-
Las Vivencias de Macarena - Capítulo 001
Jaime, Bruno, Raúl y Emilio eran cuatro cuarentones casados que tenían una conversación en una sala de un club mientras jugaban una partida al póker en la que la crupier era la sobrina de uno de ellos. En aquel momento le decía Jaime a Bruno:
-Un buen masaje es algo que tu mujer te agradecería.
-Te cundió tu viaje a Tailandia.
-No puedo decir que no.
-¿Qué tipo de masajes dais?
-De los que dan dinero, y no te digo más, de momento, porque mi sobrina Macarena está presente.
Macarena, la crupier, (solo trabajaba los fines de semana) era una veinteañera, morena, alta, maciza, de ojos oscuros, con media melena de cabello negro, con todo muy bien puesto, a la que todos los jugadores le tenían el ojo echado, por ser bella, pulcra, educada, y por tener un culo respingón de esos de película, a la que en aquel momento le molestaba más el humo de los habanos que se estaban fumando los cuatro que aquella conversación. Repartiendo cartas le dijo a su tío:
-Por mí no se corte, de hecho tengo curiosidad por saber que se cuece en su sala de masaje.
Jaime ya no se cortó.
-Damos masajes altamente eróticos.
-Hablas como si en vez de una sala de masajes fuera una casa de putas.
-Es una sala de masajes, pero procuramos excitar de tal modo a nuestros clientes que el cuerpo les pida cruzar la línea.
-¿Y eso por qué lo hacéis?
-Para que vuelvan.
-¿Y vuelven?
-Al ciento por ciento, y traen compañía.
-¿Van mujeres casadas?
-Empiezan a venir.
Emilio, que era corpulento alto, de ojos marrones, cabello negro, corto y rizado, que tenía un bigote de morsa, y que vestía un traje gris a rayas, le preguntó:
-¿Cuánto te tendría que pagar por aprenderme a dar un masaje de esos?
-No te entiendo.
-Si yo quisiera ver como lo haces y como logras que se corra la mujer a la que das ese masaje. ¿Cuánto te tendría que pagar?
-Eso no se puede hacer, Emilio, la confidencialidad de nuestros clientes es sagrada.
Bruno, el más delgado y más bajo de los cuatro amigos, que era moreno, tenía alguna que otra cana, llevaba barba y vestía un traje oscuro, dijo:
-Yo también pagaría con gusto por ver y aprender.
Raúl, un tipo del montón, de estatura mediana, moreno, con la cabeza rapada, que vestía un traje marrón y que también estaba dispuesto a pagar por aprender, le dijo:
-Le puedes dar la mitad a una de tus masajistas.
-No había caído en eso. Sí, podría hacer una sesión privada para vosotros, en caso de que alguna de ellas se anime.
Emilio volvió a la carga.
-Dile que le damos trescientos euros cada uno por mirar y aprender.
Macarena les dijo:
-Por ese dinero, si os sirvo yo...
La miraron los cuatro y sonrieron. Emilio le dijo:
-Claro que sirves para recibir el masaje.
Al saber que estaban interesados, Macarena se vino arriba.
-Claro que yo no repartiría contigo, tío.
-Por mí no hay problema, pero si se enterasen en tu trabajo...
Macarena puso cara de circunstancias.
-Hubo un ajuste de plantilla en la empresa y ya no trabajo allí.
-Y andas mal de dinero.
-De momento, no, pero si pasa el tiempo y no encuentro trabajo, me hará falta el dinero.
-Pues serás tú la que reciba el masaje para que estos aprendan a darlo.
-¿Cuándo lo hacemos?
-Cuando quieran ellos.
Emilio no quiso perder el tiempo.
-Al acabar tu turno, si quieres.
-Quiero.
Eran las once de la noche. La sala de masajes, como es obvio, estaba cerrada al público, pero esa noche, era especial. Macarena entró cubierta con una toalla en la sala, una sala en la que se oía música suave y se veía con la luz de doce velas aromáticas. Jaime, que se había desnudado y se había puesto una bata blanca, le dijo:
-Quítate la toalla y échate boca abajo en la mesa de masajes.
Macarena se echó boca abajo sobre la mesa. Todos clavaron sus ojos en el culo respingón. Emilio, de pie, al lado izquierdo de la mesa de masajes, y Bruno y Raúl, a la derecha, y también de pie, iban a prestar atención a lo que iba a hacer Jaime.
Jaime le separó las bellas piernas, se las separó bien separadas, echó aceite en las manos y las frotó, luego echó más aceite perfumado en su espada y le iba a hacer lo que les iría diciendo.
-Hay que extender con las palmas el aceite hacia arriba e ir masajeando desde las nalgas hasta los brazos.
Estuvo haciendo esto unos seis minutos.
-Ahora con las palmas y los dedos extendidos se deben hacer movimientos circulares, primero por un lado de la espalda y después por el otro, hacia arriba y hacia abajo.
Estuvo masajeando unos cinco minutos.
-Pasemos a los hombros y al cuello. Hay que hacer movimientos circulares desde el centro de la espalda hacia fuera, primero de un lado y después del otro. Estuvo masajeando otros cinco minutos.
-Ahora hay que echar más aceite en las manos y luego bajar desde la espalda hasta las nalgas moviendo los dedos como si estuviéramos tocando un arpa.
Estuvo así unos cuatro minutos.
-A continuación hay que masajear los pies y las piernas, los pies por todo el contorno y entre los dedos y las piernas en la parte interna y la externa y comenzar a rozar el coño y el ojete como si fuera por accidente.
Así estuvo unos seis minutos, pero luego ya no rozó el culo y el coño por accidente, al contario, con una mano masajeaba su coño rasurado y lo apretaba con dos dedos, y con otros dos dedos de la otra mano masajeaba su ojete. Macarena, con la cabeza de lado, comenzó a gemir en bajito.
Los tres mirones ya estaban empalmados y los gemidos aún se las pusieron más duras. La polla de Jaime echaba la bata hacia delante.
Metió la boca de la botella del aceite en su ojete, la apretó y le llenó el culo de aceite, luego le echó más aceite en el coño, y a continuación le metió el dedo pulgar de la mano derecha dentro de su culo respingón, el dedo pulgar de la mano derecha dentro de la vagina y le folló los dos agujeros. A medida que fue aumentando la velocidad de las clavadas de los dedos, los gemidos de Macarena fueron subiendo de intensidad, su culo respingón se fue levantando y al rato se corrió. Por los lados de los dedos comenzó a salir una corrida lechosa y densa, densa y blanca como la leche condensada. Jaime, al verla le sacó los dedos y le lamió el coño para que saborear aquella maravilla.
Al acabar de correrse, Jaime se sentó sobre sus piernas y les dijo a sus amigos:
-Si alguno aún no se la ha metido en el culo a su mujer, al hacerle el masaje, este sería el momento ideal.
Macarena estaba allí para hacer caja.
-Este no era el trato, tío, nada hablamos de una penetración anal.
-No, no lo hablamos. ¿Qué te parece si te doy yo cien euros más?
Macarena, que sabía que hombres y mujeres suspiraban por su culo respingón, se vino arriba.
-Me los tendríais que dar todos.
Jaime miró para los otros y estos asintieron con la cabeza.
-Te los daremos todos.
Jaime le separó las nalgas, le puso la polla en la entrada del ojete, empujó con suavidad y le metió el glande, la polla fue entrando lentamente hasta llegar a lo más profundo del culo de Macarena y después comenzó a follarla.
Los tres mirones estaban empalmados como caballos, y el que más y el que menos deseaba hacerse una paja, aunque se contenían. La mano derecha de Macarena apareció sobre su coño y tres dedos comenzaron a acariciar su clítoris. Se pusieron los tres del lado izquierdo, que era hacia donde tenía Macarena girada la cabeza. Mirando para su cara, sacaron las polla y empezaron a masturbarse. Emilio le dijo:
-Te doy cien euros más si me la chupas.
En aquel momento, con el calentón que tenía, pagaría ella por chupar una polla, así que no se cortó:
-Métemela en la boca.
Se la metió. Era una polla normal, aunque gordita. Macarena le cogió la polla y se la mamó mientras se tocaba y mientras Jaime le follaba el culo. En menos de un minuto, Emilio le llenó la boca de leche y Jaime se corrió en su culo.
Al acabar de correrse, Jaime le dijo a Macarena:
-Ponte boca arriba.
Se puso boca arriba. Sus tetas medianas con areolas rosadas tenían pezones gruesos que estaban duros y erectos. Le echó aceite sobre las tetas e iba a ir haciendo lo que le iría diciendo.
-Las tetas se masajean haciendo movimientos circulares desde el exterior a los pezones, se oprimen usando el pulgar y los dedos y siempre una teta a la vez.
Estuvo masajeando unos diez minutos. Luego le echó más aceite en el vientre, se lo masajeó y después bajó al coño.
-Si se quiere hacer que una mujer se corra luego de que se haya corrido un par de veces, el masaje debe ser muy suave.
Jaime le metió dos dedos de la mano derecha dentro del coño y le acarició el punto G, y con el dedo medio de la mano derecha le acarició el clítoris. Macarena comenzó a gozar desde el segundo uno, y al gozar gimió, y al gemir se abrió su boca. Raúl le dijo:
-Yo también te doy cien euros más si me la chupas.
-Ya sabes lo que tienes que hacer.
Se la metió en la boca y se corrió con diez mamadas justas, que fue el tiempo que tardó Macarena en volver a correrse.
Jaime le lamió la leche del coño y luego le volvió a meter los dos dedos de la mano derecha y le volvió a trabajar el punto G, que ya estaba abultado. Con la yema del dedo pulgar de la mano izquierda froto el clítoris. Pasado un tiempo Macarena, se volvió a correr y Jaime se volvió a hartar de leche.
Al acabar de correrse le metió tres dedos, y le volvió a hacer lo que le estaba haciendo. Bruno ya no pudo más.
-¿Cuánto quieres por follarte?
-Eso abriría la veda de mi coño.
-¿Cuánto?
Macarena fue a por todas.
-¿Cuánto estáis dispuestos a pagar por mi coño?
-Yo pagaré lo que me pidas.
-Para de masajear mi coño, tío.
Jaime dejó de masajearle el coño.
Bruno estaba impaciente por saber el precio.
-¿Cuánto quieres?
-Quiero mil euros por cabeza, incluido tú, tío.
A Jaime le pareció demasiado.
-Ni una puta de lujo cobra ese dinero, Macarena.
-La primera vez que lo hace puede que cobre aún más, tío.
Bruno no lo dudó.
-Yo los pago.
Por Raúl tampoco había problema.
-Yo también los pago.
Emilio tampoco tenía problema en pagar los mil euros.
-Y yo.
Jaime, le dijo:
-Está bien, que sean mil euros, pero vas a hacer todo lo que te mandemos.
-Si voy a ser vuestra puta, no me queda otra.
-Coge mi polla y llévala a tu coño.
Hizo lo que le había dicho. Jaime le echó las manos a la cintura, le apretó el vientre con los dedos pulgares, se la metió hasta el fondo del coño, y luego, sin dejar de apretar su vientre, la folló. Follándola le dijo a sus amigos:
-Repartiros sus tetas y su boca.
Raúl le metió la polla en la boca. Emilio le frotó la polla en el pezón y la areola de su teta derecha y Bruno hizo con la polla lo mismo que su amigo, solo que en la teta izquierda.
Con el morbo que sentía Macarena al ser follada por cuatro hombres y con el inmenso placer que sentía, se fue acercando al orgasmo... Cuando se corrieron, uno en la boca, dos en sus tetas y Jaime dentro de su vagina, su coño entró en erupción y soltó una corrida brutal, que la hizo sacudirse como si fuera una epiléptica.
Al acabar de correrse se desnudaron. A Jaime no le costó mucho trabajo , ya que solo llevaba la bata puesta. Todos tenían buenos cuerpos. Una vez desnudos le dijo Jaime:
-Bájate de ahí, límpiate con la tolla, arrímate a la pared y luego ábrete de piernas.
Bajó, se limpió la boca, las tetas y el coño y después arrimó la espalda a la pared y se abrió de piernas.
Bruno, sin importarle que Jaime se hubiera corrido dentro de su coño, se puso en cuclillas delante de ella y comenzó a lamerle el coño, Jaime fue a por su boca, donde se había corrido Raúl, y Raúl y Emilio le comieron las tetas. Macarena le echó a Bruno la mano izquierda a la cabeza, y a su tío la mano derecha a la nuca para poder comerle mejor la boca.
Como los de las tetas eran expertos comiendo tetas, el del coño era un especialista comiendo coños y su tío besaba de miedo, no tardó mucho en sentir que se iba a correr de nuevo.
-Despacito, comerme despacito que quiero tardar en correrme.
¿Despacito? ¡Y una mierda! Raúl y Emilio le devoraron las tetas y Bruno le devoró el coño. Se corrió segundos después de haber hablado.
-¡Me muero!
Al correrse se sacudió como si estuviera posesa. Le tiró de los pelos a Bruno, que se estaba tragando la leche de su corrida y le chupó a su tío la lengua con lujuria.
Luego de apartarse los cuatro de ella, su espalda fue bajando por la pared y acabó con el culo en el piso.
-Darme un respiro, darme un respiro que no me había corrido más de dos veces en un polvo antes de hoy.
La dejaro descansar.
Poco después, su tío se echó boca arriba delante de sus piernas y le dijo:
-Ahora me vas a follar y se las vas a menear y a mamar a ellos.
Macarena se sentó sobre la polla de su tío y la metió hasta las trancas. Emilio se puso a su izquierda y Bruno y Raúl se pusieron a su derecha. Empuñó las pollas de Bruno y de Raúl, y meneándolas y follando a su tío, se la mamó a Emilio, luego, mientras Jaime le magreaba las tetas, fue turnando las mamadas y los meneos en las tres pollas. Macarena, babeando, dijo:
-¡Joder, qué puta me siento!
Jaime le preguntó:
-¿Quieres recibir leche en la boca, en el coño y en el culo?
Macarena ya estaba desatada.
-En la boca, en el coño, en el culo y hasta en las orejas, si hace falta.
La quería y se la iban a dar. Jaime tiró de ella. Se la clavó en el coño y le comió la boca. Bruno se arrodilló entre las piernas de Jaime y le comió el culo respingón. El ojete se abrió y se cerró cada vez que la punta de la lengua salía de él hasta que se abrió por última vez, ya que la polla no le permitió que se volviera a abrir al entrar dentro de su culo. Con las pollas dentro de su coño y de su culo se enderezó, levantó la cabeza y dijo:
-¡Me vais a matar de gusto!
Emilio le metió la polla en la boca para que se callara. Macarena se agarró a su polla y a la de Raúl, pollas que fue sacudiendo y mamando por turnos, las mamó una a una y las dos juntas. Jaime le follaba el coño con suaves clavadas. Bruno le daba caña en el culo, al tiempo que le daba cachetes en las nalgas. Al rato ya estaba más que perra.
-¡Darme a romper los dos que me voy a correr!
Le dieron leña, pero leña de la buena y Macarena, con la polla de Emilio en la boca, comenzó a temblar. Quiso decir que se corría, pero la leche que derramó Emilio en su boca, le impidió hablar. Corriéndose y tragando leche, sintió como le llenaban el coño y el culo de leche y como de su oído derecho salía leche que luego bajaba por su cara.
Al sacarle las pollas del coño y del culo, Macarena, chorreando leche, quiso irse, pero Raúl y Emilio habían pagado por follarla. Le dijo Raúl:
-¿A donde crees que vas, bonita?
-Es que...
-Es que yo quiero follar ese culito respigón.
-Dejar por lo menos que me limpie.
Raúl le dio unos calzoncillos y se limpió, luego Emilio le echó las manos al culo, la levantó en alto en peso. y le metió la polla en el coño. Macarena le rodeó el cuello con sus brazos, al tiempo que Raúl le clavaba la polla en el culo.
-Despacio, despacio y sincronizados, que yo también me quiero correr.
Raúl le preguntó:
-¿Pero no decía que estabas cansada?
-Si, pero una vez comenzada la fiesta yo también quiero bailar.
Con clavadas sincronizadas le dieron lo suyo y lo de sus amigas. Tanto le dieron antes de que le llenaran el culo y el coño de leche, le dijo:
-¡Romperme el culo y el coño!
Le dieron a mazo y no le rompieron ni el coño ni el culo, pero se los regaron con sus corridas mientras Macarena le regó la polla a Emilio con la suya, al tiempo que decía:
-¡Me corro, me corro, me corro!
Al ponerla en pie, las piernas de Macarena, mojadas con la leche de las corridas, comenzaron a bailar el twist y si no la sujetan entre Jaime y Emilio da con sus huesos en el piso.
Al recuperar las fuerzas se fue a vestir y después se marchó con cuatro cheques de mil euros.
Jaime, ya trajeado, le dijo a sus amigos:
-Ya la habéis hecho vuestra como queríais, pero me salió caro.
Emilio estaba satisfecho de haberla poseído.
-Bueno, pero te valió la pena. ¿No?
-Lo cierto es que sí.
Al salir de la sala de masajes se fue cada uno para su casa. Iba Jaime conduciendo cuando le sonó el teléfono móvil.
-Dime, Macarena.
-¿Qué tal lo he hecho?
-De película. Cuando cobres los cheques mándame un bizum con mis mil quinientos euros y no te olvides de romper mi cheque.
-Ya está roto.
-Esa es mi sobrina. Te voy a manda los videos que te había dicho, ya sabes, uno en el que una de mis ayudantes me da un masaje a un joven de piel oscura y otro en el que una le da un masaje a la otra. Míralos, practica y cuando estés preparada, el trabajo será tuyo. Chao Macarena.
-Chao, tío.
-
Las Vivencias de Macarena - Capítulo 001
Jaime, Bruno, Raúl y Emilio eran cuatro cuarentones casados que tenían una conversación en una sala de un club mientras jugaban una partida al póker en la que la crupier era la sobrina de uno de ellos. En aquel momento le decía Jaime a Bruno:
-Un buen masaje es algo que tu mujer te agradecería.
-Te cundió tu viaje a Tailandia.
-No puedo decir que no.
-¿Qué tipo de masajes dais?
-De los que dan dinero, y no te digo más, de momento, porque mi sobrina Macarena está presente.
Macarena, la crupier, (solo trabajaba los fines de semana) era una veinteañera, morena, alta, maciza, de ojos oscuros, con media melena de cabello negro, con todo muy bien puesto, a la que todos los jugadores le tenían el ojo echado, por ser bella, pulcra, educada, y por tener un culo respingón de esos de película, a la que en aquel momento le molestaba más el humo de los habanos que se estaban fumando los cuatro que aquella conversación. Repartiendo cartas le dijo a su tío:
-Por mí no se corte, de hecho tengo curiosidad por saber que se cuece en su sala de masaje.
Jaime ya no se cortó.
-Damos masajes altamente eróticos.
-Hablas como si en vez de una sala de masajes fuera una casa de putas.
-Es una sala de masajes, pero procuramos excitar de tal modo a nuestros clientes que el cuerpo les pida cruzar la línea.
-¿Y eso por qué lo hacéis?
-Para que vuelvan.
-¿Y vuelven?
-Al ciento por ciento, y traen compañía.
-¿Van mujeres casadas?
-Empiezan a venir.
Emilio, que era corpulento alto, de ojos marrones, cabello negro, corto y rizado, que tenía un bigote de morsa, y que vestía un traje gris a rayas, le preguntó:
-¿Cuánto te tendría que pagar por aprenderme a dar un masaje de esos?
-No te entiendo.
-Si yo quisiera ver como lo haces y como logras que se corra la mujer a la que das ese masaje. ¿Cuánto te tendría que pagar?
-Eso no se puede hacer, Emilio, la confidencialidad de nuestros clientes es sagrada.
Bruno, el más delgado y más bajo de los cuatro amigos, que era moreno, tenía alguna que otra cana, llevaba barba y vestía un traje oscuro, dijo:
-Yo también pagaría con gusto por ver y aprender.
Raúl, un tipo del montón, de estatura mediana, moreno, con la cabeza rapada, que vestía un traje marrón y que también estaba dispuesto a pagar por aprender, le dijo:
-Le puedes dar la mitad a una de tus masajistas.
-No había caído en eso. Sí, podría hacer una sesión privada para vosotros, en caso de que alguna de ellas se anime.
Emilio volvió a la carga.
-Dile que le damos trescientos euros cada uno por mirar y aprender.
Macarena les dijo:
-Por ese dinero, si os sirvo yo...
La miraron los cuatro y sonrieron. Emilio le dijo:
-Claro que sirves para recibir el masaje.
Al saber que estaban interesados, Macarena se vino arriba.
-Claro que yo no repartiría contigo, tío.
-Por mí no hay problema, pero si se enterasen en tu trabajo...
Macarena puso cara de circunstancias.
-Hubo un ajuste de plantilla en la empresa y ya no trabajo allí.
-Y andas mal de dinero.
-De momento, no, pero si pasa el tiempo y no encuentro trabajo, me hará falta el dinero.
-Pues serás tú la que reciba el masaje para que estos aprendan a darlo.
-¿Cuándo lo hacemos?
-Cuando quieran ellos.
Emilio no quiso perder el tiempo.
-Al acabar tu turno, si quieres.
-Quiero.
Eran las once de la noche. La sala de masajes, como es obvio, estaba cerrada al público, pero esa noche, era especial. Macarena entró cubierta con una toalla en la sala, una sala en la que se oía música suave y se veía con la luz de doce velas aromáticas. Jaime, que se había desnudado y se había puesto una bata blanca, le dijo:
-Quítate la toalla y échate boca abajo en la mesa de masajes.
Macarena se echó boca abajo sobre la mesa. Todos clavaron sus ojos en el culo respingón. Emilio, de pie, al lado izquierdo de la mesa de masajes, y Bruno y Raúl, a la derecha, y también de pie, iban a prestar atención a lo que iba a hacer Jaime.
Jaime le separó las bellas piernas, se las separó bien separadas, echó aceite en las manos y las frotó, luego echó más aceite perfumado en su espada y le iba a hacer lo que les iría diciendo.
-Hay que extender con las palmas el aceite hacia arriba e ir masajeando desde las nalgas hasta los brazos.
Estuvo haciendo esto unos seis minutos.
-Ahora con las palmas y los dedos extendidos se deben hacer movimientos circulares, primero por un lado de la espalda y después por el otro, hacia arriba y hacia abajo.
Estuvo masajeando unos cinco minutos.
-Pasemos a los hombros y al cuello. Hay que hacer movimientos circulares desde el centro de la espalda hacia fuera, primero de un lado y después del otro. Estuvo masajeando otros cinco minutos.
-Ahora hay que echar más aceite en las manos y luego bajar desde la espalda hasta las nalgas moviendo los dedos como si estuviéramos tocando un arpa.
Estuvo así unos cuatro minutos.
-A continuación hay que masajear los pies y las piernas, los pies por todo el contorno y entre los dedos y las piernas en la parte interna y la externa y comenzar a rozar el coño y el ojete como si fuera por accidente.
Así estuvo unos seis minutos, pero luego ya no rozó el culo y el coño por accidente, al contario, con una mano masajeaba su coño rasurado y lo apretaba con dos dedos, y con otros dos dedos de la otra mano masajeaba su ojete. Macarena, con la cabeza de lado, comenzó a gemir en bajito.
Los tres mirones ya estaban empalmados y los gemidos aún se las pusieron más duras. La polla de Jaime echaba la bata hacia delante.
Metió la boca de la botella del aceite en su ojete, la apretó y le llenó el culo de aceite, luego le echó más aceite en el coño, y a continuación le metió el dedo pulgar de la mano derecha dentro de su culo respingón, el dedo pulgar de la mano derecha dentro de la vagina y le folló los dos agujeros. A medida que fue aumentando la velocidad de las clavadas de los dedos, los gemidos de Macarena fueron subiendo de intensidad, su culo respingón se fue levantando y al rato se corrió. Por los lados de los dedos comenzó a salir una corrida lechosa y densa, densa y blanca como la leche condensada. Jaime, al verla le sacó los dedos y le lamió el coño para que saborear aquella maravilla.
Al acabar de correrse, Jaime se sentó sobre sus piernas y les dijo a sus amigos:
-Si alguno aún no se la ha metido en el culo a su mujer, al hacerle el masaje, este sería el momento ideal.
Macarena estaba allí para hacer caja.
-Este no era el trato, tío, nada hablamos de una penetración anal.
-No, no lo hablamos. ¿Qué te parece si te doy yo cien euros más?
Macarena, que sabía que hombres y mujeres suspiraban por su culo respingón, se vino arriba.
-Me los tendríais que dar todos.
Jaime miró para los otros y estos asintieron con la cabeza.
-Te los daremos todos.
Jaime le separó las nalgas, le puso la polla en la entrada del ojete, empujó con suavidad y le metió el glande, la polla fue entrando lentamente hasta llegar a lo más profundo del culo de Macarena y después comenzó a follarla.
Los tres mirones estaban empalmados como caballos, y el que más y el que menos deseaba hacerse una paja, aunque se contenían. La mano derecha de Macarena apareció sobre su coño y tres dedos comenzaron a acariciar su clítoris. Se pusieron los tres del lado izquierdo, que era hacia donde tenía Macarena girada la cabeza. Mirando para su cara, sacaron las polla y empezaron a masturbarse. Emilio le dijo:
-Te doy cien euros más si me la chupas.
En aquel momento, con el calentón que tenía, pagaría ella por chupar una polla, así que no se cortó:
-Métemela en la boca.
Se la metió. Era una polla normal, aunque gordita. Macarena le cogió la polla y se la mamó mientras se tocaba y mientras Jaime le follaba el culo. En menos de un minuto, Emilio le llenó la boca de leche y Jaime se corrió en su culo.
Al acabar de correrse, Jaime le dijo a Macarena:
-Ponte boca arriba.
Se puso boca arriba. Sus tetas medianas con areolas rosadas tenían pezones gruesos que estaban duros y erectos. Le echó aceite sobre las tetas e iba a ir haciendo lo que le iría diciendo.
-Las tetas se masajean haciendo movimientos circulares desde el exterior a los pezones, se oprimen usando el pulgar y los dedos y siempre una teta a la vez.
Estuvo masajeando unos diez minutos. Luego le echó más aceite en el vientre, se lo masajeó y después bajó al coño.
-Si se quiere hacer que una mujer se corra luego de que se haya corrido un par de veces, el masaje debe ser muy suave.
Jaime le metió dos dedos de la mano derecha dentro del coño y le acarició el punto G, y con el dedo medio de la mano derecha le acarició el clítoris. Macarena comenzó a gozar desde el segundo uno, y al gozar gimió, y al gemir se abrió su boca. Raúl le dijo:
-Yo también te doy cien euros más si me la chupas.
-Ya sabes lo que tienes que hacer.
Se la metió en la boca y se corrió con diez mamadas justas, que fue el tiempo que tardó Macarena en volver a correrse.
Jaime le lamió la leche del coño y luego le volvió a meter los dos dedos de la mano derecha y le volvió a trabajar el punto G, que ya estaba abultado. Con la yema del dedo pulgar de la mano izquierda froto el clítoris. Pasado un tiempo Macarena, se volvió a correr y Jaime se volvió a hartar de leche.
Al acabar de correrse le metió tres dedos, y le volvió a hacer lo que le estaba haciendo. Bruno ya no pudo más.
-¿Cuánto quieres por follarte?
-Eso abriría la veda de mi coño.
-¿Cuánto?
Macarena fue a por todas.
-¿Cuánto estáis dispuestos a pagar por mi coño?
-Yo pagaré lo que me pidas.
-Para de masajear mi coño, tío.
Jaime dejó de masajearle el coño.
Bruno estaba impaciente por saber el precio.
-¿Cuánto quieres?
-Quiero mil euros por cabeza, incluido tú, tío.
A Jaime le pareció demasiado.
-Ni una puta de lujo cobra ese dinero, Macarena.
-La primera vez que lo hace puede que cobre aún más, tío.
Bruno no lo dudó.
-Yo los pago.
Por Raúl tampoco había problema.
-Yo también los pago.
Emilio tampoco tenía problema en pagar los mil euros.
-Y yo.
Jaime, le dijo:
-Está bien, que sean mil euros, pero vas a hacer todo lo que te mandemos.
-Si voy a ser vuestra puta, no me queda otra.
-Coge mi polla y llévala a tu coño.
Hizo lo que le había dicho. Jaime le echó las manos a la cintura, le apretó el vientre con los dedos pulgares, se la metió hasta el fondo del coño, y luego, sin dejar de apretar su vientre, la folló. Follándola le dijo a sus amigos:
-Repartiros sus tetas y su boca.
Raúl le metió la polla en la boca. Emilio le frotó la polla en el pezón y la areola de su teta derecha y Bruno hizo con la polla lo mismo que su amigo, solo que en la teta izquierda.
Con el morbo que sentía Macarena al ser follada por cuatro hombres y con el inmenso placer que sentía, se fue acercando al orgasmo... Cuando se corrieron, uno en la boca, dos en sus tetas y Jaime dentro de su vagina, su coño entró en erupción y soltó una corrida brutal, que la hizo sacudirse como si fuera una epiléptica.
Al acabar de correrse se desnudaron. A Jaime no le costó mucho trabajo , ya que solo llevaba la bata puesta. Todos tenían buenos cuerpos. Una vez desnudos le dijo Jaime:
-Bájate de ahí, límpiate con la tolla, arrímate a la pared y luego ábrete de piernas.
Bajó, se limpió la boca, las tetas y el coño y después arrimó la espalda a la pared y se abrió de piernas.
Bruno, sin importarle que Jaime se hubiera corrido dentro de su coño, se puso en cuclillas delante de ella y comenzó a lamerle el coño, Jaime fue a por su boca, donde se había corrido Raúl, y Raúl y Emilio le comieron las tetas. Macarena le echó a Bruno la mano izquierda a la cabeza, y a su tío la mano derecha a la nuca para poder comerle mejor la boca.
Como los de las tetas eran expertos comiendo tetas, el del coño era un especialista comiendo coños y su tío besaba de miedo, no tardó mucho en sentir que se iba a correr de nuevo.
-Despacito, comerme despacito que quiero tardar en correrme.
¿Despacito? ¡Y una mierda! Raúl y Emilio le devoraron las tetas y Bruno le devoró el coño. Se corrió segundos después de haber hablado.
-¡Me muero!
Al correrse se sacudió como si estuviera posesa. Le tiró de los pelos a Bruno, que se estaba tragando la leche de su corrida y le chupó a su tío la lengua con lujuria.
Luego de apartarse los cuatro de ella, su espalda fue bajando por la pared y acabó con el culo en el piso.
-Darme un respiro, darme un respiro que no me había corrido más de dos veces en un polvo antes de hoy.
La dejaro descansar.
Poco después, su tío se echó boca arriba delante de sus piernas y le dijo:
-Ahora me vas a follar y se las vas a menear y a mamar a ellos.
Macarena se sentó sobre la polla de su tío y la metió hasta las trancas. Emilio se puso a su izquierda y Bruno y Raúl se pusieron a su derecha. Empuñó las pollas de Bruno y de Raúl, y meneándolas y follando a su tío, se la mamó a Emilio, luego, mientras Jaime le magreaba las tetas, fue turnando las mamadas y los meneos en las tres pollas. Macarena, babeando, dijo:
-¡Joder, qué puta me siento!
Jaime le preguntó:
-¿Quieres recibir leche en la boca, en el coño y en el culo?
Macarena ya estaba desatada.
-En la boca, en el coño, en el culo y hasta en las orejas, si hace falta.
La quería y se la iban a dar. Jaime tiró de ella. Se la clavó en el coño y le comió la boca. Bruno se arrodilló entre las piernas de Jaime y le comió el culo respingón. El ojete se abrió y se cerró cada vez que la punta de la lengua salía de él hasta que se abrió por última vez, ya que la polla no le permitió que se volviera a abrir al entrar dentro de su culo. Con las pollas dentro de su coño y de su culo se enderezó, levantó la cabeza y dijo:
-¡Me vais a matar de gusto!
Emilio le metió la polla en la boca para que se callara. Macarena se agarró a su polla y a la de Raúl, pollas que fue sacudiendo y mamando por turnos, las mamó una a una y las dos juntas. Jaime le follaba el coño con suaves clavadas. Bruno le daba caña en el culo, al tiempo que le daba cachetes en las nalgas. Al rato ya estaba más que perra.
-¡Darme a romper los dos que me voy a correr!
Le dieron leña, pero leña de la buena y Macarena, con la polla de Emilio en la boca, comenzó a temblar. Quiso decir que se corría, pero la leche que derramó Emilio en su boca, le impidió hablar. Corriéndose y tragando leche, sintió como le llenaban el coño y el culo de leche y como de su oído derecho salía leche que luego bajaba por su cara.
Al sacarle las pollas del coño y del culo, Macarena, chorreando leche, quiso irse, pero Raúl y Emilio habían pagado por follarla. Le dijo Raúl:
-¿A donde crees que vas, bonita?
-Es que...
-Es que yo quiero follar ese culito respigón.
-Dejar por lo menos que me limpie.
Raúl le dio unos calzoncillos y se limpió, luego Emilio le echó las manos al culo, la levantó en alto en peso. y le metió la polla en el coño. Macarena le rodeó el cuello con sus brazos, al tiempo que Raúl le clavaba la polla en el culo.
-Despacio, despacio y sincronizados, que yo también me quiero correr.
Raúl le preguntó:
-¿Pero no decía que estabas cansada?
-Si, pero una vez comenzada la fiesta yo también quiero bailar.
Con clavadas sincronizadas le dieron lo suyo y lo de sus amigas. Tanto le dieron antes de que le llenaran el culo y el coño de leche, le dijo:
-¡Romperme el culo y el coño!
Le dieron a mazo y no le rompieron ni el coño ni el culo, pero se los regaron con sus corridas mientras Macarena le regó la polla a Emilio con la suya, al tiempo que decía:
-¡Me corro, me corro, me corro!
Al ponerla en pie, las piernas de Macarena, mojadas con la leche de las corridas, comenzaron a bailar el twist y si no la sujetan entre Jaime y Emilio da con sus huesos en el piso.
Al recuperar las fuerzas se fue a vestir y después se marchó con cuatro cheques de mil euros.
Jaime, ya trajeado, le dijo a sus amigos:
-Ya la habéis hecho vuestra como queríais, pero me salió caro.
Emilio estaba satisfecho de haberla poseído.
-Bueno, pero te valió la pena. ¿No?
-Lo cierto es que sí.
Al salir de la sala de masajes se fue cada uno para su casa. Iba Jaime conduciendo cuando le sonó el teléfono móvil.
-Dime, Macarena.
-¿Qué tal lo he hecho?
-De película. Cuando cobres los cheques mándame un bizum con mis mil quinientos euros y no te olvides de romper mi cheque.
-Ya está roto.
-Esa es mi sobrina. Te voy a manda los videos que te había dicho, ya sabes, uno en el que una de mis ayudantes me da un masaje a un joven de piel oscura y otro en el que una le da un masaje a la otra. Míralos, practica y cuando estés preparada, el trabajo será tuyo. Chao Macarena.
-Chao, tío.
-