Amanecer Zulú

Demeter

Virgen
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Vamos a por mi primer relato por estos lugares...a ver que tal..espero que os guste


Mi marido y yo nos apuntamos a un reality algo original. Consistía en ir a una aldea de cualquier parte del mundo e intentar vivir una experiencia única en la misma. Todavía no sabíamos la zona que nos tocaría pero una llamada ese mismo día nos la noticia que teníamos billetes para ir a una aldea de la provincia de KwaZulu-Nata en Sudáfrica.

Llegamos al aeropuerto en la capital y una furgoneta del programa nos recogió para ir a otro aeropuerto menor y coger una avioneta. El trayecto se hizo bastante largo pero por fin llegamos a la provincia. Cogimos las pocas cosas que habíamos traído y de nuevo otro trayecto por caminos de tierra con abundante vegetación a ambos lados hasta que llegamos a nuestro destino. No era una aldea demasiado grande, era un clan de unas veinte personas y un jefe con su familia que vivía en una tienda situada en el centro. Nos cedieron una de las tiendas para poder vivir ahí mientras el equipo tenía montadas unas tiendas de campañas a las afueras de la aldea.

Nos colocaron unos micrófonos y empezaron a grabar el reality día a día, La vida era muy sencilla al mismo tiempo que dura. Nos levantábamos temprano cuando el sol hacía acto de presencia y nos acostábamos cuando el sol desaparecía. Era un poco machista, ya que las mujeres estaban para hacer las labores que los hombres no hacían, ya que estos se iban con el ganado y volvían tarde. El resto de cosas teníamos que hacerlas nosotras y me quejaba yo de limpiar casas. Eso sí que era duro y empezó a hacer mella en mi estado de ánimo y en mi cansancio. Aunque todo cambio un día que estábamos lavando ropa en el río.

Las mujeres que iban sin ropa, con las tetas colgando, me indicaron que me quitara la parte de arriba. Me daba mucho corte, no por el hecho de hacer topless, ya que en las playa lo hacía a menudo pero me iba a ver media España y aunque era un poco reticente al final me quité la parte de arriba y me puse los brazos para taparme un poco, supongo que editarían los videos a posteriori y pondrían algún tipo de filtro porque en ocasiones se me vieron claramente. Las mujeres señalaban los pechos y con las manos parecí entender que decían que las tenía muy grandes y empezaron a tocarlas como si nunca hubieran visto unos pechos. Mi marido que estaba al otro lado del río hablaba con el jefe mediante un intérprete y le decía que ofrecía cuarenta ovejas por mí. Supongo que la mujer estaba supeditada a hombre y se mercadeaba con el sexo femenino. No me hizo mucha gracia pero en el fondo era una forma de demostrar que le gustaba pero a su manera y con sus costumbres.

Se acercó y con sus manos abierta intento tocarlas aunque yo me giré riendo hacia la cámara. Con esa anécdota empezó un juego morboso a lo largo de las semanas entre yo y el jefe de la aldea, aunque era simple, se le veía las intenciones y sabía que le gustaba físicamente. Las mujeres grandes y voluptuosas estaban bien vistas por esos lugares y mujeres blancas así no es que hubiera muchas en cien km a la redonda.

Un día estaba limpiando la ropa en el río y noté como unas miradas furtivas desde unos juncos, me sentía observada y no era por las cámaras, ya que ese día estaban grabando fauna con mi marido y otros hombres de la aldea. Llevaba una camiseta de las mías, anchas y vieja algo sacudida por el barro y con el agua se me había mojado y se notaba la forma de mis pechos y el pezón afilado intentado atravesar la tela.

Me quité la camiseta y empecé a limpiar como lo hacían las mujeres de la aldea, el movimiento hacía que mis ubres se tambalearan una y otra vez. De repente el jefe de la tribu salió de entre los juncos, me fijé en cómo le colgaba el pene y se le salía del taparrabos. Parecía un tronco oscuro de un tamaño colosal con el glande rosado y parecía que aún estaba flácido por cómo se movía al andar. Se paró delante de mí y tuve tu enorme pene a escasos centímetros de mi rostro. En ese momento me dieron ganas de agarrarlo y hacerle una buena felación. Me relamí un poco, mordiendo mis labios de forma sensual. Tampoco sabía si alguna vez le habían hecho una felación, y el sexo en sus vidas era algo arcaico y primario.

El jefe empezó a hablar pero no tenía intérprete en esos momentos y no sabía lo que decía pero me miraba mucho mis ubres. Me quedé en silencio y sin mediar palabra las agarró con ambas manos y empezó a chuparlas como si fuera un lactante, supongo que al verlas tan grandes se pensaba que tenían leche dentro. Succionó y succionó haciendo que saliera un pequeño gemido de mi boca. El jefe retiró su boca y se encogió de hombros al ver que no salía nada dejándome los pezones perdidos y con un calentón considerable. Empecé a agarrar su pene por la base acariciándolo lentamente. Me miró con cara de sorpresa pero pareció no molestarle demasiado. Empecé a subir y bajar su glande notando en mis falanges como empezaba a hincharse las venas y el grosor aumentar. Acerqué mi boca al glande rosado y lo probé un instante. El jefe asustado, quizás se pensaba que me la quería comer literalmente, apartó mi rostro con el pene hinchado. Yo agarré sus enormes testículos y los acaricié para posteriormente colocármela de nuevo en mi boca y empezar a comerla lentamente. Al jefe pareció gustarle la sensación y se dejó mientras pronunciaba unas palabras que no entendía nada.

Su pene crecía en mi boca, era monstruoso, se puso duro como una piedra y apuntaba su glande hacia arriba. Estaba tan dura que no podía ponerlo horizontal y tenía que inclinarme un poco para seguir comiéndola. Empecé a agarrarme mis ubres mientras la comía. Era una delicia sentirla en mi boca y empecé a excitarme y la coloqué entre mis pechos y empecé a agitarla haciendo que el glande se abriera justo para comerla al sacarlas de mis pechos. El jefe bufaba como un animal, dando golpes con su pene, intentando acompañar mi cubana con sus embestidas. Sabía que quería montarme como un animal así que paré y me quité la parte de abajo, desnuda, empecé a gatear por la orilla del río hasta que en la orilla se empezó a ver mi sexo. Él se puso de rodillas y empezó a lamerlo como un animal haciendo que su enorme lengua abarcara todo mi sexo haciéndome disfrutar mientras mis piernas temblaban de placer. Empecé a gotear a los pocos minutos y él se lo bebía como un instinto animal haciendo que me corriera por los muslos, haciendo que mi sexo se abriera como una flor. Luego cogió su enorme pene y sin avisar lo metió de golpe haciéndome gritar con la boca bien abierta. Se inclinó hacia mí y noté sus bufidos animales sobre mi oreja mientras su pene me taladraba sin cesar haciendo que mis fluidos cayeran a la orilla del rio como si de un afluente se tratara. Mis gritos se oían en toda la ribera mientras mis ubres se tambaleaban como badajos golpeando mi barbilla mientras él las intentaba detener con las manos estrujándolas con ansias. No tardé en correrme mientras él seguía empujando como una bestia africana poniéndome colorado el sexo y haciéndolo sonar como si me estuvieran golpeando con una fusta. No tardé en sentir sus alaridos mientras bombeaba su semen dentro de mí y sobresalía a borbotones mientras dejaba su pene dentro, encajado como si me quisiera dejar emarazada, a mis años. Al cabo de unos minutos sacó su pene y una bocanada de semen salió y corrió por mis muslos.

Me lavé en la orilla del río mientras el jefe se le iba poniendo el pene flácido con manchas blancas de su semen. También se lavó sus partes en el rio y se retiró por los juncos por donde había aparecido.

Los siguientes días fueron extraños en el reality, pues se notaba como el jefe coqueteaba más conmigo que antes. Y mi marido me miraba algo extrañado cómo me acariciaba los muslos o las nalgas en algunas ocasiones. Tras varios días de coqueteo estaba sola limpiando mi tienda cuando noto una presencia detrás de mí. Al jefe se le daba bien andar con sigilo y sobre todo vigilarme a todas horas. Otra vez estábamos solos en la aldea y se desnudó dejándome ver su escultural cuerpo y su enorme tronco. Yo me desnudé y me puse receptiva sobre una pequeña cama de paja. Abrió mis piernas y comenzó a comer mi sexo como un animal. Yo le empecé a guiar a que lo hiciera más despacio acariciando su cabeza y se fue calmando comiéndomelo de una manera que hacía agitarme como una serpiente sobre la tienda.

Empecé a gemir mientras me arqueaba orgásmicamente, su enorme lengua me penetraba, parecía un pene abriéndose paso por mis paredes y no tardé en tener un orgasmo mientras agarraba su cabeza contra mi sexo. Me acerqué a sus labios y empecé a besarle, él no sabía que estaba haciendo pero le gustó la sensación e intentó imitarme fundiéndonos en un beso largo y tórrido haciendo que nuestras lenguas jugaran sin parar. Luego pensaba que me pondría a perrita pero lo que hice fue tumbarle en el suelo para subirme encima de él. Me coloqué su pene en la entrada. Empujé lentamente haciendo que su enorme pene se abriera paso entre mis paredes hasta gritar un poco de dolor cuando llegó a mi tope. Me lo metí dentro metiendo un poco de cadera y seguí el movimiento inclinándome levemente para que pudiera comer mis pechos. Los acarició y le besé mientras su pene entraba y salía haciendo un leve chapoteo en mi sexo haciéndome gemir como nunca.

El ritmo se incrementó cuando agarró mi espalda y empezó a clavar tu cadera contra mi vagina haciendo sonar mi sexo como palmadas. Yo grité muchísimo mientras intentaba ponerme vertical pero sus manos me lo impedían. Bajó el ritmo y me puse vertical cabalgándole a mi ritmo mientras me agarraba la melena y ponía caras de placer estirando el cuerpo hacia atrás sujetándome en sus piernas. Me enrosqué como una serpiente en su cintura y cabalgamos con los cuerpos muy pegados hasta que llegué a un orgasmo tremendo. Nos besamos apasionadamente y me puso a perrita agarrando mis caderas y viendo mi culo en pompa. Se puso un poco en cuclillas y pegó su cuerpo contra mi espalda metiendo su pene dentro. Solté un grito y la noté entrar entera, su cadera empezó a moverse nerviosa haciendo sonar mi sexo de nuevo como si alguien diera palmadas.

Besaba mi cuello por detrás apartando mi melena y después de varias sacudidas se puso de rodillas y estiró mi pelo hacia atrás haciéndome mirar arriba de la tienda. La penetración se hizo intensa bufando los dos como animales enjaulados. Yo gemía bastante con sus embestidas y en ocasiones tenía que agarrar parte de la cama de paja para no escurrirme hacia delante. Estiró el pelo de nuevo y me giró el cuello para besarme con lengua mientras incrementaba el ritmo respirando acelerado y lanzando bufidos que notaba en mi nuca, dejandome algo de humedad en el cuello.

Después de varios minutos gritando como una loca miré hacia la puerta de la tienda y estaba el cámara grabándome y mi marido casi con el pene en las manos. Como si de una película porno se tratara me tumbé boca abajo cansada del esfuerzo y se puso a misionero notando su penetración intensamente mientras me grababan. Me agarró mis piernas y las subió a sus hombros mientras metía su pene lento pero fuerte haciéndolo sonar en embestidas pausadas. Yo gritaba al mismo tiempo que sus golpes de ariete me dejaban muerta de placer haciéndome gritar como una loca mientras arañaba la tela de la tienda sin parar hasta correrme como un río.

Mi marido se había sacado el pene y lo agitaba con fuerza mientras el cámara nos rodeaba y hacía primeros planos. La escena continuó varios minutos hasta que sonó el walky ***** del cámara. Se podía escuchar otro miembro del equipo bastante alterado. Se había producido un golpe de estado y los paramilitares habían tomado el poder....................
 

angel56

Consagrad@
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Vamos a por mi primer relato por estos lugares...a ver que tal..espero que os guste


Mi marido y yo nos apuntamos a un reality algo original. Consistía en ir a una aldea de cualquier parte del mundo e intentar vivir una experiencia única en la misma. Todavía no sabíamos la zona que nos tocaría pero una llamada ese mismo día nos la noticia que teníamos billetes para ir a una aldea de la provincia de KwaZulu-Nata en Sudáfrica.

Llegamos al aeropuerto en la capital y una furgoneta del programa nos recogió para ir a otro aeropuerto menor y coger una avioneta. El trayecto se hizo bastante largo pero por fin llegamos a la provincia. Cogimos las pocas cosas que habíamos traído y de nuevo otro trayecto por caminos de tierra con abundante vegetación a ambos lados hasta que llegamos a nuestro destino. No era una aldea demasiado grande, era un clan de unas veinte personas y un jefe con su familia que vivía en una tienda situada en el centro. Nos cedieron una de las tiendas para poder vivir ahí mientras el equipo tenía montadas unas tiendas de campañas a las afueras de la aldea.

Nos colocaron unos micrófonos y empezaron a grabar el reality día a día, La vida era muy sencilla al mismo tiempo que dura. Nos levantábamos temprano cuando el sol hacía acto de presencia y nos acostábamos cuando el sol desaparecía. Era un poco machista, ya que las mujeres estaban para hacer las labores que los hombres no hacían, ya que estos se iban con el ganado y volvían tarde. El resto de cosas teníamos que hacerlas nosotras y me quejaba yo de limpiar casas. Eso sí que era duro y empezó a hacer mella en mi estado de ánimo y en mi cansancio. Aunque todo cambio un día que estábamos lavando ropa en el río.

Las mujeres que iban sin ropa, con las tetas colgando, me indicaron que me quitara la parte de arriba. Me daba mucho corte, no por el hecho de hacer topless, ya que en las playa lo hacía a menudo pero me iba a ver media España y aunque era un poco reticente al final me quité la parte de arriba y me puse los brazos para taparme un poco, supongo que editarían los videos a posteriori y pondrían algún tipo de filtro porque en ocasiones se me vieron claramente. Las mujeres señalaban los pechos y con las manos parecí entender que decían que las tenía muy grandes y empezaron a tocarlas como si nunca hubieran visto unos pechos. Mi marido que estaba al otro lado del río hablaba con el jefe mediante un intérprete y le decía que ofrecía cuarenta ovejas por mí. Supongo que la mujer estaba supeditada a hombre y se mercadeaba con el sexo femenino. No me hizo mucha gracia pero en el fondo era una forma de demostrar que le gustaba pero a su manera y con sus costumbres.

Se acercó y con sus manos abierta intento tocarlas aunque yo me giré riendo hacia la cámara. Con esa anécdota empezó un juego morboso a lo largo de las semanas entre yo y el jefe de la aldea, aunque era simple, se le veía las intenciones y sabía que le gustaba físicamente. Las mujeres grandes y voluptuosas estaban bien vistas por esos lugares y mujeres blancas así no es que hubiera muchas en cien km a la redonda.

Un día estaba limpiando la ropa en el río y noté como unas miradas furtivas desde unos juncos, me sentía observada y no era por las cámaras, ya que ese día estaban grabando fauna con mi marido y otros hombres de la aldea. Llevaba una camiseta de las mías, anchas y vieja algo sacudida por el barro y con el agua se me había mojado y se notaba la forma de mis pechos y el pezón afilado intentado atravesar la tela.

Me quité la camiseta y empecé a limpiar como lo hacían las mujeres de la aldea, el movimiento hacía que mis ubres se tambalearan una y otra vez. De repente el jefe de la tribu salió de entre los juncos, me fijé en cómo le colgaba el pene y se le salía del taparrabos. Parecía un tronco oscuro de un tamaño colosal con el glande rosado y parecía que aún estaba flácido por cómo se movía al andar. Se paró delante de mí y tuve tu enorme pene a escasos centímetros de mi rostro. En ese momento me dieron ganas de agarrarlo y hacerle una buena felación. Me relamí un poco, mordiendo mis labios de forma sensual. Tampoco sabía si alguna vez le habían hecho una felación, y el sexo en sus vidas era algo arcaico y primario.

El jefe empezó a hablar pero no tenía intérprete en esos momentos y no sabía lo que decía pero me miraba mucho mis ubres. Me quedé en silencio y sin mediar palabra las agarró con ambas manos y empezó a chuparlas como si fuera un lactante, supongo que al verlas tan grandes se pensaba que tenían leche dentro. Succionó y succionó haciendo que saliera un pequeño gemido de mi boca. El jefe retiró su boca y se encogió de hombros al ver que no salía nada dejándome los pezones perdidos y con un calentón considerable. Empecé a agarrar su pene por la base acariciándolo lentamente. Me miró con cara de sorpresa pero pareció no molestarle demasiado. Empecé a subir y bajar su glande notando en mis falanges como empezaba a hincharse las venas y el grosor aumentar. Acerqué mi boca al glande rosado y lo probé un instante. El jefe asustado, quizás se pensaba que me la quería comer literalmente, apartó mi rostro con el pene hinchado. Yo agarré sus enormes testículos y los acaricié para posteriormente colocármela de nuevo en mi boca y empezar a comerla lentamente. Al jefe pareció gustarle la sensación y se dejó mientras pronunciaba unas palabras que no entendía nada.

Su pene crecía en mi boca, era monstruoso, se puso duro como una piedra y apuntaba su glande hacia arriba. Estaba tan dura que no podía ponerlo horizontal y tenía que inclinarme un poco para seguir comiéndola. Empecé a agarrarme mis ubres mientras la comía. Era una delicia sentirla en mi boca y empecé a excitarme y la coloqué entre mis pechos y empecé a agitarla haciendo que el glande se abriera justo para comerla al sacarlas de mis pechos. El jefe bufaba como un animal, dando golpes con su pene, intentando acompañar mi cubana con sus embestidas. Sabía que quería montarme como un animal así que paré y me quité la parte de abajo, desnuda, empecé a gatear por la orilla del río hasta que en la orilla se empezó a ver mi sexo. Él se puso de rodillas y empezó a lamerlo como un animal haciendo que su enorme lengua abarcara todo mi sexo haciéndome disfrutar mientras mis piernas temblaban de placer. Empecé a gotear a los pocos minutos y él se lo bebía como un instinto animal haciendo que me corriera por los muslos, haciendo que mi sexo se abriera como una flor. Luego cogió su enorme pene y sin avisar lo metió de golpe haciéndome gritar con la boca bien abierta. Se inclinó hacia mí y noté sus bufidos animales sobre mi oreja mientras su pene me taladraba sin cesar haciendo que mis fluidos cayeran a la orilla del rio como si de un afluente se tratara. Mis gritos se oían en toda la ribera mientras mis ubres se tambaleaban como badajos golpeando mi barbilla mientras él las intentaba detener con las manos estrujándolas con ansias. No tardé en correrme mientras él seguía empujando como una bestia africana poniéndome colorado el sexo y haciéndolo sonar como si me estuvieran golpeando con una fusta. No tardé en sentir sus alaridos mientras bombeaba su semen dentro de mí y sobresalía a borbotones mientras dejaba su pene dentro, encajado como si me quisiera dejar emarazada, a mis años. Al cabo de unos minutos sacó su pene y una bocanada de semen salió y corrió por mis muslos.

Me lavé en la orilla del río mientras el jefe se le iba poniendo el pene flácido con manchas blancas de su semen. También se lavó sus partes en el rio y se retiró por los juncos por donde había aparecido.

Los siguientes días fueron extraños en el reality, pues se notaba como el jefe coqueteaba más conmigo que antes. Y mi marido me miraba algo extrañado cómo me acariciaba los muslos o las nalgas en algunas ocasiones. Tras varios días de coqueteo estaba sola limpiando mi tienda cuando noto una presencia detrás de mí. Al jefe se le daba bien andar con sigilo y sobre todo vigilarme a todas horas. Otra vez estábamos solos en la aldea y se desnudó dejándome ver su escultural cuerpo y su enorme tronco. Yo me desnudé y me puse receptiva sobre una pequeña cama de paja. Abrió mis piernas y comenzó a comer mi sexo como un animal. Yo le empecé a guiar a que lo hiciera más despacio acariciando su cabeza y se fue calmando comiéndomelo de una manera que hacía agitarme como una serpiente sobre la tienda.

Empecé a gemir mientras me arqueaba orgásmicamente, su enorme lengua me penetraba, parecía un pene abriéndose paso por mis paredes y no tardé en tener un orgasmo mientras agarraba su cabeza contra mi sexo. Me acerqué a sus labios y empecé a besarle, él no sabía que estaba haciendo pero le gustó la sensación e intentó imitarme fundiéndonos en un beso largo y tórrido haciendo que nuestras lenguas jugaran sin parar. Luego pensaba que me pondría a perrita pero lo que hice fue tumbarle en el suelo para subirme encima de él. Me coloqué su pene en la entrada. Empujé lentamente haciendo que su enorme pene se abriera paso entre mis paredes hasta gritar un poco de dolor cuando llegó a mi tope. Me lo metí dentro metiendo un poco de cadera y seguí el movimiento inclinándome levemente para que pudiera comer mis pechos. Los acarició y le besé mientras su pene entraba y salía haciendo un leve chapoteo en mi sexo haciéndome gemir como nunca.

El ritmo se incrementó cuando agarró mi espalda y empezó a clavar tu cadera contra mi vagina haciendo sonar mi sexo como palmadas. Yo grité muchísimo mientras intentaba ponerme vertical pero sus manos me lo impedían. Bajó el ritmo y me puse vertical cabalgándole a mi ritmo mientras me agarraba la melena y ponía caras de placer estirando el cuerpo hacia atrás sujetándome en sus piernas. Me enrosqué como una serpiente en su cintura y cabalgamos con los cuerpos muy pegados hasta que llegué a un orgasmo tremendo. Nos besamos apasionadamente y me puso a perrita agarrando mis caderas y viendo mi culo en pompa. Se puso un poco en cuclillas y pegó su cuerpo contra mi espalda metiendo su pene dentro. Solté un grito y la noté entrar entera, su cadera empezó a moverse nerviosa haciendo sonar mi sexo de nuevo como si alguien diera palmadas.

Besaba mi cuello por detrás apartando mi melena y después de varias sacudidas se puso de rodillas y estiró mi pelo hacia atrás haciéndome mirar arriba de la tienda. La penetración se hizo intensa bufando los dos como animales enjaulados. Yo gemía bastante con sus embestidas y en ocasiones tenía que agarrar parte de la cama de paja para no escurrirme hacia delante. Estiró el pelo de nuevo y me giró el cuello para besarme con lengua mientras incrementaba el ritmo respirando acelerado y lanzando bufidos que notaba en mi nuca, dejandome algo de humedad en el cuello.

Después de varios minutos gritando como una loca miré hacia la puerta de la tienda y estaba el cámara grabándome y mi marido casi con el pene en las manos. Como si de una película porno se tratara me tumbé boca abajo cansada del esfuerzo y se puso a misionero notando su penetración intensamente mientras me grababan. Me agarró mis piernas y las subió a sus hombros mientras metía su pene lento pero fuerte haciéndolo sonar en embestidas pausadas. Yo gritaba al mismo tiempo que sus golpes de ariete me dejaban muerta de placer haciéndome gritar como una loca mientras arañaba la tela de la tienda sin parar hasta correrme como un río.

Mi marido se había sacado el pene y lo agitaba con fuerza mientras el cámara nos rodeaba y hacía primeros planos. La escena continuó varios minutos hasta que sonó el walky ***** del cámara. Se podía escuchar otro miembro del equipo bastante alterado. Se había producido un golpe de estado y los paramilitares habían tomado el poder....................
Ufff suena supermorboso
 

Adagio4

Estrella Porno
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Vamos a por mi primer relato por estos lugares...a ver que tal..espero que os guste


Mi marido y yo nos apuntamos a un reality algo original. Consistía en ir a una aldea de cualquier parte del mundo e intentar vivir una experiencia única en la misma. Todavía no sabíamos la zona que nos tocaría pero una llamada ese mismo día nos la noticia que teníamos billetes para ir a una aldea de la provincia de KwaZulu-Nata en Sudáfrica.

Llegamos al aeropuerto en la capital y una furgoneta del programa nos recogió para ir a otro aeropuerto menor y coger una avioneta. El trayecto se hizo bastante largo pero por fin llegamos a la provincia. Cogimos las pocas cosas que habíamos traído y de nuevo otro trayecto por caminos de tierra con abundante vegetación a ambos lados hasta que llegamos a nuestro destino. No era una aldea demasiado grande, era un clan de unas veinte personas y un jefe con su familia que vivía en una tienda situada en el centro. Nos cedieron una de las tiendas para poder vivir ahí mientras el equipo tenía montadas unas tiendas de campañas a las afueras de la aldea.

Nos colocaron unos micrófonos y empezaron a grabar el reality día a día, La vida era muy sencilla al mismo tiempo que dura. Nos levantábamos temprano cuando el sol hacía acto de presencia y nos acostábamos cuando el sol desaparecía. Era un poco machista, ya que las mujeres estaban para hacer las labores que los hombres no hacían, ya que estos se iban con el ganado y volvían tarde. El resto de cosas teníamos que hacerlas nosotras y me quejaba yo de limpiar casas. Eso sí que era duro y empezó a hacer mella en mi estado de ánimo y en mi cansancio. Aunque todo cambio un día que estábamos lavando ropa en el río.

Las mujeres que iban sin ropa, con las tetas colgando, me indicaron que me quitara la parte de arriba. Me daba mucho corte, no por el hecho de hacer topless, ya que en las playa lo hacía a menudo pero me iba a ver media España y aunque era un poco reticente al final me quité la parte de arriba y me puse los brazos para taparme un poco, supongo que editarían los videos a posteriori y pondrían algún tipo de filtro porque en ocasiones se me vieron claramente. Las mujeres señalaban los pechos y con las manos parecí entender que decían que las tenía muy grandes y empezaron a tocarlas como si nunca hubieran visto unos pechos. Mi marido que estaba al otro lado del río hablaba con el jefe mediante un intérprete y le decía que ofrecía cuarenta ovejas por mí. Supongo que la mujer estaba supeditada a hombre y se mercadeaba con el sexo femenino. No me hizo mucha gracia pero en el fondo era una forma de demostrar que le gustaba pero a su manera y con sus costumbres.

Se acercó y con sus manos abierta intento tocarlas aunque yo me giré riendo hacia la cámara. Con esa anécdota empezó un juego morboso a lo largo de las semanas entre yo y el jefe de la aldea, aunque era simple, se le veía las intenciones y sabía que le gustaba físicamente. Las mujeres grandes y voluptuosas estaban bien vistas por esos lugares y mujeres blancas así no es que hubiera muchas en cien km a la redonda.

Un día estaba limpiando la ropa en el río y noté como unas miradas furtivas desde unos juncos, me sentía observada y no era por las cámaras, ya que ese día estaban grabando fauna con mi marido y otros hombres de la aldea. Llevaba una camiseta de las mías, anchas y vieja algo sacudida por el barro y con el agua se me había mojado y se notaba la forma de mis pechos y el pezón afilado intentado atravesar la tela.

Me quité la camiseta y empecé a limpiar como lo hacían las mujeres de la aldea, el movimiento hacía que mis ubres se tambalearan una y otra vez. De repente el jefe de la tribu salió de entre los juncos, me fijé en cómo le colgaba el pene y se le salía del taparrabos. Parecía un tronco oscuro de un tamaño colosal con el glande rosado y parecía que aún estaba flácido por cómo se movía al andar. Se paró delante de mí y tuve tu enorme pene a escasos centímetros de mi rostro. En ese momento me dieron ganas de agarrarlo y hacerle una buena felación. Me relamí un poco, mordiendo mis labios de forma sensual. Tampoco sabía si alguna vez le habían hecho una felación, y el sexo en sus vidas era algo arcaico y primario.

El jefe empezó a hablar pero no tenía intérprete en esos momentos y no sabía lo que decía pero me miraba mucho mis ubres. Me quedé en silencio y sin mediar palabra las agarró con ambas manos y empezó a chuparlas como si fuera un lactante, supongo que al verlas tan grandes se pensaba que tenían leche dentro. Succionó y succionó haciendo que saliera un pequeño gemido de mi boca. El jefe retiró su boca y se encogió de hombros al ver que no salía nada dejándome los pezones perdidos y con un calentón considerable. Empecé a agarrar su pene por la base acariciándolo lentamente. Me miró con cara de sorpresa pero pareció no molestarle demasiado. Empecé a subir y bajar su glande notando en mis falanges como empezaba a hincharse las venas y el grosor aumentar. Acerqué mi boca al glande rosado y lo probé un instante. El jefe asustado, quizás se pensaba que me la quería comer literalmente, apartó mi rostro con el pene hinchado. Yo agarré sus enormes testículos y los acaricié para posteriormente colocármela de nuevo en mi boca y empezar a comerla lentamente. Al jefe pareció gustarle la sensación y se dejó mientras pronunciaba unas palabras que no entendía nada.

Su pene crecía en mi boca, era monstruoso, se puso duro como una piedra y apuntaba su glande hacia arriba. Estaba tan dura que no podía ponerlo horizontal y tenía que inclinarme un poco para seguir comiéndola. Empecé a agarrarme mis ubres mientras la comía. Era una delicia sentirla en mi boca y empecé a excitarme y la coloqué entre mis pechos y empecé a agitarla haciendo que el glande se abriera justo para comerla al sacarlas de mis pechos. El jefe bufaba como un animal, dando golpes con su pene, intentando acompañar mi cubana con sus embestidas. Sabía que quería montarme como un animal así que paré y me quité la parte de abajo, desnuda, empecé a gatear por la orilla del río hasta que en la orilla se empezó a ver mi sexo. Él se puso de rodillas y empezó a lamerlo como un animal haciendo que su enorme lengua abarcara todo mi sexo haciéndome disfrutar mientras mis piernas temblaban de placer. Empecé a gotear a los pocos minutos y él se lo bebía como un instinto animal haciendo que me corriera por los muslos, haciendo que mi sexo se abriera como una flor. Luego cogió su enorme pene y sin avisar lo metió de golpe haciéndome gritar con la boca bien abierta. Se inclinó hacia mí y noté sus bufidos animales sobre mi oreja mientras su pene me taladraba sin cesar haciendo que mis fluidos cayeran a la orilla del rio como si de un afluente se tratara. Mis gritos se oían en toda la ribera mientras mis ubres se tambaleaban como badajos golpeando mi barbilla mientras él las intentaba detener con las manos estrujándolas con ansias. No tardé en correrme mientras él seguía empujando como una bestia africana poniéndome colorado el sexo y haciéndolo sonar como si me estuvieran golpeando con una fusta. No tardé en sentir sus alaridos mientras bombeaba su semen dentro de mí y sobresalía a borbotones mientras dejaba su pene dentro, encajado como si me quisiera dejar emarazada, a mis años. Al cabo de unos minutos sacó su pene y una bocanada de semen salió y corrió por mis muslos.

Me lavé en la orilla del río mientras el jefe se le iba poniendo el pene flácido con manchas blancas de su semen. También se lavó sus partes en el rio y se retiró por los juncos por donde había aparecido.

Los siguientes días fueron extraños en el reality, pues se notaba como el jefe coqueteaba más conmigo que antes. Y mi marido me miraba algo extrañado cómo me acariciaba los muslos o las nalgas en algunas ocasiones. Tras varios días de coqueteo estaba sola limpiando mi tienda cuando noto una presencia detrás de mí. Al jefe se le daba bien andar con sigilo y sobre todo vigilarme a todas horas. Otra vez estábamos solos en la aldea y se desnudó dejándome ver su escultural cuerpo y su enorme tronco. Yo me desnudé y me puse receptiva sobre una pequeña cama de paja. Abrió mis piernas y comenzó a comer mi sexo como un animal. Yo le empecé a guiar a que lo hiciera más despacio acariciando su cabeza y se fue calmando comiéndomelo de una manera que hacía agitarme como una serpiente sobre la tienda.

Empecé a gemir mientras me arqueaba orgásmicamente, su enorme lengua me penetraba, parecía un pene abriéndose paso por mis paredes y no tardé en tener un orgasmo mientras agarraba su cabeza contra mi sexo. Me acerqué a sus labios y empecé a besarle, él no sabía que estaba haciendo pero le gustó la sensación e intentó imitarme fundiéndonos en un beso largo y tórrido haciendo que nuestras lenguas jugaran sin parar. Luego pensaba que me pondría a perrita pero lo que hice fue tumbarle en el suelo para subirme encima de él. Me coloqué su pene en la entrada. Empujé lentamente haciendo que su enorme pene se abriera paso entre mis paredes hasta gritar un poco de dolor cuando llegó a mi tope. Me lo metí dentro metiendo un poco de cadera y seguí el movimiento inclinándome levemente para que pudiera comer mis pechos. Los acarició y le besé mientras su pene entraba y salía haciendo un leve chapoteo en mi sexo haciéndome gemir como nunca.

El ritmo se incrementó cuando agarró mi espalda y empezó a clavar tu cadera contra mi vagina haciendo sonar mi sexo como palmadas. Yo grité muchísimo mientras intentaba ponerme vertical pero sus manos me lo impedían. Bajó el ritmo y me puse vertical cabalgándole a mi ritmo mientras me agarraba la melena y ponía caras de placer estirando el cuerpo hacia atrás sujetándome en sus piernas. Me enrosqué como una serpiente en su cintura y cabalgamos con los cuerpos muy pegados hasta que llegué a un orgasmo tremendo. Nos besamos apasionadamente y me puso a perrita agarrando mis caderas y viendo mi culo en pompa. Se puso un poco en cuclillas y pegó su cuerpo contra mi espalda metiendo su pene dentro. Solté un grito y la noté entrar entera, su cadera empezó a moverse nerviosa haciendo sonar mi sexo de nuevo como si alguien diera palmadas.

Besaba mi cuello por detrás apartando mi melena y después de varias sacudidas se puso de rodillas y estiró mi pelo hacia atrás haciéndome mirar arriba de la tienda. La penetración se hizo intensa bufando los dos como animales enjaulados. Yo gemía bastante con sus embestidas y en ocasiones tenía que agarrar parte de la cama de paja para no escurrirme hacia delante. Estiró el pelo de nuevo y me giró el cuello para besarme con lengua mientras incrementaba el ritmo respirando acelerado y lanzando bufidos que notaba en mi nuca, dejandome algo de humedad en el cuello.

Después de varios minutos gritando como una loca miré hacia la puerta de la tienda y estaba el cámara grabándome y mi marido casi con el pene en las manos. Como si de una película porno se tratara me tumbé boca abajo cansada del esfuerzo y se puso a misionero notando su penetración intensamente mientras me grababan. Me agarró mis piernas y las subió a sus hombros mientras metía su pene lento pero fuerte haciéndolo sonar en embestidas pausadas. Yo gritaba al mismo tiempo que sus golpes de ariete me dejaban muerta de placer haciéndome gritar como una loca mientras arañaba la tela de la tienda sin parar hasta correrme como un río.

Mi marido se había sacado el pene y lo agitaba con fuerza mientras el cámara nos rodeaba y hacía primeros planos. La escena continuó varios minutos hasta que sonó el walky ***** del cámara. Se podía escuchar otro miembro del equipo bastante alterado. Se había producido un golpe de estado y los paramilitares habían tomado el poder....................
Magnífico relato y muy bien escrito. 🔥 🔥 💦 💦
 

k66

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España
 
 
 
Vamos a por mi primer relato por estos lugares...a ver que tal..espero que os guste


Mi marido y yo nos apuntamos a un reality algo original. Consistía en ir a una aldea de cualquier parte del mundo e intentar vivir una experiencia única en la misma. Todavía no sabíamos la zona que nos tocaría pero una llamada ese mismo día nos la noticia que teníamos billetes para ir a una aldea de la provincia de KwaZulu-Nata en Sudáfrica.

Llegamos al aeropuerto en la capital y una furgoneta del programa nos recogió para ir a otro aeropuerto menor y coger una avioneta. El trayecto se hizo bastante largo pero por fin llegamos a la provincia. Cogimos las pocas cosas que habíamos traído y de nuevo otro trayecto por caminos de tierra con abundante vegetación a ambos lados hasta que llegamos a nuestro destino. No era una aldea demasiado grande, era un clan de unas veinte personas y un jefe con su familia que vivía en una tienda situada en el centro. Nos cedieron una de las tiendas para poder vivir ahí mientras el equipo tenía montadas unas tiendas de campañas a las afueras de la aldea.

Nos colocaron unos micrófonos y empezaron a grabar el reality día a día, La vida era muy sencilla al mismo tiempo que dura. Nos levantábamos temprano cuando el sol hacía acto de presencia y nos acostábamos cuando el sol desaparecía. Era un poco machista, ya que las mujeres estaban para hacer las labores que los hombres no hacían, ya que estos se iban con el ganado y volvían tarde. El resto de cosas teníamos que hacerlas nosotras y me quejaba yo de limpiar casas. Eso sí que era duro y empezó a hacer mella en mi estado de ánimo y en mi cansancio. Aunque todo cambio un día que estábamos lavando ropa en el río.

Las mujeres que iban sin ropa, con las tetas colgando, me indicaron que me quitara la parte de arriba. Me daba mucho corte, no por el hecho de hacer topless, ya que en las playa lo hacía a menudo pero me iba a ver media España y aunque era un poco reticente al final me quité la parte de arriba y me puse los brazos para taparme un poco, supongo que editarían los videos a posteriori y pondrían algún tipo de filtro porque en ocasiones se me vieron claramente. Las mujeres señalaban los pechos y con las manos parecí entender que decían que las tenía muy grandes y empezaron a tocarlas como si nunca hubieran visto unos pechos. Mi marido que estaba al otro lado del río hablaba con el jefe mediante un intérprete y le decía que ofrecía cuarenta ovejas por mí. Supongo que la mujer estaba supeditada a hombre y se mercadeaba con el sexo femenino. No me hizo mucha gracia pero en el fondo era una forma de demostrar que le gustaba pero a su manera y con sus costumbres.

Se acercó y con sus manos abierta intento tocarlas aunque yo me giré riendo hacia la cámara. Con esa anécdota empezó un juego morboso a lo largo de las semanas entre yo y el jefe de la aldea, aunque era simple, se le veía las intenciones y sabía que le gustaba físicamente. Las mujeres grandes y voluptuosas estaban bien vistas por esos lugares y mujeres blancas así no es que hubiera muchas en cien km a la redonda.

Un día estaba limpiando la ropa en el río y noté como unas miradas furtivas desde unos juncos, me sentía observada y no era por las cámaras, ya que ese día estaban grabando fauna con mi marido y otros hombres de la aldea. Llevaba una camiseta de las mías, anchas y vieja algo sacudida por el barro y con el agua se me había mojado y se notaba la forma de mis pechos y el pezón afilado intentado atravesar la tela.

Me quité la camiseta y empecé a limpiar como lo hacían las mujeres de la aldea, el movimiento hacía que mis ubres se tambalearan una y otra vez. De repente el jefe de la tribu salió de entre los juncos, me fijé en cómo le colgaba el pene y se le salía del taparrabos. Parecía un tronco oscuro de un tamaño colosal con el glande rosado y parecía que aún estaba flácido por cómo se movía al andar. Se paró delante de mí y tuve tu enorme pene a escasos centímetros de mi rostro. En ese momento me dieron ganas de agarrarlo y hacerle una buena felación. Me relamí un poco, mordiendo mis labios de forma sensual. Tampoco sabía si alguna vez le habían hecho una felación, y el sexo en sus vidas era algo arcaico y primario.

El jefe empezó a hablar pero no tenía intérprete en esos momentos y no sabía lo que decía pero me miraba mucho mis ubres. Me quedé en silencio y sin mediar palabra las agarró con ambas manos y empezó a chuparlas como si fuera un lactante, supongo que al verlas tan grandes se pensaba que tenían leche dentro. Succionó y succionó haciendo que saliera un pequeño gemido de mi boca. El jefe retiró su boca y se encogió de hombros al ver que no salía nada dejándome los pezones perdidos y con un calentón considerable. Empecé a agarrar su pene por la base acariciándolo lentamente. Me miró con cara de sorpresa pero pareció no molestarle demasiado. Empecé a subir y bajar su glande notando en mis falanges como empezaba a hincharse las venas y el grosor aumentar. Acerqué mi boca al glande rosado y lo probé un instante. El jefe asustado, quizás se pensaba que me la quería comer literalmente, apartó mi rostro con el pene hinchado. Yo agarré sus enormes testículos y los acaricié para posteriormente colocármela de nuevo en mi boca y empezar a comerla lentamente. Al jefe pareció gustarle la sensación y se dejó mientras pronunciaba unas palabras que no entendía nada.

Su pene crecía en mi boca, era monstruoso, se puso duro como una piedra y apuntaba su glande hacia arriba. Estaba tan dura que no podía ponerlo horizontal y tenía que inclinarme un poco para seguir comiéndola. Empecé a agarrarme mis ubres mientras la comía. Era una delicia sentirla en mi boca y empecé a excitarme y la coloqué entre mis pechos y empecé a agitarla haciendo que el glande se abriera justo para comerla al sacarlas de mis pechos. El jefe bufaba como un animal, dando golpes con su pene, intentando acompañar mi cubana con sus embestidas. Sabía que quería montarme como un animal así que paré y me quité la parte de abajo, desnuda, empecé a gatear por la orilla del río hasta que en la orilla se empezó a ver mi sexo. Él se puso de rodillas y empezó a lamerlo como un animal haciendo que su enorme lengua abarcara todo mi sexo haciéndome disfrutar mientras mis piernas temblaban de placer. Empecé a gotear a los pocos minutos y él se lo bebía como un instinto animal haciendo que me corriera por los muslos, haciendo que mi sexo se abriera como una flor. Luego cogió su enorme pene y sin avisar lo metió de golpe haciéndome gritar con la boca bien abierta. Se inclinó hacia mí y noté sus bufidos animales sobre mi oreja mientras su pene me taladraba sin cesar haciendo que mis fluidos cayeran a la orilla del rio como si de un afluente se tratara. Mis gritos se oían en toda la ribera mientras mis ubres se tambaleaban como badajos golpeando mi barbilla mientras él las intentaba detener con las manos estrujándolas con ansias. No tardé en correrme mientras él seguía empujando como una bestia africana poniéndome colorado el sexo y haciéndolo sonar como si me estuvieran golpeando con una fusta. No tardé en sentir sus alaridos mientras bombeaba su semen dentro de mí y sobresalía a borbotones mientras dejaba su pene dentro, encajado como si me quisiera dejar emarazada, a mis años. Al cabo de unos minutos sacó su pene y una bocanada de semen salió y corrió por mis muslos.

Me lavé en la orilla del río mientras el jefe se le iba poniendo el pene flácido con manchas blancas de su semen. También se lavó sus partes en el rio y se retiró por los juncos por donde había aparecido.

Los siguientes días fueron extraños en el reality, pues se notaba como el jefe coqueteaba más conmigo que antes. Y mi marido me miraba algo extrañado cómo me acariciaba los muslos o las nalgas en algunas ocasiones. Tras varios días de coqueteo estaba sola limpiando mi tienda cuando noto una presencia detrás de mí. Al jefe se le daba bien andar con sigilo y sobre todo vigilarme a todas horas. Otra vez estábamos solos en la aldea y se desnudó dejándome ver su escultural cuerpo y su enorme tronco. Yo me desnudé y me puse receptiva sobre una pequeña cama de paja. Abrió mis piernas y comenzó a comer mi sexo como un animal. Yo le empecé a guiar a que lo hiciera más despacio acariciando su cabeza y se fue calmando comiéndomelo de una manera que hacía agitarme como una serpiente sobre la tienda.

Empecé a gemir mientras me arqueaba orgásmicamente, su enorme lengua me penetraba, parecía un pene abriéndose paso por mis paredes y no tardé en tener un orgasmo mientras agarraba su cabeza contra mi sexo. Me acerqué a sus labios y empecé a besarle, él no sabía que estaba haciendo pero le gustó la sensación e intentó imitarme fundiéndonos en un beso largo y tórrido haciendo que nuestras lenguas jugaran sin parar. Luego pensaba que me pondría a perrita pero lo que hice fue tumbarle en el suelo para subirme encima de él. Me coloqué su pene en la entrada. Empujé lentamente haciendo que su enorme pene se abriera paso entre mis paredes hasta gritar un poco de dolor cuando llegó a mi tope. Me lo metí dentro metiendo un poco de cadera y seguí el movimiento inclinándome levemente para que pudiera comer mis pechos. Los acarició y le besé mientras su pene entraba y salía haciendo un leve chapoteo en mi sexo haciéndome gemir como nunca.

El ritmo se incrementó cuando agarró mi espalda y empezó a clavar tu cadera contra mi vagina haciendo sonar mi sexo como palmadas. Yo grité muchísimo mientras intentaba ponerme vertical pero sus manos me lo impedían. Bajó el ritmo y me puse vertical cabalgándole a mi ritmo mientras me agarraba la melena y ponía caras de placer estirando el cuerpo hacia atrás sujetándome en sus piernas. Me enrosqué como una serpiente en su cintura y cabalgamos con los cuerpos muy pegados hasta que llegué a un orgasmo tremendo. Nos besamos apasionadamente y me puso a perrita agarrando mis caderas y viendo mi culo en pompa. Se puso un poco en cuclillas y pegó su cuerpo contra mi espalda metiendo su pene dentro. Solté un grito y la noté entrar entera, su cadera empezó a moverse nerviosa haciendo sonar mi sexo de nuevo como si alguien diera palmadas.

Besaba mi cuello por detrás apartando mi melena y después de varias sacudidas se puso de rodillas y estiró mi pelo hacia atrás haciéndome mirar arriba de la tienda. La penetración se hizo intensa bufando los dos como animales enjaulados. Yo gemía bastante con sus embestidas y en ocasiones tenía que agarrar parte de la cama de paja para no escurrirme hacia delante. Estiró el pelo de nuevo y me giró el cuello para besarme con lengua mientras incrementaba el ritmo respirando acelerado y lanzando bufidos que notaba en mi nuca, dejandome algo de humedad en el cuello.

Después de varios minutos gritando como una loca miré hacia la puerta de la tienda y estaba el cámara grabándome y mi marido casi con el pene en las manos. Como si de una película porno se tratara me tumbé boca abajo cansada del esfuerzo y se puso a misionero notando su penetración intensamente mientras me grababan. Me agarró mis piernas y las subió a sus hombros mientras metía su pene lento pero fuerte haciéndolo sonar en embestidas pausadas. Yo gritaba al mismo tiempo que sus golpes de ariete me dejaban muerta de placer haciéndome gritar como una loca mientras arañaba la tela de la tienda sin parar hasta correrme como un río.

Mi marido se había sacado el pene y lo agitaba con fuerza mientras el cámara nos rodeaba y hacía primeros planos. La escena continuó varios minutos hasta que sonó el walky ***** del cámara. Se podía escuchar otro miembro del equipo bastante alterado. Se había producido un golpe de estado y los paramilitares habían tomado el poder....................
Muy morboso
 

Jugodevida

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España
 
 
 
Vamos a por mi primer relato por estos lugares...a ver que tal..espero que os guste


Mi marido y yo nos apuntamos a un reality algo original. Consistía en ir a una aldea de cualquier parte del mundo e intentar vivir una experiencia única en la misma. Todavía no sabíamos la zona que nos tocaría pero una llamada ese mismo día nos la noticia que teníamos billetes para ir a una aldea de la provincia de KwaZulu-Nata en Sudáfrica.

Llegamos al aeropuerto en la capital y una furgoneta del programa nos recogió para ir a otro aeropuerto menor y coger una avioneta. El trayecto se hizo bastante largo pero por fin llegamos a la provincia. Cogimos las pocas cosas que habíamos traído y de nuevo otro trayecto por caminos de tierra con abundante vegetación a ambos lados hasta que llegamos a nuestro destino. No era una aldea demasiado grande, era un clan de unas veinte personas y un jefe con su familia que vivía en una tienda situada en el centro. Nos cedieron una de las tiendas para poder vivir ahí mientras el equipo tenía montadas unas tiendas de campañas a las afueras de la aldea.

Nos colocaron unos micrófonos y empezaron a grabar el reality día a día, La vida era muy sencilla al mismo tiempo que dura. Nos levantábamos temprano cuando el sol hacía acto de presencia y nos acostábamos cuando el sol desaparecía. Era un poco machista, ya que las mujeres estaban para hacer las labores que los hombres no hacían, ya que estos se iban con el ganado y volvían tarde. El resto de cosas teníamos que hacerlas nosotras y me quejaba yo de limpiar casas. Eso sí que era duro y empezó a hacer mella en mi estado de ánimo y en mi cansancio. Aunque todo cambio un día que estábamos lavando ropa en el río.

Las mujeres que iban sin ropa, con las tetas colgando, me indicaron que me quitara la parte de arriba. Me daba mucho corte, no por el hecho de hacer topless, ya que en las playa lo hacía a menudo pero me iba a ver media España y aunque era un poco reticente al final me quité la parte de arriba y me puse los brazos para taparme un poco, supongo que editarían los videos a posteriori y pondrían algún tipo de filtro porque en ocasiones se me vieron claramente. Las mujeres señalaban los pechos y con las manos parecí entender que decían que las tenía muy grandes y empezaron a tocarlas como si nunca hubieran visto unos pechos. Mi marido que estaba al otro lado del río hablaba con el jefe mediante un intérprete y le decía que ofrecía cuarenta ovejas por mí. Supongo que la mujer estaba supeditada a hombre y se mercadeaba con el sexo femenino. No me hizo mucha gracia pero en el fondo era una forma de demostrar que le gustaba pero a su manera y con sus costumbres.

Se acercó y con sus manos abierta intento tocarlas aunque yo me giré riendo hacia la cámara. Con esa anécdota empezó un juego morboso a lo largo de las semanas entre yo y el jefe de la aldea, aunque era simple, se le veía las intenciones y sabía que le gustaba físicamente. Las mujeres grandes y voluptuosas estaban bien vistas por esos lugares y mujeres blancas así no es que hubiera muchas en cien km a la redonda.

Un día estaba limpiando la ropa en el río y noté como unas miradas furtivas desde unos juncos, me sentía observada y no era por las cámaras, ya que ese día estaban grabando fauna con mi marido y otros hombres de la aldea. Llevaba una camiseta de las mías, anchas y vieja algo sacudida por el barro y con el agua se me había mojado y se notaba la forma de mis pechos y el pezón afilado intentado atravesar la tela.

Me quité la camiseta y empecé a limpiar como lo hacían las mujeres de la aldea, el movimiento hacía que mis ubres se tambalearan una y otra vez. De repente el jefe de la tribu salió de entre los juncos, me fijé en cómo le colgaba el pene y se le salía del taparrabos. Parecía un tronco oscuro de un tamaño colosal con el glande rosado y parecía que aún estaba flácido por cómo se movía al andar. Se paró delante de mí y tuve tu enorme pene a escasos centímetros de mi rostro. En ese momento me dieron ganas de agarrarlo y hacerle una buena felación. Me relamí un poco, mordiendo mis labios de forma sensual. Tampoco sabía si alguna vez le habían hecho una felación, y el sexo en sus vidas era algo arcaico y primario.

El jefe empezó a hablar pero no tenía intérprete en esos momentos y no sabía lo que decía pero me miraba mucho mis ubres. Me quedé en silencio y sin mediar palabra las agarró con ambas manos y empezó a chuparlas como si fuera un lactante, supongo que al verlas tan grandes se pensaba que tenían leche dentro. Succionó y succionó haciendo que saliera un pequeño gemido de mi boca. El jefe retiró su boca y se encogió de hombros al ver que no salía nada dejándome los pezones perdidos y con un calentón considerable. Empecé a agarrar su pene por la base acariciándolo lentamente. Me miró con cara de sorpresa pero pareció no molestarle demasiado. Empecé a subir y bajar su glande notando en mis falanges como empezaba a hincharse las venas y el grosor aumentar. Acerqué mi boca al glande rosado y lo probé un instante. El jefe asustado, quizás se pensaba que me la quería comer literalmente, apartó mi rostro con el pene hinchado. Yo agarré sus enormes testículos y los acaricié para posteriormente colocármela de nuevo en mi boca y empezar a comerla lentamente. Al jefe pareció gustarle la sensación y se dejó mientras pronunciaba unas palabras que no entendía nada.

Su pene crecía en mi boca, era monstruoso, se puso duro como una piedra y apuntaba su glande hacia arriba. Estaba tan dura que no podía ponerlo horizontal y tenía que inclinarme un poco para seguir comiéndola. Empecé a agarrarme mis ubres mientras la comía. Era una delicia sentirla en mi boca y empecé a excitarme y la coloqué entre mis pechos y empecé a agitarla haciendo que el glande se abriera justo para comerla al sacarlas de mis pechos. El jefe bufaba como un animal, dando golpes con su pene, intentando acompañar mi cubana con sus embestidas. Sabía que quería montarme como un animal así que paré y me quité la parte de abajo, desnuda, empecé a gatear por la orilla del río hasta que en la orilla se empezó a ver mi sexo. Él se puso de rodillas y empezó a lamerlo como un animal haciendo que su enorme lengua abarcara todo mi sexo haciéndome disfrutar mientras mis piernas temblaban de placer. Empecé a gotear a los pocos minutos y él se lo bebía como un instinto animal haciendo que me corriera por los muslos, haciendo que mi sexo se abriera como una flor. Luego cogió su enorme pene y sin avisar lo metió de golpe haciéndome gritar con la boca bien abierta. Se inclinó hacia mí y noté sus bufidos animales sobre mi oreja mientras su pene me taladraba sin cesar haciendo que mis fluidos cayeran a la orilla del rio como si de un afluente se tratara. Mis gritos se oían en toda la ribera mientras mis ubres se tambaleaban como badajos golpeando mi barbilla mientras él las intentaba detener con las manos estrujándolas con ansias. No tardé en correrme mientras él seguía empujando como una bestia africana poniéndome colorado el sexo y haciéndolo sonar como si me estuvieran golpeando con una fusta. No tardé en sentir sus alaridos mientras bombeaba su semen dentro de mí y sobresalía a borbotones mientras dejaba su pene dentro, encajado como si me quisiera dejar emarazada, a mis años. Al cabo de unos minutos sacó su pene y una bocanada de semen salió y corrió por mis muslos.

Me lavé en la orilla del río mientras el jefe se le iba poniendo el pene flácido con manchas blancas de su semen. También se lavó sus partes en el rio y se retiró por los juncos por donde había aparecido.

Los siguientes días fueron extraños en el reality, pues se notaba como el jefe coqueteaba más conmigo que antes. Y mi marido me miraba algo extrañado cómo me acariciaba los muslos o las nalgas en algunas ocasiones. Tras varios días de coqueteo estaba sola limpiando mi tienda cuando noto una presencia detrás de mí. Al jefe se le daba bien andar con sigilo y sobre todo vigilarme a todas horas. Otra vez estábamos solos en la aldea y se desnudó dejándome ver su escultural cuerpo y su enorme tronco. Yo me desnudé y me puse receptiva sobre una pequeña cama de paja. Abrió mis piernas y comenzó a comer mi sexo como un animal. Yo le empecé a guiar a que lo hiciera más despacio acariciando su cabeza y se fue calmando comiéndomelo de una manera que hacía agitarme como una serpiente sobre la tienda.

Empecé a gemir mientras me arqueaba orgásmicamente, su enorme lengua me penetraba, parecía un pene abriéndose paso por mis paredes y no tardé en tener un orgasmo mientras agarraba su cabeza contra mi sexo. Me acerqué a sus labios y empecé a besarle, él no sabía que estaba haciendo pero le gustó la sensación e intentó imitarme fundiéndonos en un beso largo y tórrido haciendo que nuestras lenguas jugaran sin parar. Luego pensaba que me pondría a perrita pero lo que hice fue tumbarle en el suelo para subirme encima de él. Me coloqué su pene en la entrada. Empujé lentamente haciendo que su enorme pene se abriera paso entre mis paredes hasta gritar un poco de dolor cuando llegó a mi tope. Me lo metí dentro metiendo un poco de cadera y seguí el movimiento inclinándome levemente para que pudiera comer mis pechos. Los acarició y le besé mientras su pene entraba y salía haciendo un leve chapoteo en mi sexo haciéndome gemir como nunca.

El ritmo se incrementó cuando agarró mi espalda y empezó a clavar tu cadera contra mi vagina haciendo sonar mi sexo como palmadas. Yo grité muchísimo mientras intentaba ponerme vertical pero sus manos me lo impedían. Bajó el ritmo y me puse vertical cabalgándole a mi ritmo mientras me agarraba la melena y ponía caras de placer estirando el cuerpo hacia atrás sujetándome en sus piernas. Me enrosqué como una serpiente en su cintura y cabalgamos con los cuerpos muy pegados hasta que llegué a un orgasmo tremendo. Nos besamos apasionadamente y me puso a perrita agarrando mis caderas y viendo mi culo en pompa. Se puso un poco en cuclillas y pegó su cuerpo contra mi espalda metiendo su pene dentro. Solté un grito y la noté entrar entera, su cadera empezó a moverse nerviosa haciendo sonar mi sexo de nuevo como si alguien diera palmadas.

Besaba mi cuello por detrás apartando mi melena y después de varias sacudidas se puso de rodillas y estiró mi pelo hacia atrás haciéndome mirar arriba de la tienda. La penetración se hizo intensa bufando los dos como animales enjaulados. Yo gemía bastante con sus embestidas y en ocasiones tenía que agarrar parte de la cama de paja para no escurrirme hacia delante. Estiró el pelo de nuevo y me giró el cuello para besarme con lengua mientras incrementaba el ritmo respirando acelerado y lanzando bufidos que notaba en mi nuca, dejandome algo de humedad en el cuello.

Después de varios minutos gritando como una loca miré hacia la puerta de la tienda y estaba el cámara grabándome y mi marido casi con el pene en las manos. Como si de una película porno se tratara me tumbé boca abajo cansada del esfuerzo y se puso a misionero notando su penetración intensamente mientras me grababan. Me agarró mis piernas y las subió a sus hombros mientras metía su pene lento pero fuerte haciéndolo sonar en embestidas pausadas. Yo gritaba al mismo tiempo que sus golpes de ariete me dejaban muerta de placer haciéndome gritar como una loca mientras arañaba la tela de la tienda sin parar hasta correrme como un río.

Mi marido se había sacado el pene y lo agitaba con fuerza mientras el cámara nos rodeaba y hacía primeros planos. La escena continuó varios minutos hasta que sonó el walky ***** del cámara. Se podía escuchar otro miembro del equipo bastante alterado. Se había producido un golpe de estado y los paramilitares habían tomado el poder....................
¡¡Que relato tan estupendo!! Me he puesto palote, ¡¡Joder!! Ni en la isla de las tentaciones ahí tanto morbo, que a gusto te follo el jefe del campamento y tú a el, claro, me ha gustado mucho tu historia.
Por lo que dices, debía de tener la polla de un caballo, bendita raza africana, tocada de la mano de Dios en lo referente a su sexología. 😍
 
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