Las Aventuras de mi Dulce Mujer - Capitulos 001 al 002

heranlu

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Hola, me llamo Pepe, soy uno de los pocos jóvenes que aun se dedican a la agricultura y ganadería en las tierras de Andalucía. Tengo mi propia explotación y con ello me gano la vida. Las tierras son de mi padre que todavía está en edad de trabajar, por lo que las llevamos a medias. Actualmente tengo 25 años y mi padre 50.

Voy a comenzar a relatar las aventuras de mi mujer durante algunas entregas. A veces lo contará ella directamente.

Me casé con veinte años con una niña de 17 años de mi pueblo preciosa llamada Ana. Era un ángel: una cara muy bella aniñada con ojos verdes y boquita de piñón que invita a comérsela. Es delgadita y muy elegante. Llama mucho la atención en el pueblo por su belleza y la ropa elegante que usa que contrasta mucho con su aspecto aniñado y su vocecita infantil.

En nuestros primeros contactos sexuales me llamó la atención la virtud que tiene para disfrutar de la jodienda. La putita tiene la capacidad de correrse cada cuatro o cinco minutos de forma que puede alcanzar antes de que yo me corra unos diez orgasmos. Siempre está gimiendo con su vocecita de niña lo que hace que a mí me enerve la polla.

Pero mi mujer tiene un defecto, que a mí ha acabado convirtiéndose en una virtud. No sabe decir No.

Es muy simpática y todos los tíos se le acercan mucho, ella no se da cuenta que es por el morbo de lolita que despierta.

Con el permiso de mi marido voy a escribir mis experiencias. Quizá lo voy a hacer porque tengo la impresión de que la mayoría de las personas creen que sólo se disfruta en la ciudad. Yo he nacido en un pueblo pequeño.

Me casé a los 17, mi suegro me regaló el traje de novia y mi madre me enseño cómo lo debía hacer, todas las posiciones y las prácticas bucales, además se cuidó de aleccionarme para dejarle hacer a mi esposo mientras yo me mantenía bien calladita.

- Has de tener muy en cuenta que vas a vivir en otra casa, donde estarás bajo las órdenes de tu marido, de tu suegro, de tu cuñado y de tu suegra.

De ésta manera, un mes antes de la boda, empecé a masajear la primera polla, a dejarme sobar, aunque fuese por mi novio, y a cumplir algunos de otros requisitos.

Después de la ceremonia nupcial, durante la comida que se celebro fui besada, magreada en el baile, y entre bromas, me fueron llevando a los rincones donde varios sujetos importantes me colocaron sus pollas en las manos. A Don Antonio, el más rico dl pueblo, se la tuve que menear, lo mismo hice con mi suegro hasta que se corrieron.

Por mis obligadas caricias pasaron también mi cuñado, un tío de éste y varios amigos. Unos eyacularon y otros se quedaron con las ganas por culpa del alcohol que habían consumido.

Yo me quedé más caliente y mojada por lo que únicamente deseaba verme estrenada. Al final del baile sortearon mi sostén y mis bragas, sin que a nadie le importasen que estuviesen empapadas. Al contrario, me hicieron pasar la vergüenza de que las olieran antes de apostar. Se las quedó Don Antonio, y el dinero obtenido fue para nuestro viaje de novios.

Nos fuimos a Barcelona donde nos alojamos en un hotel de las Ramblas. Y al fin me vi desvirgada, a la vez que recibía tres polvos que calmaron la fogosidad de mis 17 años.

Al día siguiente nos fuimos a ver a un compañero de mili de mi marido. Estaba casado y nos invitó a comer en su casa, luego en la sobremesa, estuvimos hablando de ciertas cosas, pero enseguida nos dedicamos a hablar de la jodienda. Pocos minutos más tárdela esposa del amigo, llamada Carmen se la estaba tocando y mamando a mi marido. Según ella esto daba suerte a la polla de un recién casado. Era obligatorio besarla, si no lo había hecho antes la novia.

Al ver a mi marido tan empalmado y fuera de sí, gracias al gusto que le estaban dando, yo me corrí solita. Y sin darme cuenta, encontré con que Toni, el amigo, me había desnudado y quitado las bragas. Me dedicó un tratamiento parecido, ya que me paso la lengua por el chocho. “Ay madre, qué gustazo”.

Al mismo tiempo, Carmen se sentó encima de mi marido para dale la teta. Estaba despatarrada, pero es que además se lo iba follando en aquella postura. Esto venció el último obstáculo que se oponía a que me entregase plenamente a Toni, el cual, primero montándome y luego quedándose debajo, la estuvo metiendo durante una larga hora en la que yo me corrí once veces.

Me corría como si mi chumino se hubiera convertido en una fuente. A la vez mi esposo permanecía mirando y Carmen me dedicaba unas palabras obscenas. Disfruté igual que una loca del sexo. Al terminar, ya sintiéndome falta de fuerza, me fui a abrazar a mi marido y le pregunté si había sido feliz y cuantas veces se vació.

Después descansamos y decidimos ir al cine. Toni le preguntó a Pepe si ya había estrenado mi culo. Al decir que no, los amigos nos dijeron que nos quedáramos a dormir en su casa pues quería presenciar el desvirgamiento de mi culo. Con algo de licor en el cuerpo tuve que bajarme las bragas y enseñarles el culo a los tres.

Toni me lo lamió amorosamente, cosa que le agradecí mucho. Al mismo tiempo, me iba agachando pues intentaba meterme la lengua en el ojete. Mi marido me fue desnudando, contando con la ayuda de Carmen. Seguidamente, me metió la polla en la boca. De momento la experiencia me desagradó un poco, pero animada por la amiga unida al gusto que me daba Toni al lengüetearme el culo, se la fui chupando y mamando hasta que los otros dos dijeron “ahora”, y mi esposo se desplazó a la zona trasera para metérmela.

Como no me entraba, me aplicaron una pomada y…”zas”. Fue colándose lentamente, de una forma arrasadora, hasta llegar al final. Me causó algo de dolor, pero casi no lo noté porque tenía muchas ganas de saborearlo. Y luego lo repitió a lo bestia, pues me había casado con un hombre con mucha potencia sexual y me daba unas embestidas que agitaban la mesa del comedor igual que si se hallara a merced de un terremoto.

Luego, contando con el permiso de su esposa y de mi marido, me la metió Toni, no empujaba tan fuerte, y yo movía el culo y me daba un placer inmenso; además, me masajeaba el chocho chorreante con una mano. También me folló durante una hora que tardó en correrse en la que yo alcancé diez orgasmos más.

Cuando volvimos del viaje de novios mi mujer cumplió los 18 años y seguía con su angelical cara de niña, su delgado cuerpo y su blanca piel, que tanto morbo producía en los hombres. En el pueblo volvimos al trabajo. Ella se ocupaba de las tareas de la casa.

En seguida los depredadores de mi padre de 50 años, y mi hermano soltero de 30 se encargaron de meterle mano en cuanto la pillaban sola en la casa. Y la “tonta” no era capaz de decirles “no”. Yo empecé a espiarlos y la veía follar con ellos, pero al contrario de enfadarme me ponía cachondo. Me convertí en un cornudo consentido.

Un día le pregunté a mi mujercita después de echarle un polvo:

PEPE: Ana, ¿es que no tienes bastante con lo que yo te doy, por qué haces cochinerías con mi padre y mi hermano?

ANA: lo siento cariño, claro que tengo bastante contigo pero me da mucha pena de tu padre y tu hermano de dejarlos con las ganas, y la verdad es que me ponen tan cachonda que no les puedo decir que no.

PEPE: vale mi amor, puedes seguir satisfaciéndolos. Pero que no salga nada de casa. Prefiero que lo hagas aquí a que te dejes que otros hombres de fuera te toquen.

ANA: Pepe, yo no te puedo traicionar. Desde que nos casamos solo lo he hecho con tu padre y tu hermano, claro está aparte de los que toqué en el banquete de bodas, pero eso ya lo sabes tú. …Bueno tengo que confesarte que lo he hecho con Don José, el cura.

PEPE: ¿Cómo, hasta los curas te meten mano pecadora?

ANA: Es que como voy tanto a la iglesia, me confieso todas las semanas contándole mis pecados con tu padre y tu hermano.

Mi mujer se echó a llorar, ella con lo beata que era se lía con el cura, increíble.

PEPE: Tranquila Ana, te perdono. Pero a cambio me tienes que contar lo que pasó:

ANA: Pues nada que un día le estaba detallando mis pecados con tu padre diciéndole el pito tan gordo que tiene y cómo me está ensanchando mis agujeros de delante y de detrás. También le conté como tu hermano se ha enviciado a chuparme mis pechitos y que he descubierto que tengo orgasmos con sólo chupármelos.

PEPE: ¿Qué, que te corres solamente chupándote las peras, cochina?

ANA: Si cariño, no puedo evitarlo!. El cura tampoco lo creía y para demostrarle que no estaba mintiendo me desabroché la camisa sacándome una de mis peras con esos bultos tan feos que tengo, y se la ofrecí para que me la chupara metiendo el pezón por la rejilla del confesionario.

PEPE: Serás putilla!. Perdona cariño, pero tus pezones no son feos , son preciosos con esa forma de peritas. Sigue, contando.

ANA: pues nada que me chupo en poco tiempo me corrí. Para demostrárselo me quité las bragas tan mojadas como las pongo de flujos y se las pasé. El padre José, me dijo que como penitencia se iba a quedar con ellas. Otro día me dijo:

  • “hija del diablo, me has enardecido, has metido en mi cuerpo el mal, mira, toca, toca”
Me cogió la mano y se la llevó a la sotana donde palpé un gordo y duro pito.

  • Perdone padre, yo no quería, si puedo ayudarle dígamelo.
Rápidamente el cura abrió la puerta del confesionario y me metió dentro, se subió la sotana dejando al aire su tieso pito.

  • Puedes ayudarme apagando este fuego del infierno con los flujos de tu raja, me dijo
  • Mejor por el culo padre que me puedo quedar preñada del diablo.
El cura me subió la falda y echándome a un lado las bragas me ensartó por el ojete con su gordo pito. Menos mal que ya me lo tenía abierto tu padre. Me agarró mis peras y en poco tiempo me llenó el culo de leche mientras me tapaba la boca para que no se oyeran mis gemidos. El pobre cura debía llevar mucho tiempo sin correrse porque después de salir me puse a oír la misa y al rato se me salieron regueros largos de semen que se deslizaban por mis piernas hasta llegar a los zapatos. Pasé mucha vergüenza porque seguro que las señoras del banco de detrás se dieron cuenta.

PEPE: pero que mujer más putita tengo. ¿Has hecho algo más con él?.

ANA: si, una cosa más. Hace poco me dijo que mis pecados eran tan grandes que sólo se podían redimir con una eucaristía especial. Que cuando acabara la misa fuese a la sacristía. Allí me dijo que debía comulgar su semen bendito para ser perdonada. Así que mientras se subía la sotana y me enseñaba su picha tiesa, yo me arrodillaba a lamérsela. Mientras lo hacía debía soportar que me metiera un cirio en el conejo y una vela en el ojete. De esa forma yo me corría y él me llenaba la boca de leche que no debía tragar, sino que después hincada de rodillas y rezando debía degustar y tragar poquito a poquito.

PEPE: ¡Valiente mujer más ingenua tengo!. Y seguro que así comulgas todas las semanas.

ANA: Si, cada vez que voy a misa, cuando acaba me meto con el cura en la sacristía y me da su néctar divino. A veces mientras rezo tragándomelo el diablo se apodera del padre y me la mete en mi culito.
 

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Las Aventuras de mi Dulce Mujer - Capitulo 002​



Mi mujercita de 18 años siguió manteniendo relaciones con mi hermano, mi padre y el cura. Todos estaban locos con lo sumisa que era haciendo todo lo que le pedían sin decir nunca que no aquella mujercita frágil con cara de niña y piel blanca.

Y claro, tuvo que pasar, mi mujer quedó preñada. No sabemos de quien pues cualquiera se la follaba incluso el cura. Yo como cornudo consentido me calentó la situación y supusimos que era mío.

En esas fechas mi mujer, impulsada por los pervertidos de mi padre y mi hermano, se hizo cada vez más exhibicionista. Empezó a cambiar de estilo de ropa, antes tan clásica, y ahora tan provocativa.

Vestía minifaldas muy cortas enseñando sus delgadas y blancas piernas que tanto enervaban a los vecinos. Shorts cortísimos dejando ver sus nalguitas apetitosas. Camisetas muy ceñidas sin sujetador a través de la que se adivinaban claramente sus tetas en forma de peras marcando bien sus abultadas areolas, tops para enseñar su barriguita, etc. Cuando vestía de domingo para ir a la iglesia se ponía vestidos sedosos que se pegaban a su cuerpo con escotes amplios por donde se le podían ver las tetitas. Y conforme iba creciéndole la panza, tan resaltada con su delgadez, aumentaba el morbazo de su exhibicionismo. ¡Valiente niña más sumisa y desvergonzada!

Y yo incomprensiblemente disfrutaba de todo ello. Empecé a espiarla, me convertí en un voyeur de mi mujercita. Veía cómo mi padre hacía uso de ella metiendo su gordo nabo en sus cada vez dilatados agujeros, podía ver cómo mi hermano la enseñó a tragarse su larga polla metiéndosela en la garganta hasta los huevos.

Voy a contar dos episodios que espié en el mismo lugar:

Cuando estaba de ocho meses, preñada hasta las trancas con una panza enorme, mi hermano mayor la llevó a la capital a un parque grande en el que había un rincón frondoso con muchos árboles y matorrales donde era normal que las parejitas fuesen allí a pelar la pava.

Allí estaba yo escondido entre los arbustos meneándomela mientras veía a mi mujercita sentada en un banco con mi hermano. Llevaba puesto un vestido ceñido corto que marcaba su cuerpecito destacando escandalosamente su barrigón. Allí estaban los dos morreandose y la falda del vestido se le subía cada vez más la falda enseñando sus bragas.

Por los alrededores podía observar a otras parejas e incluso prostitutas follando con tíos, por lo que no llamaba mucho la atención mi mujercita salvo por su avanzado estado de gestación.

ANA: Ay Carlos, cómo me he puesto de caliente! Este lugar me pone muy cachonda.

CARLOS: por eso te he traído aquí putita. Toma trágate mi cipote!

Mi mujer se agachó y con facilidad se fue metiendo poco a poco el largo cipote de mi hermano en su boquita voluptuosa y jugosa. Como otras veces no paró hasta que con la lengua le lamía los cojones.

ANA: Carlos, te tengo que confesar un secreto. He citado aquí también al cura del pueblo. Se lo confesé y me obligó a que le invitara. No te preocupes que puedo con los dos.

CARLOS: Pero serás puta. Con el cura en el parque y conmigo. No tienes enmienda cuñada!. Mira cómo me has puesto el cipote. Venga métetelo en el culo hasta las tripas.

Mi hermano, con sus brazos forzudos le arrancó el tanga a mi mujer y cogiéndola por el culo la alzó hacia arriba. Ana abrió sus piernas y él la dejó caer sobre su ojete, sin lubricar ni nada le entró fácilmente el largo nabo a la joven preñada hasta el fondo.

Enseguida ella empezó a subir y bajar empalándose en la estaca de mi hermano. Muchas parejitas lo observaban con detenimiento, pero ella disfrutaba exhibiéndose. Desde yo estaba veía cómo del coñito de mi mujer caían gotas gruesas de flujos al suelo. Mi hermano se puso a sobarle las peras hinchadas por encima del vestido.

ANA: Carlos, bájame el vestido que se me va a llenar, ya me sale lechita de las tetitas.

Mi hermano le bajó el vestido y al sobarle las peras comprobó cómo salían chorritos de leche de vaquita.

CARLOS: joder, cuanta leche tienes!

ANA; pues cuando me corra, veras cuñado.

En eso que llegó el cura del pueblo y los pilló en plena faena. Mi mujercita que tenía el vestido enrolladlo encima de la panza que exhibía sin pudor.

CURA; vaya Ana, te pillo ocupada.

ANA: no se preocupe padre que mi cuñado es muy solidario, y sobre todo con la iglesia. No hace falta que espere, ¿no me ve el conejo abierto pidiendo comerse su zanahoria?.

CURA: pero pecadora, te puedo hacer daño en la barriga!

ANA: no se preocupe padre que a mi futuro bebé le gusta el meneo, ha salido a su madre. Métame su pito por Dios!

Mi mujercita con las piernas elevadas con las manos de mi hermano e hincada por el culo en su polla recibió el nabo del sacerdote que le entró en su mojadísimo y calentito chocho. Mi hermano estiró una de sus flexible piernas llevándose un pié de Ana a la boca para chuparlo, y el cura la bombeaba con fuerza aplastando su barriga y morreandola.

Al poco la joven preñada empezó a gemir como una loca corriéndose y como advirtió sus pezones se convirtieron en dos fuentes de leche que no paraban de echar chorritos que pusieron chorreando el traje negro del cura. Hasta que no termino su largo orgasmo no dejó de expulsar leche sin tocarse las tetas.

A continuación los tíos le llenaron de semen el culo y el coño a mi preñada mujercita.

Pasó el tiempo y Ana tuvo un hermoso niño, sus tetitas estaban siempre a rebosar de leche la cual no solo le daba al niño sino también a sus amantes y a mí. Había que ver cómo ponía de leche el suelo del confesionario cada vez que se metía allí con el cura.

La otra experiencia que voy a contar sucedió cuando el niño tenía nueve meses y ella fue con mi padre al pediatra a la ciudad. Cuando terminaron a mi esposa se le antojó que mi padre la llevase de nuevo al parque en el que había estado con mi hermano.

Yo de nuevo los seguí y me escondí espiándolos. Iban con el bebé en un carrito. Mi mujer con una falda y una blusa. De nuevo había empezado a vestir clásico.

Se sentaron en un banco cuando el niño se quedó dormido. Mi padre enseguida le metió mano bajo la falda y empezó a darle lengua.

MI PADRE; que putita eres Ana. No llevas bragas y ya tienes el chocho mojado!

ANA; Si, es que este parque me trae muy buenos recuerdos

Mi mujer le sacó el gordo nabo de mi padre de la pernera meneándoselo. Después mi padre le abrió la camisa.

MI PADRE: sácate las tetas, dame leche vaquita.

ANA: menos mal que tengo mucha porque si no dejaríais a mi criatura sin comida.

Ana se sacó dos especies de esponjas que tenía dentro del sujetador para absorber la leche que le sale sola de sus peras hinchadas. Las estrujó echando mucha leche al suelo y le ofreció sus gordos chupetes al abuelo del niño.

Este se amorró a ellos como un bebé hambriento, lo que le daba tanto gusto a mi mujercita que hacía que se corriera como una fuente lanzando chorros de leche por todas partes.

Luego, cuando mi padre estaba harto de leche, se agachó y levantándole las bragas le comió el coño durante un rato. Pero en esos momentos se despertó el niño y se puso a llorar.

ANA: anda, se ha despertado. Es que le toca ya comer.

MI PADRE; pues a mí no me puedes dejar así que estoy a mil.

ANA; no te preocupes suegro, puedo hacer las dos cosas a la vez.

La zorrita de mi mujer cogió al bebé y se lo enchufó en una teta y simultáneamente, dándole la espalda a mi padre se hincó el tronco gordo en su ojete empezando a subir y bajar fallándoselo por el culo.

Mi padre la agarró con una mano el coño chorreante y con la otra la teta que quedaba libre. De esa forma la pervertida de mi mujer se corrió gritando de gusto, lanzando leche por las tetas y flujos por el chocho amamantando a nuestro bebé. Mi padre no la dejó tranquila hasta que dándole empellones le echó su leche en el culo.

Pasaron los años y mi mujercita siguió con sus vicios, últimamente incorporando tendencias cada vez más guarras.

Un día mi hermano la estaba dando por culo, se corrió dentro de ella y a continuación le entro ganas de mear. Ella se estaba corriendo como una cerda echando chorros de leche de sus tetas al suelo.

CARLOS: Ana, me estoy meando.

ANA: no, no me la saque por favor, que me estoy corriendo como una burra. Méate dentro, no me importa.

Mi hermano le echó una larga meada en sus intestinos y mi mujercita al sentir aquella lavativa llegó a un clímax tremendo echando flujos a chorros de su coño.

ANA: Aggggh, guarro, te meas dentro de mi cuerpecito. Qué gusto sentir tu pipí calentito!!

Otro día estaba metiéndole mano a mi padre. Este le dijo:

MATEO: déjame Ana que antes tengo que ir al baño a mear.

ANA: pues está ocupado, se está duchando su mujer.

MATEO: Pues no puedo aguantar niña!.

ANA: no importa suegro, méese en mi boca. Tengo ganas de sentirme una guarrila.

Mi padre caliente, como estaba, le hizo caso y le soltó un largo chorro de orina que la putilla se bebió como si fuera agua de un botijo.

MATEO: cada día eres más guarra hija, Te lo has tragado todo puerca.

ANA: Umh, si, y me ha gustado. Mira como se me ha puesto el chochito de mojado, me corre los flujos por las piernas abajo.

En definitiva que últimamente mi cerdita esposa está a disposición de todos nosotros para lamernos el culo cuando vamos a cagar utilizando su lengua como papel higiénico, y a veces cuando está cagando ella en el váter y entramos alguno a mear abre la boquita apetitosa para que lo hagamos dentro de ella.

Con veinte años se quedó preñada otra vez, creo que de mi padre y tuvo otro niño. Sus tetas volvieron a producir más leche convirtiéndose en una fuente de amamantamiento de todos sus hombres y sus dos hijos.

Actualmente tiene veintiún años y sigue igual de buena, con su carita de niña, su piel blanca y su vicio metido en el cuerpo a pesar de ser madre de dos niños, uno de un año y otro de tres.

Hace poco la puta me dijo que le gustaría que le organizara una Gang Bang, lo había visto en las películas porno y tenía muchas ganas que un montón de hombres la follaran a la vez por todas partes.

Yo tomé nota y como en el pueblo ya se sabía la condición de putita de mi mujercita y la de cornudo mía, me atreví a organizarle una.

Yo soy concejal del ayuntamiento, el cual está formado por once hombres y el alcalde, todos machos. Los hay de todos tipos jóvenes y viejos, casados y solteros, pero todos son unos corruptos pervertidos. En un pleno, en el turno de ruegos y preguntas yo propuse organizar un pleno con el único punto del día de follarnos todos a mi mujercita y fue aprobado por unanimidad.

Llegamos a las diez de la mañana. Mi mujer vestía un short vaquero y un top marcando las hinchadas tetas tiesas. Nos reunimos en la sala de plenos del ayuntamiento presidida por el alcalde, un señor de sesenta años con fama de mujeriego.

ALCALDE: niña, qué buena estás. Te ordeno que nos saques uno a uno las pollas y nos empalmes con esa boquita de mamona que tienes.

ANA: sí señor, como usted diga.

Mi mujer se hincó de rodillas en el suelo y fue chupándonos uno a uno nuestros ya morcillones pitos hasta empalmárnoslo. Se relamía las sustancias más guarras que algunos tenían en su prepucio disfrutando como una guarrita que es lo que es.

Cuando llegó al concejal de agricultura dijo:

ANA: pero bueno!. Marido, mira que pito más grande tiene este, es como la del burro que tiene tu padre.

Efectivamente mi compañero de partido tenía fama de ser bien dotado, pero nunca me hubiera imaginado que tuviese un cipote tan largo y gordo. Le llegaba colgando a las rodillas.

Después de ponernos a todos empalmados, mi mujercita se quitó el top enseñando las hinchadas tetas llenas de leche. Se fue sentando sobre las piernas de cada uno dándole de mamar mientras le sobaba despacio la polla.

ANA: tranquilos que tengo leche para todos!

Alguno le ordeñaba la otra teta echando chorros al aire.

Cuando acabó de amamantar a todo el pleno. Mi mujercita ya se había puesto cachonda.

ANA: vaya, mirad cómo se me ha puesto el pantalón.

Mi mujer tenía una gran mancha de flujos en el short, parecía que se había meado.

PEPE; no pasa nada cariño, quítatelo y enséñale a estos señores tu chochito.

Se lo quitó dejando ver su vulva delicada, blanca y sin pelos, como el de una niña.

Allí estaba en medio de todos exhibiendo su frágil cuerpo tan apetitoso a once machos empalmados. El más fortachón la cogió en volandas y la echó en la mesa de plenos bocarriba.

PEPE: señores aquí la tienen , que os aproveche!

Los concejales empezaron a meterle mano por todas partes sobando su cuerpecito. Le metían dedos en sus tres agujeros.

- Vaya tetas mas blanditas tiene

- Umh, el chocho está ardiendo y lleno de flujos.

- Por este ojete tan elástico ya han entrado muchas pollas.

- Uy que boquita, saca la leguita guapa.

Estos eran algunos de los comentarios que dijeron. El alcalde le metió tres dedos en su coño y brutalmente empezó a meterlos y sacarlos con un ritmo frenético. Mi mujer al sentir eso, se corrió como una burra echando chorros de leche por las tetas sin tocarlas..

ANA: jodeeeeeer, ayyyy que gustazo, qué me hace señor alcalde, me voy , me corrooooooo, aaaaa, uuuuuu..aaaaaaagh.

Los hombres se quedaron maravillados del orgasmo tan fuerte de mi mujer.

A partir de ahí todo y cada uno fuimos follandonos a Ana por el agujero que más nos gustaba. Encima de la mesa. Ella era raro que no alcanzara un orgasmo con cada concejal. Algunos le dieron por culo, otros por coño y otros por la boca maravillándose de cómo se las metia enteras. Se corrían en su boca y ella se lo tragaba todo, dentro de su culo o dentro de su coño, entonces ella solía recoger con sus dedos el semen para llevarlo a su boca.

El de la polla de burro se la metió a petición de ella en el culo, quedándose maravillado por poder alojar por primera vez su enorme cipote dentro de una mujer.

ANA; me tiene acostumbrada mi cuñado, ji, ji, ji.

Uno de los concejales era un oso, gordo y grandote. Fue muy fuerte ver cómo se echaba en el delgadito cuerpo de mi mujer y se la follaba echando los ciento veinte quilos encima de ella, la cual disfrutaba sin protestar, aunque respirando con dificultad. También obtuvo su orgasmo mientras el oso la aplastaba.

Así siguieron, Ana miró su reloj.

ANA: venga que tengo prisa, hacedlo de dos en dos.

El grandote forzudo la ensartó por el ojete y cogiéndole las piernas se la folló en volandas. Tenía el coño abierto, ofrecido. Cosa que aprovechó otro compañero para meterle su tranca dentro. Le hicieron un sándwich en el aire que la llevó a otra corrida.

Los tres últimos se la tiraron a la vez: ella echada sobre uno con la polla en el coño, otros atravesándole el culo y el tercero por la boca. Cuando terminaron mi mujer dijo:

ANA: Bueno, me habéis hecho muy feliz señores. Ahora me tengo que ir porque tengo que recoger los niños del colegio.

ALCALDE: eso ni hablar, ¿es que tú te crees que con un polvo tenemos bastante?. Anda, anda. Ahora mismo llamas a tu suegra y le dices que vaya a recogerlos ella, que tú estás haciendo un trabajo importante para el ayuntamiento.

Mi mujer dócilmente obedeció y llamó a mi madre. A mí se me ocurrió que nos calentara con una de sus últimas cochinas prácticas.

PEPE: Ana, nos vamos a poner todos con el culo en pompa y te vas a encargar de chupárnoslo uno a uno a los once para ponernos el pito tieso.

La guarrilla de mi esposa obedeció y sorprendió a los presentes regalándole con una limpieza de ojete hasta empalmarlos. A los más mayores mientras se lo chupaba les meneaba la polla con una mano.

ANA: maridito, este señor se debe limpiar mal cuando hace caca porque tiene todo lleno. Pero no se preocupe que yo con mucho gusto se lo dejo limpito.

Cuando acabó con todos dijo:

ANA: Me habéis calentado mucho oliendo vuestros culetes, qué cachonda me pone un culo sucio de un macho!. Ahora a seguir metiéndome pollas.

Esta vez no fue uno a uno, todos a la vez la follaban sin dejar ningún agujero vacio, ella explotaba de vez en cuando gritando como una niña y echando muchos flujos en la mesa.

PEPE: podéis entrar dentro de mi mujer en su culo y en el coño de dos en dos. Vamos a probarlo.

Mi mujer se echó sobre mí metiéndose mi nabo en el coño. Enseguida noté como otro compañero metia su cipote junto al mío en elástico coño de Ana. Este último se echó a un lado dejando espacio para que dos más se la endiñaran a la vez en el ano.

ANA: joder! Me vais a reventar. Nunca había tenido cuatro pollas follandome a la vez. Ahora, antes de que explote por favor señor alcalde métame su pito hasta el fondo de la garganta para hacer la gracia completa.

La rebosaron de leches de tíos por todos los agujeros mientras ella explotaba.

El alcalde y uno de los dos concejales que tenía en el culo se quedaron dentro de ella y a una indicación mía se mearon dentro de ella. Fue una sorpresa, al principio se atraganto, tosió, dijo “guarros mearos dentro de mí”.

Los otros siete concejales que aun no se habían corrido todavía la hicieron ponerse de rodillas en el suelo y meneándoselas ellos mismos le echaron cascadas de semen en el pelo, la cara, las tetas, el culo, etc.

La dejaron echa un asquito y corriéndose por última vez frotándose el clítoris ella misma en otro orgasmo que hizo que le salieran chorros de leche de las tetas.

Lo dimos por terminado dándonos un morreo a cada uno. Se fue a la ducha del ayuntamiento a quitarse el montón de semen que tenía en el coño, culo y piel.

Días después me dice mi mujer que se ha quedado preñada de nuevo y que según sus cálculos fue del día de la ganaban en el ayuntamiento. Así que vamos a tener un “hijo del pueblo”. Otro bastardo más para mi cornamenta.
 
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