piel de él con el dobladillo de mi falda. Me coloque sobre su polla, ocultándola con la falda, jadeé mientras frotaba la hinchada cabeza de su polla contra los labios de mi coño, sintiendo el hambre abrasador. Aplaste su goteante polla contra mi clítoris inflamado y un suave grito brotó de su garganta apretada mientras un orgasmo rápido y suave retumbaba por su cuerpo. Su culo tembló mientras arrastraba la cabeza de la polla de mi hijo por la hendidura de mi coño. Coloque la suave cabeza en la entrada de mi coño y me estremecí, conteniendo la respiración.
Lucas tenía miedo de moverse, miedo de respirar. Seguro que había soñado con que lo follaran cuando se masturbaba ¿Soñaba con follar con su madre, con sus profesoras o con alguna chica guapa de la universidad?
Note su polla chorreando como un géiser mientras se corría. Me senté a horcajadas sobre las caderas de mi hijo, con la cabeza de su polla apenas rozando los labios de mi coño. Sentía que mis pechos estaban a punto de estallar dentro del sujetador, mis pezones se tensaban dentro de las copas. Solté un suave grito mientras descendía lentamente, saboreando las sensaciones. La punta de la polla de mi hijo penetró en mi coño, me quedé paralizada, temblando. Con una embestida hundí la polla de mi hijo en mi coño, llevándola hasta el fondo.
Los labios de mi coño aferraron con fuerza la base de la polla de mi hijo y la sentí palpitar en mi interior. Sus testículos rozaron mis nalgas y me quedé allí, temblando, mi coño succionando su polla, mis caderas retorciéndose suavemente.
Lucas emitía sonidos estrangulados. Sus ojos, enormes, parecían girar de un lado a otro, y apretó los puños y empezó a golpear el colchón, curvando los dedos de los pies.
"¡Maldito seas!" –Le grite- "¡Maldito seas por tener una erección! ¡Maldito seas por verme follar con Miguel!"
Golpeé mi coño de arriba a abajo, cabalgando su polla con jadeos ahogados. Me incline, apoyándome con las manos cerca de sus hombros, revolviendo mi culo salvajemente, haciendo movimientos rápidos y penetrantes. Balanceé mi culo una y otra vez mientras me apuñalaba casi violentamente con la polla de mi hijo. Golpeé la polla de Lucas con tanta fuerza que le deje sin aire en los pulmones. Empezó a girar la cabeza, apretando los dientes, mi coño envolvió su polla con esa humedad abrasadora, haciéndole estremecer, enviando sacudidas temblorosas de arriba a abajo por su joven cuerpo.
- "¡Te voy a follar, Lucas!" –Le siseaba sin pensar- "¡Mamá te va a follar, maldita sea! ¡No soporto ver una erección! ¡Veo una polla dura y la quiero! ¡Maldito seas, Lucas! ¡Maldito seas por tener una erección!"
Mi coño lo folló con furia, con el culo machacándole los huevos. Podía oír los sonidos líquidos de mi coño y sentir cada apretón. Mi culo arriba y abajo, golpeándose contra su polla con desesperación. Solloce de éxtasis, mientras la polla de mi hijo me enviaba descargas eléctricas de éxtasis hasta las tetas. Apreté mis muslos contra sus caderas, con las rodillas apretándole los costados, y mi culo subía y bajaba de forma enloquecedora.
La sensación ardiente de un orgasmo inminente me hizo gritar suavemente y me abalance con fuerza sobre la polla de mi hijo, moviéndome frenéticamente, con el clítoris destrozado. Lucas intentó moverse, pero lo único que pudo hacer fue empujar las caderas hacia arriba. Sus testículos debían de estar a punto de estallar y empezó a ahogarse, golpeando la cama con los puños.
- "¡Me voy a correr, maldita sea!" –Grite-. "¡Me voy a correr y te voy a follar a ti y a... Lucas!"
Las ondas de mi orgasmo le aferraron la polla, tirando con fuerza, levante la cabeza hacia el techo, gritando desesperadamente, todo mi cuerpo temblando mientras mi coño se contraía sobre la polla de mi hijo. Las convulsiones me recorrieron como un fuego infernal. Los músculos de mi estómago se tensaron y, por un momento, me pregunte si este orgasmo me rompería los huesos.
- ¡Mamá! -gritó Lucas-. ¡Mamá, tengo que ...! ¡ Mierda, mamá!
- "¡Hazlo, maldita sea!" –Grite frotándome frenéticamente contra su polla- "¡Hazlo, hazlo , hazlo!"
Con un gruñido que casi lo dobló por la mitad, Lucas se corrió. El chorro de su semen joven quemó las delicadas paredes de mi coño. Una y otra vez, la polla de Lucas enviaba chorros de semen a mi receptiva vagina, llenándola con el espeso y cremoso jugo, semen de mi hijo. Apreté mi coño peludo con fuerza contra su polla, sintiendo como si mi coño se lo estuviera chupando. Mi ano se contrajo con fuerza y grite de éxtasis.
Durante un rato, permanecí sentada sobre mi hijo, con su polla suave dentro de mi coño. Descanse erguida, con los ojos cerrados y los brazos colgando a los costados. Lucas respiró hondo, sabía que estaba deseando levantarme la falda y echarle un vistazo a mi coño. Después de un minuto, abrí los ojos y le mire a la cara.
Le dedique una sonrisa casi tímida y luego me baje. Me quede de pie junto a su cama, viendo su pene flácido, mojado con los jugos de mi coño. Casi me incline para besarlo, pero me contuve. Sentí su semen fluyendo de mi coño, por la cara interna de mis muslos. Lucas me miró.
Entonces me gire y me dirigí hacia la puerta.
-"¿Mamá?" –Me llamó Lucas suavemente.
Me detuve, con una mano sujetando el pomo de la puerta. No me gire para mirar a mi hijo mientras esperaba, respirando con dificultad.
- Mamá -Repitió Lucas en voz muy baja-, no me importa.
No respondí.
- "Me refiero al tío Miguel" -Dijo Lucas.
Sentí un gran alivio y me gire para mirar a mi hijo por encima del hombro. Ahora le dedique una sonrisa sincera. Mis ojos se posaron en su brillante polla y me lamí los labios.
- ¿Ahora puedo ver tu culo, mamá? -Preguntó Lucas, vacilante.
Se me cortó la respiración y aparte la mirada de mi hijo. Me subí lentamente la falda, sujetándola a la cintura un buen rato. Lucas pudo contemplar el culo de su madre.
- Sabía que no llevabas las bragas puestas -dijo.
Deje caer la falda y deje a mi hijo, cerrando la puerta detrás de mí.
Ahora estoy en los baños del restaurante al que he venido a cenar con mi hermano, que en realidad es mi hermanastro, nuestros padres se casaron en segundas nupcias cuando éramos adolescentes, ambos teníamos trece años.
Desde que empezamos a convivir después del matrimonio de nuestros padres. Él era mi confidente y yo el suyo. Incluso descubrimos el sexo juntos, mantuvimos relaciones sexuales plenas durante años, hasta que empezamos a salir con otras personas.
Siempre ha sido mi mayor apoyo, más ahora después de mi divorcio. Me ha obligado a salir para animarme a superar la separación, él se ha divorciado dos veces.
Cuando vuelvo al comedor, Miguel ya me está esperando para llevarme a casa.
Durante el camino de regreso apenas intercambiamos algunas palabras, ya habíamos hablado mucho en el restaurante.
Vivía en una zona residencial a las afueras de Madrid, al llegar Miguel aparco junto a la entrada del jardín, cuando fui a salir me cogió de la mano, me gire hacía él, y sin mediar palabra se acerco y me beso, no fue un beso fraternal, fue intenso, excitante, lujurioso. No me aparte y le entregue mi lengua. Note como mi coño se estaba empapando.
Mientras me besaba, Miguel me rodeo con el brazo derecho, y su mano izquierda apretó una de mis tetas por encima de la blusa.
Sentí un hormigueo por todo el cuerpo, como solía sentir cuando éramos adolescentes, e instintivamente apoye mi mano sobre su pantalón y empecé a sobarle le polla.
Me separe un poco y le susurre:
- Miguel, no deberíamos empezar todo esto de nuevo.
- ¿Por qué no, Amanda? Estás divorciada y yo también. ¿Por qué no retomamos lo que dejamos hace años?
Me encogí de hombros.
- Tengo 44 años y dos hijos ¿Qué clase de madre sería para ellos?
- La clase de madre que siempre has sido -respondió Miguel. Y estas estupenda, cualquier hombre sería feliz si pudiera follarte.
- Si, echo de menos follar, pero creo que no sería correcto.
- Eso es una tontería –dijo acariciándole el pelo, mientras deslizaba la mano bajo mi falda, palpando mis bragas que ya estaban empapadas.
- Las mujeres se excitan a cualquier edad. Y ahora mismo tienes el coño ardiendo y lo sabes.
No encontré ninguna excusa válida. Miguel tenía razón. Esto no tenía nada que ver con mis hijos. Además, Miguel me conocía demasiado bien, sabía exactamente qué puntos tocar, qué cosas tocar.
- Supongo que tienes razón -dije en voz baja, comenzando a masturbarle vigorosamente su gruesa polla- Sera mejor que entremos en casa, los niños ya estarán durmiendo.
- De aquí no nos movemos, vamos a follar en el coche como cuando éramos jóvenes.
El coche estaba aparcado en la acera frente a la casa. Había una farola cerca que nos iluminaba. Pero no nos importó. La excitación que teníamos era ya demasiado intensa.
Sentada en el asiento delantero con él, no podía apartar las manos de su polla. La acariciaba, la apretaba, jugaba con ella.
Miguel me abrió la blusa arrancando todos los botones, metió sus manos y me apretó las tetas, enseguida metió las manos por debajo del sujetador y se apodero de mis pezones que ya estaban tiesos.
Le desabroche el pantalón y extraje su polla. Era más grande de lo que recordaba, la miré a la luz de la farola, una gota de líquido pre seminal brillaba en la punta. Su polla era gruesa y larga.
Miguel me besó, moviendo su lengua más allá de mis dientes, explorando el calor de mi boca. Gemí y chupe su lengua, mi mano comenzó a sobar su polla cada vez más rápido. Miguel metió su mano más bajo mi falda. Cuando sus dedos se movieron hacia mi coño, abrí las piernas. Mientras él frotaba mi coño a través de las bragas, deslice mi mano dentro de sus pantalones y libere sus bolas. Eran grandes, llenas, peludas. Se las ahueque, retorciéndolas ligeramente.
Su lengua fluyó dentro de mi boca, un gemido de hambre saliendo de ella. Miguel tiró con fuerza de mi lengua y mi coño palpitó contra sus dedos que presionaban y frotaban, arqueando mi coño hacia su mano.
Mi coño estaba empapado de jugos calientes y resbaladizos. Tenía la polla de Miguel en la mano, dura como una piedra y los testículos pesados y cargados.
No quería perder más tiempo, me incline hacia él y me la metí en la boca. Sentí punta de su polla suave y muy caliente contra sus labios mientras la chupaba. La punta de mi lengua rozó su agujero y saboreé el líquido que salía. Estiré los labios alrededor de la punta de su polla, succionando suavemente, retorciendo la lengua en círculos.
Miguel apoyó su mano sobre mi cabeza, gimiendo suavemente mientras se la chupaba. Con un gemido me trague la polla, deslizándose por mi boca hasta que la cabeza hinchada me rozó la garganta. Tenía los ojos cerrados mientras saboreaba su erección después de tantos años. Tuve que esforzarme para poder meterme toda su polla en la boca, sollozando en silencio mientras mis labios presionaban la base.
Me acaricié la garganta mientras mis labios se apretaban con fuerza, mi lengua apretada. El potente latido de su polla quemaba mis labios estirados y mi coño se retorcía y succionaba.
Sentí que estaba a punto de correrse y pare.
- ¡Joder Amanda, no me hagas esto, estaba a punto!
- Lo sé, pero no quería que te corrieras todavía.
- Siempre tuviste una boca ardiente, Amanda -gimió Miguel, acariciándome el pelo- Siempre te ha encantado tener una polla en la boca.
Era cierto, lo sabía. Desde el primer día que me convenció de meterme su polla en la boca, me encantó. Desde aquella primera vez, ya no tuvo que convencerme, siempre le chupé la polla sin que él me presionara.
- ¿Recuerdas cómo no querías chupármela la primera vez? Pero una vez que la tuviste en la boca, no pude hacer que pararas. ¿Lo recuerdas, Amanda?
Asentí con la cabeza en la oscuridad, metiéndome su polla de nuevo en la boca. Contoneé mi culo y suspiré cuando sentí que tiraba de mi falda volviendo a frotarme el clítoris.
Deslice mis labios húmedos arriba y abajo de su polla un poco más rápido, disfrutando de la fricción. Me estremecí cuando Miguel pasó la mano por dentro de mis bragas, deslizando los dedos arriba y abajo por la raja del culo, presionando ligeramente mi ano.
- ¡Chúpala Amanda! -gimió Miguel- ¡Chúpame la polla con esa boca caliente y hambrienta! ¡Eres una chupapollas nata, Amanda! ¡Una chupapollas nata!"
Miguel siempre me había hablado así cuando follábamos. Al principio no me gustaba mucho, pero con el tiempo, me llegó a encantar oírlo usar esas palabras. Nunca me sentí degradada ni humillada. Esas palabras siempre me excitaban, me hacían temblar el coño.
Deslice una mano bajo su culo y lo apreté con fuerza, mientras con la otra le ahuecaba los testículos, mientras succionaba frenéticamente su polla erecta. Solloce suavemente, dándome cuenta de cuánto había extrañado su polla durante todos estos años. Más grande y larga de lo que recordaba, sabía tan bien como siempre, quizás mejor.
Me acarició la raja del culo con un dedo, pasando por mi ano, y logró penetrar el calor húmedo de mi coño peludo. Gemí, arqueando el culo contra su mano, succionando con más fuerza. Retirando el dedo de mi coño, comenzó a excitar mi clítoris hinchado. Gemí y devoré su polla con la boca, desesperada por saborear sus jugos.
Gruñendo suavemente, chupé de arriba abajo, usando la lengua al máximo. Apretada por su gruesa polla, logré presionarla, sujetándola con fuerza contra el paladar. La cabeza hinchada rozó mi garganta y me estremecí de excitación. Rápidamente, aparté la boca de su polla y pasé la lengua por el eje, girándola alrededor de sus testículos. Lamí sus huevos con avidez, luego volví a subir con la boca por su eje. Tragándome su polla una vez más, retorcí mi culo cuando Miguel comenzó a dedear mi coño furiosamente. Oí sus gemidos, y luche por sacar los jugos hirvientes de sus testículos.
- ¡Trágatelo, zorra! -gritó Miguel- ¡Trágatelo! ¡Te voy a llenar la boca, zorra! ¡Trágatelo...!
El semen que brotaba me hervía en la lengua, empapándome la boca. Chupé con fuerza, tragando con avidez.
Miguel me frotaba el clítoris con más intensidad. El sabor de su espeso y cremoso semen me llevó a un orgasmo intenso. Siempre me pasaba lo mismo cuando sentía el sabor de su crema chorreando en mi boca. Cada vez que él me derramaba ese dulce jugo en la garganta mientras me masturbaba, yo también me corría.
- ¡Chúpamelo! -gimió Miguel- ¡Chúpame el semen de los huevos, Amanda! ¡Chúpalo y cómetelo! ¡Trágatelo, zorra chupapollas! ¡Cómeme la polla y cómete mi semen!
Pero yo no perdí ni una gota de ese preciado néctar. Mí garganta ardía mientras el espeso semen corría por ella. Cuando dejó de chorrear, sentí que su polla empezaba a desinflarse.
Sentada en el asiento del coche, solté una risita, pasándome los dedos por los labios.
- Creo que tengo los labios magullados. ¡Tu polla es enorme!
- Y tú la chupas tan bien como siempre. ¿Sabes? Mi primera ex mujer dijo que nunca me la chuparía.
- ¿Y la segunda?
- Oh, me la chupaba un rato, pero nunca me dejaba correrme en su boca. Supongo que simplemente no le apetecía chupar pollas
- Pobrecito -susurré suavemente, tomando de nuevo su polla en la mano- Si te conozco, y estoy segura de que sí, debió ser horrible. Siempre te encantaron las mamadas.
- Me la chuparon de vez en cuando -dijo, deslizando un dedo dentro de mí coño- Pero nunca he encontrado a una mujer tan buena como tú, Amanda.
- Como has dicho, soy una chupapollas nata.
Me incline de nuevo sobre su polla, me aferré a ella con los labios. Entonces, tal como lo recordaba, comenzó a endurecerse de nuevo.
Sentí la cálida brisa de la ventana abierta en mi culo cuando él me subió la falda por la cintura. Gimiendo suavemente.
Miguel volvió a jugar con mi clítoris, yo meneaba la cabeza de arriba abajo, chupando su polla. Cuanto más fuerte chupaba, más grande parecía volverse su polla. Deslizando mí boca hacia arriba, apreté los labios justo detrás de la suave punta, pasando la lengua de un lado a otro sobre su agujero, lamiendo los jugos que rezumaban y tragándolos.
Gemí mientras apretaba las nalgas, mi coño vibraba mientras Miguel lo frotaba con maestría.
Pero yo necesitaba su polla dentro de mí coño, deje de chupársela y me pase al asiento trasero, Miguel lo entendió enseguida.
Él salió del coche y abrió la puerta trasera. Inmediatamente, saque mis piernas, levantando el culo cuando Miguel me quito bragas. Entonces abrí las piernas para él, ofreciéndole mí coño excitado.
Me frotó la cabeza hinchada de su pene varias veces, haciendo que chillara. Levanté el coño y giré las caderas.
- ¡Fóllame, Miguel! ¡Ohhh, follame bien fuerte!
Sujetándome el culo con una mano, metiendo y sacando la polla con rapidez de mí apretado coño, Miguel se inclinó para subirme el sujetador hasta la barbilla y empezó a apretarme una teta, su polla latiendo implacablemente en mí ansiosa vagina. Alcé mi coño para recibir sus salvajes embestidas, chillando suavemente mientras él alcanzaba profundidades que yo había olvidado. Su polla llenó mí coño a tope, estirando los sensibles labios como gomas elásticas. Mí clítoris se tensó para embestir contra el eje, provocándome escalofríos de éxtasis.
Estaba despatarrada en el asiento trasero del coche, con las bragas colgando de un tobillo. Mis piernas estaban fuera de la puerta abierta y Miguel estaba allí, embistiendo su gruesa polla con fuerza en mí coño, con los sonidos de una follada salvaje resonando en la oscuridad. Froté mis muslos arriba y abajo de su cadera, gimiendo de placer ardiente. La polla de Miguel me estiraba el coño hasta el límite, provocando un hormigueo en mis labios peludos. Con cada embestida, su palpitante miembro aplastaba mí excitado clítoris. Giré la cabeza de un lado a otro en el asiento del coche.
- ¡Oooo, vas a hacer que me corra, Miguel! –Susurre moviendo las caderas- ¡Me voy a correr! ¡Joder, Miguel! ¡Fóllame! ¡Dios mío...! ¡Estoy tan cerca, Miguel! ¡Dios mío, Miguel! -gemí, arqueando el culo y presionando mi coño contra su polla- ¡Es tan bueno! ¡Me encanta, Miguel! ¡Más! ¡Por favor, dame más, más!
- ¡Lo tienes, zorra!" Miguel resopló con vehemencia, deslizando la mano por debajo para agarrar una de mis nalgas. "¡Puedes tenerlo todo! ¡Toma mi polla, zorra loca! ¡Métete mi polla hasta el fondo de tu coño caliente!
Sus testículos, me golpeaban las nalgas con fuerza mientras me penetraba. Me retorcía y giraba las caderas a medida que el éxtasis crecía. Mí coño sufrió un par de espasmos, haciendo que los labios apretaran su polla.
- ¡Oh, sí, Miguel! –Gemí retorciéndome en el estrecho asiento trasero- ¡Oooooo, me encanta! ¡Sabes que nunca me cansaré de tu dura y enorme polla!
- ¡Perra! -gruñó Miguel, penetrando su polla a toda velocidad en mí coño, sus bolas golpeando mí culo.
- ¡Ay, Miguel, sí!
- ¡Puta loca!
- ¡Fóllame! ¡Dame esa polla enorme, maldito cabrón! ¡Mi coño la quiere! ¡Mi coño arde por ella! ¡Fóllame, Miguel! ¡Dios mío, fóllame, fóllame, fóllame!
- Es toda tuya.
- ¡Estoy lista, Miguel! -chillé, sin intentar ahogar el sonido- ¡Me corro! ¡Ay, Miguel! ¡Ay...! ¡Me corro!
Miguel gruñó cuando mí coño se aferró a su polla, apretándola con espasmos, chupándola. Me penetró con todas sus fuerzas, levantando la cabeza con los ojos cerrados.
Los rápidos chorros de su semen salpicaron las paredes mí coño, provocando un éxtasis nuboso en mí mente. Mí coño palpitaba y vibraba en la base de su polla, succionando con avidez. Podía sentir sus peludos testículos retorciéndose contra mí culo meciéndose mientras se descargaban, enviando ardientes chorros de semen a lo profundo de mí hambriento coño.
Después, Miguel permaneció de pie frente a la puerta del coche, con la polla empapada en mí coño. Me desplome, con los brazos colgando sobre el asiento, las piernas relajadas e inútiles, colgando fuera y alrededor de sus muslos. La respiración de Miguel sonaba fuerte en la quietud de la noche y yo seguía temblando por el orgasmo recibido.
Miguel sacó su polla de mí coño y me di cuenta por primera vez de dónde estábamos.
- ¡Esto es de adolescentes! -dije, quitándome las bragas y metiéndolas en mí bolso.
Salí del coche y me alisé la falda. No podía hacer mucho con la blusa; Miguel le había arrancado todos los botones. Me ajusté el sujetador sobre mis pechos y dejé la blusa abierta. Estaba oscuro y, de todas formas, nadie podía verme.
- Te dije que debíamos haber entrado en la casa, Miguel.
- Quizás -Me sonrió- Pero te encantaba follar así.
Le devolví la sonrisa.
- ¡Me conoces muy bien, cabrón!
Miguel me atrajo hacia él, me besó y deslizó la mano por mí culo, tocándolo bajo la falda.
- Sigues teniendo el culo más bonito del mundo, ¿lo sabías? Siempre lo tuviste y ahora no me parece diferente.
- Sal de aquí –Dije acariciándole la polla- Vete a casa antes de que te vuelva a follar.
- Fóllame todo lo que quieras, -Rió mientras volvía a poner al volante- Soy muy follable.
- Mmm, yo también -susurre, asomándose a la ventana y besándolo de nuevo- Como bien sabes. ¿Nos vemos mañana?
- Claro que sí", dijo él, sacando la mano por la ventana y levantándome la falda para tocarme el culo desnudo- Ya no tenemos motivos para estar separados, ¿verdad?
Por un momento no respondí, luego susurre: "
- No, no hay ninguna razón, Miguel.
Me quedé un momento, observando cómo las luces traseras de su coche desaparecían calle abajo. Luego, con un suspiro de felicidad, me gire para subir por el sendero.
¡Y allí estaba mi hijo Lucas!
Mi hijo se encontraba a mitad del camino. Estaba en pijama y me miraba fijamente.
Al verle allí me sobresalte y camine rápidamente hacia él, pero al ponerle la mano en el hombro, él se apartó.
- "Lucas, ¿qué pasa?" –Le pregunte.
- "¡Puta!" -Me espetó.
- "¿Qué?" "¡Lucas, no me llames así!"
- "¡Maldita puta!" -Me dijo con rabia en la voz- "¡Maldita puta chupapollas!"
Se dio la vuelta y entró corriendo en la casa, dejándome parada a mitad del camino. Sentí que se me ponía la cara roja. Eran las dos de la mañana y Lucas debería estar profundamente dormido. Pero era evidente que no, y me pregunte cuánto habría visto.
Sintiéndome culpable, entre en la casa y camine por el pasillo hacia su habitación. Empuje la puerta y lo vi despatarrado boca abajo en la cama, con la cara entre los brazos cruzados.
- "Lucas, ¿por qué no estabas en la cama como se suponía que debías estar?" –Le pregunte
- ¡Que te jodan, puta! –Me dijo Lucas, con la voz menos enfadada que antes-. Me acuesto cuando me apetece.
- ¡Lucas, no me hables así! –Le dije bruscamente- ¿Quieres que te castigue?
- "¡Que te jodan, que te jodan, que te jodan!" dijo, elevando la voz con cada palabra.
Quería acercarme a él, consolarlo, intentar explicarle las cosas. Pero ¿Qué podía decirle?
- "¡Te vi en el coche, puta!", -Me dijo Lucas, girándose para mirarme con lágrimas en los ojos. "Lo vi todo. ¡Eres una puta de mierda, mamá, una puta chupapollas!”
Note que las piernas me temblaban, me acerque a la cama de mi hijo y me senté en el borde. Extendí la mano hacia él, queriendo tocarlo. Pero Lucas se apartó.
- Lucas, para -Dije con voz suave-. No tienes por qué enfadarte tanto conmigo. Ya tienes edad para saber que esas cosas pasan entre hombres y mujeres.
Lucas apretó la cara contra sus brazos, me quede allí sentada, observando cómo se sacudía su cuerpo. La cintura de su pijama se le había bajado un poco. Recorrí con la mirada la curva de su columna y me detuve donde comenzaban sus nalgas. Note que las nalgas se le hinchaban, se aflojaban y luego volvían a hincharse.
- Los hombres y las mujeres pueden hacer eso, mamá —dijo—, ¿pero acaso lo hacen con su propio hermano?
- Lucas –Susurre- Escúchame un momento. Por favor, cariño, no actúes así.
Lucas giró la cabeza para mirarme. "Vi lo que hacías con el tío Miguel, mamá. ¿Cómo pudiste hacer eso? ¡Es tu hermano!"
- ¡Miguel no es mi hermano, es mi hermanastro!
No sabía cómo decirle a mi hijo que mi hermano y yo habíamos estado follando desde pequeños. ¿Cómo podía explicarle que habíamos explorado casi todos los aspectos del placer erótico juntos? ¿Cómo podía decirle que había anhelado a mi hermano durante todos los años de mi matrimonio? ¿Cómo podía decirle que quería a mi hermano más que a cualquier otro hombre en el mundo?
- "¡Puta! ¡Maldita puta! -Dijo Lucas en voz baja-. ¡Mamá, solo eres una puta chupapollas!
-No, cariño -Susurre suavemente, apoyando la palma de la mano en su espalda-. Soy tu madre y hay cosas que no sabes, cosas que no entiendes.
- "Lo entiendo todo" -Dijo Lucas- "Te vi agachada en el coche, mientras te follaba la boca. Te vi abrir las piernas para que el tío Miguel te follara. Escuché todo lo que dijisteis".
Sentí el cuerpo de su hijo temblar bajo mi mano. Empecé a acariciarle la espalda, despacio y con ternura.
- Siento que hayas visto eso –susurre- . Deberíamos haber tenido más cuidado. Pero como nos viste, tenemos que hablarlo, Lucas.
- "¡No, no lo haremos!", gritó. "¡No quiero oír nada de lo que tengas que decir! ¡Ve a chuparle la polla al tío Miguel, maldita zorra!"
La ira se apoderó de mí. Retire la mano de él y me levante, olvidándome de mi blusa rota. "¡Ahora escúchame, jovencito!", -Le espete- "¿Quién te crees que eres para hablarme así? ¿Crees que no sé qué te masturbas todo el tiempo? ¡Lo he visto en tus sábanas casi todas las mañanas! ¡Así que escúchame, pequeño masturbador!"
Lucas se giró en la cama, fulminándome con la mirada. Nunca me había oído decir algo así y se sorprendió que supiera que se había estado masturbando. Mi ira se reflejó en mis ojos mientras lo miraba fijamente, con las manos en las caderas. Entonces vi que tenía una erección.
Su polla se tensó contra el pantalón del pijama, formando una tienda de campaña. Durante un largo rato, ninguno pudo decir nada. Entonces empecé a reírme.
- "Mira eso", -Le dije señalando su erección- "¡Estás tan empalmado que casi te corres! ¡Y luego me insultas!"
Lucas empezó a ocultar su erección, pero luego se detuvo.
- "¿Yo?" "Mamá, estás ahí parada con las tetas casi al descubierto, después de follar con tu propio hermano, ¿Y te ríes porque tengo una erección?"
- No me río -Dije en voz baja-. No me río para nada, Lucas.
Mi coño se hinchó, mi clítoris empezó a tensarse. Mis ojos contemplaban su pene erecto, viendo la punta presionando su pijama, la mancha húmeda que comenzaba a aflorar en su pijama. Sentí un escalofrío entre los muslos y luego la humedad goteó de mi coño. Las nalgas se me tensaron y me pase la lengua por los labios inconscientemente.
Sabía que mis manos se movían quitándome la blusa, pero no podía detenerlas. Me quede mirando fijamente su polla mientras me quitaba la blusa, allí de pie, vestida solo con falda y sujetador. Lucas me observaba, respirando con dificultad, preguntándose qué estaría haciendo su madre. Me detuve cuando quise alcanzar el gancho de su sujetador. Baje las manos apretándolas contra las caderas.
El silencio entre nosotros era denso y mi coño se hinchaba y ardía. Los pensamientos me atormentaban, haciéndome temblar. Mis pechos se sacudían, a punto de reventar por el sostén.
Lucas fue el primero en moverse. Se bajó los pantalones del pijama hasta las rodillas. Su joven polla se irguió, dura y erecta, con la punta expuesta y brillante de humedad. Vi los pelos en la base de su pene, sus testículos jóvenes tan apretados y llenos. Gemí y apreté los puños con fuerza, con las rodillas temblando. Sentía una punzada en el coño.
Lucas cerró el puño alrededor de su polla.
- "No" -Susurre, con los ojos en su polla.
Lucas movió la mano arriba y abajo sobre su polla.
-No, Lucas –Gemí-. Por favor, cariño, no hagas eso.
- "Lo hago si quiero ", -Respondió él, con la mirada fija en mis pechos hinchados- Puedo hacerlo si quiero. Si tú puedes follar con el tío Miguel en el coche, yo puedo pajearme si quiero.
- ¡Dios, Lucas, no! Por favor, cariño...
Lucas se apretaba la polla sin complejos, mirando mi sujetador y la curva de las tetas. Apretó la polla y la punta se abultó. Se formaron gotas de líquido y yo me quede sin aliento, con las rodillas temblando y el coño palpitando como si no me lo hubieran follado en años.
Lucas se bombeó la polla, respirando con más fuerza. Fije la mirada en su cara, viendo lo joven que era. Sentía que no tenía derecho a obligarlo a dejar de masturbarse, ningún derecho en absoluto. Pero yo no quería que él se masturbara, no ahora.
—Lucas —dije volviéndome a sentar en la cama—, por favor, deja... detente un minuto, cariño.
Extendí la mano. Lucas emitió un gorgoteo y se soltó la polla, con la mano en su miembro pude sentir el calor de su polla en la palma y, con un suave gemido, cerré los dedos alrededor de la polla de mi hijo. Su polla no era tan grande ni tan gruesa como la de mi hermano, pero estaba dura, hermosa y lista. El tamaño de su polla no me importaba.
" ¡Ohhhh , Mamá!" –Siseó Lucas cuando apreté su polla.
Subiéndome a la cama, me senté a horcajadas sobre los muslos de mi hijo. Lucas mi miró fijamente, viendo mi mano subir y bajar sobre su polla. Sabía que estaba deseando que me levantara la falda para poder ver mi coño. Pero no me levanté la falda. Simplemente froté mi ardiente coño contra su muslo, sintiendo su carne contra la humedad de mi coño. Bombeé su polla con fuerza, con los ojos encendidos mientras jadeaba de placer.
Sabía que no podía detenerme ahora que tenía su polla en la mano. Sabía que me iba a meter la polla de mi hijo en el coño y follarlo. Intentaba luchar contra ese impulso, pero me dominaba.
- ¡Lucas! ¡Oh , cariño!"
Me puse de rodillas, rozando la piel de él con el dobladillo de mi falda. Me coloque sobre su polla, ocultándola con la falda, jadeé mientras frotaba la hinchada cabeza de su polla contra los labios de mi coño, sintiendo el hambre abrasador. Aplaste su goteante polla contra mi clítoris inflamado y un suave grito brotó de su garganta apretada mientras un orgasmo rápido y suave retumbaba por su cuerpo. Su culo tembló mientras arrastraba la cabeza de la polla de mi hijo por la hendidura de mi coño. Coloque la suave cabeza en la entrada de mi coño y me estremecí, conteniendo la respiración.
Lucas tenía miedo de moverse, miedo de respirar. Seguro que había soñado con que lo follaran cuando se masturbaba ¿Soñaba con follar con su madre, con sus profesoras o con alguna chica guapa de la universidad?
Note su polla chorreando como un géiser mientras se corría. Me senté a horcajadas sobre las caderas de mi hijo, con la cabeza de su polla apenas rozando los labios de mi coño. Sentía que mis pechos estaban a punto de estallar dentro del sujetador, mis pezones se tensaban dentro de las copas. Solté un suave grito mientras descendía lentamente, saboreando las sensaciones. La punta de la polla de mi hijo penetró en mi coño, me quedé paralizada, temblando. Con una embestida hundí la polla de mi hijo en mi coño, llevándola hasta el fondo.
Los labios de mi coño aferraron con fuerza la base de la polla de mi hijo y la sentí palpitar en mi interior. Sus testículos rozaron mis nalgas y me quedé allí, temblando, mi coño succionando su polla, mis caderas retorciéndose suavemente.
Lucas emitía sonidos estrangulados. Sus ojos, enormes, parecían girar de un lado a otro, y apretó los puños y empezó a golpear el colchón, curvando los dedos de los pies.
"¡Maldito seas!" –Le grite- "¡Maldito seas por tener una erección! ¡Maldito seas por verme follar con Miguel!"
Golpeé mi coño de arriba a abajo, cabalgando su polla con jadeos ahogados. Me incline, apoyándome con las manos cerca de sus hombros, revolviendo mi culo salvajemente, haciendo movimientos rápidos y penetrantes. Balanceé mi culo una y otra vez mientras me apuñalaba casi violentamente con la polla de mi hijo. Golpeé la polla de Lucas con tanta fuerza que le deje sin aire en los pulmones. Empezó a girar la cabeza, apretando los dientes, mi coño envolvió su polla con esa humedad abrasadora, haciéndole estremecer, enviando sacudidas temblorosas de arriba a abajo por su joven cuerpo.
- "¡Te voy a follar, Lucas!" –Le siseaba sin pensar- "¡Mamá te va a follar, maldita sea! ¡No soporto ver una erección! ¡Veo una polla dura y la quiero! ¡Maldito seas, Lucas! ¡Maldito seas por tener una erección!"
Mi coño lo folló con furia, con el culo machacándole los huevos. Podía oír los sonidos líquidos de mi coño y sentir cada apretón. Mi culo arriba y abajo, golpeándose contra su polla con desesperación. Solloce de éxtasis, mientras la polla de mi hijo me enviaba descargas eléctricas de éxtasis hasta las tetas. Apreté mis muslos contra sus caderas, con las rodillas apretándole los costados, y mi culo subía y bajaba de forma enloquecedora.
La sensación ardiente de un orgasmo inminente me hizo gritar suavemente y me abalance con fuerza sobre la polla de mi hijo, moviéndome frenéticamente, con el clítoris destrozado. Lucas intentó moverse, pero lo único que pudo hacer fue empujar las caderas hacia arriba. Sus testículos debían de estar a punto de estallar y empezó a ahogarse, golpeando la cama con los puños.
- "¡Me voy a correr, maldita sea!" –Grite-. "¡Me voy a correr y te voy a follar a ti y a... Lucas!"
Las ondas de mi orgasmo le aferraron la polla, tirando con fuerza, levante la cabeza hacia el techo, gritando desesperadamente, todo mi cuerpo temblando mientras mi coño se contraía sobre la polla de mi hijo. Las convulsiones me recorrieron como un fuego infernal. Los músculos de mi estómago se tensaron y, por un momento, me pregunte si este orgasmo me rompería los huesos.
- ¡Mamá! -gritó Lucas-. ¡Mamá, tengo que ...! ¡ Mierda, mamá!
- "¡Hazlo, maldita sea!" –Grite frotándome frenéticamente contra su polla- "¡Hazlo, hazlo , hazlo!"
Con un gruñido que casi lo dobló por la mitad, Lucas se corrió. El chorro de su semen joven quemó las delicadas paredes de mi coño. Una y otra vez, la polla de Lucas enviaba chorros de semen a mi receptiva vagina, llenándola con el espeso y cremoso jugo, semen de mi hijo. Apreté mi coño peludo con fuerza contra su polla, sintiendo como si mi coño se lo estuviera chupando. Mi ano se contrajo con fuerza y grite de éxtasis.
Durante un rato, permanecí sentada sobre mi hijo, con su polla suave dentro de mi coño. Descanse erguida, con los ojos cerrados y los brazos colgando a los costados. Lucas respiró hondo, sabía que estaba deseando levantarme la falda y echarle un vistazo a mi coño. Después de un minuto, abrí los ojos y le mire a la cara.
Le dedique una sonrisa casi tímida y luego me baje. Me quede de pie junto a su cama, viendo su pene flácido, mojado con los jugos de mi coño. Casi me incline para besarlo, pero me contuve. Sentí su semen fluyendo de mi coño, por la cara interna de mis muslos. Lucas me miró.
Entonces me gire y me dirigí hacia la puerta.
-"¿Mamá?" –Me llamó Lucas suavemente.
Me detuve, con una mano sujetando el pomo de la puerta. No me gire para mirar a mi hijo mientras esperaba, respirando con dificultad.
- Mamá -Repitió Lucas en voz muy baja-, no me importa.
No respondí.
- "Me refiero al tío Miguel" -Dijo Lucas.
Sentí un gran alivio y me gire para mirar a mi hijo por encima del hombro. Ahora le dedique una sonrisa sincera. Mis ojos se posaron en su brillante polla y me lamí los labios.
- ¿Ahora puedo ver tu culo, mamá? -Preguntó Lucas, vacilante.
Se me cortó la respiración y aparte la mirada de mi hijo. Me subí lentamente la falda, sujetándola a la cintura un buen rato. Lucas pudo contemplar el culo de su madre.
- Sabía que no llevabas las bragas puestas -dijo.
Deje caer la falda y deje a mi hijo, cerrando la puerta detrás de mí.