Estoy cierta que ya tiene tiempo que no posteo nada de nada pero aunque no lo crean, extraño escribir aunque sean banalidades, como la que hoy quiero platicar.
Como saben estoy casada, no pregunten si felizmente, medianamente o casada a secas, cada quien saque sus conclusiones.

Volviendo al punto, no escribí porque en el tema del trabajo no me fue nada bien; a finales del año pasado quedé desempleada y fue un lío, porque tuvimos que mudarnos al edificio donde viven mis suegros y entre la mudanza, buscar empleo, el niño, mi marido, día de muertos, fiestas de fin de año, cumpleaños y demás, me mantuve ocupada.
Ya que me disculpe, quiero platicarles algunas de las vivencias que me han sucedido, pero deténganse, no serán tan detalladas porque quiero mantener el anonimato literario, no quiero proporcionar muchos datos porque hoy día no se puede confiar en las redes sociales.
En algún momento les había comentado que mi esposo es partidario del dogging y el intercambio de parejas; a mis casi 30 años sentí que ya era momento de limitar esas prácticas, pero mi marido tiene una compulsión con esas prácticas sexuales.
Tuvimos que acudir con una terapeuta que en suma nos recomendó que decidiéramos en pareja qué esperábamos uno de la otra; la decisión? Acordamos disponer de ciertos días para tener esos “encuentros casuales” pero consensuados. El primero de esos días fue su cumpleaños.
Decidimos cumplir una fantasía que le tenía rondando la mente: ir juntos a un cuarto oscuro pero con dos condiciones: nadie que no fuera el podría terminar dentro de mí por la vía vaginal ni anal; permitiríamos que en la boca o cualquier otra parte del cuerpo, así como la penetración; segunda, que en el cuarto oscuro hubiera la menor visibilidad posible.
No revelare la dirección pero nos trasladamos a la CDMX para el encuentro, solo recuerden esto: Venustiano Carranza, ahí esta ese lugar. Qué use para esa “cita”? un babydoll sin entre pierna negro, creo que es un color adecuado para una ocasión así. No me perderé en el preámbulo de la admisión y demás, solo tienes que saber que pagas por entrar al lugar, que es bastante discreto en la entrada.
Antes de entrar al cuarto oscuro le pregunté si estaba seguro de lo que iba a pasar adentro, y me aseguró que estaba consciente de todo y que estaba arreglado que el cuarto no podía tener más que iluminación estándar pero para que no pudiera distinguir rostros ni ellos a mí, usaría un antifaz cerrado, claro que no vería nada de nada. Antes de entrar me dijo que serían cinco personas en el interior, 4 hombres y 1 mujer aparte de mí; ellos mayores de 40 años; ella 35; dos de ellos complexión normal, otro muy delgado, el último si pasado de peso. Las reglas serían sencillas: entraría con ropa al cuarto, ya adentro se encargarían de desvestirme.
No tengo el espacio para describir todas las sensaciones que en ese momento tuve, era un poco de nervios, excitación, ansiedad, no sé. Me deje conducir al interior y nada más me soltó de la mano empecé a sentir una calidez a mi espalda; nada de preámbulos, sus manos directo a mi cadera para comenzar a subir lentamente la parte baja de mi vestido.
Sólo me deje llevar, alguien guío mi mano hacia un costado y mis dedos se toparon con un abdomen prominente, pero hizo que bajara hasta encontrar un falo ya erecto. No miento si les digo que sentí un escalofrío, no era grueso ni enorme como de película porno, más bien normal y creo que eso es lo que me causo excitación.
En poco tiempo varias manos recorrieron mi cuerpo hasta dejar caer mi vestido, nadie hablaba en voz alta; mientras alguien acariciaba mi seno izquierdo me decía al oído “¿de que vienes disfrazada?” y no sé que me llevo a contestar “de putita”. Eso bastó para que posaran unos labios en mi pecho derecho y otros más en el izquierdo.
Dos bocas más aparecieron, una en mis nalgas hasta llegar al ojete y otra más en mis labios. Trataba de alcanzar sus penes con mis manos pero el movimiento de los cuerpos dificultaba los movimientos.
Me hicieron ponerme de rodillas y un pene rozó mis labios, así que lo introduje en mi boca; su sabor salado me hizo recordar otros tiempos, ahora no tenía prisa por terminar el encuentro. Pronto sentí golpecitos en mi cara, otro pene pugnaba por entrar en mi boca. Con ambas manos sostenía dos penes restantes y alternaba los otros dos que tenía delante de mí.
No paso mucho tiempo para que unas manos delgadas me hicieran acostarme en la alfombra del piso, mi espalda no tocaba directamente la alfombre, mi espalda descansaba sobre las piernas de alguien que delicadamente comenzó a sobar mis pechos y juguetear con mis pezones.
Separaron mis piernas y una boca se apodero de mi intimidad, debo reconocer que fue placentero sentir esa calidez de la lengua que entraba y salía con un ritmo lento al principio y después recorría mi vagina hasta donde podía, mordiendo ligeramente mi clítoris.
Tal vez la sensación que me sorprendió fue cuando el obeso se colocó para penetrarme; sentir su humanidad, su vientre abultado mientras entraba y salía de mí fue una sensación rara, pero placentera. No quiero parecer insensible pero no esperaba mucho de esa persona y sin embargo, me generó bastante placer.
Cómo terminó? No puedo dar una detallada reseña de todo, pero lo que si puedo decir a detalle es que mientras la otra mujer le comía el pene a mi marido, lo supe por él después, los demás fueron eyaculando en mi cara y en mis senos; claro que también participó al final mi esposo, estaba muy contento y excitado. Por cierto, el antifaz quedó un poco húmedo, de sudor y de semen.
Ojalá y no les haya aburrido, y si lo hice, pues que mal plan, no critiquen.
En otra ocasión les contaré alguna “pato aventura” más, claro, mientras mi suegra, el hogar, el trabajo y mis deberes como madre me lo permitan